Lactancia materna: el pecho (casi) siempre funciona

Por El Quinze
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Pocas mujeres dudan de que sus órganos funcionarán el tiempo que haga falta. Y, sin embargo, muchas embarazadas explican que darán el pecho a sus hijos si pueden, si tienen leche suficiente o si su leche es de buena calidad. Esa desconfianza en su capacidad de amamantar está sin duda impregnada de las lactancias fracasadas de su entorno, que posiblemente no encontraron el apoyo necesario para salir adelante.
Recientemente se ha celebrado la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y su lema, Empoderémonos: ¡Hagamos posible la lactancia!, es un empujón para todas las futuras madres que aún dudan de que sus tetas funcionarán. Porque, aunque es cierto que no todas las mujeres pueden dar el pecho en exclusiva, las causas de una baja producción de leche son muy escasas y la gran mayoría de madres no tienen impedimentos físicos para amamantar. En un momento en el que escasean los referentes cercanos que han dado el pecho a demanda en los que apoyarse, el empoderamiento sobre el propio cuerpo es uno de los primeros ejercicios que hay que hacer para afrontar con éxito la lactancia. Pero no el único.
Y es que poner el foco en el empoderamiento de la mujer no debe hacer perder de vista que las madres no siempre somos las únicas responsables de que la lactancia tenga éxito. Hay muchos factores que pueden influir en que todo fluya desde el inicio, pero también hay situaciones que pueden poner palos en las ruedas: clases de preparto con información errónea, un parto excesivamente intervenido, la separación de madre y bebé tras el parto por rutina, los consejos contradictorios de las enfermeras de planta del hospital, pediatras con pautas desactualizadas... Demasiadas madres saben de qué hablo.
De nada sirve que los organismos públicos se marquen como objetivo aumentar la tasa de lactancia materna si la presión acaba recayendo solo en las madres. Faltan profesionales formados y más grupos de apoyo. Los hospitales deben ponerse al día como han comenzado a hacer con la atención al parto.
Hacer posible la lactancia es un trabajo colectivo y un asunto de salud pública. Por eso hay que empezar por las facultades, que por suerte empiezan a ponerse las pilas a la hora de formar a los sanitarios. La primera asignatura de lactancia que se imparte en la carrera de Medicina se inició hace dos cursos en la Universitat de Barcelona y este año arrancan dos postgrados pioneros sobre lactancia en la Ramon Llull y la Autònoma de Barcelona. Es vital que pediatras, ginecólogos, médicos de familia, odontólogos y demás sepan asesorar con rigor científico.
También necesitamos la complicidad de las parejas, que deben entender que una presencia activa en la crianza no tiene por qué pasar por dar biberones. Los cuidados implican una infinidad de tareas más allá de esa, y la pareja de una madre que da el pecho en exclusiva puede vincularse a la criatura aunque no participe en su alimentación. Su apoyo, y que esté bien informada, es vital en momentos de flaqueza.
Pero incluso en un escenario ideal, en el que estos supuestos se cumplan, seguiría faltando algo básico. Un aspecto tan elemental como que madre y bebé puedan estar juntos. Como mínimo los seis meses de lactancia exclusiva que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS). La baja materna de 16 semanas es una de las principales trabas a la lactancia materna, y el llamado permiso de lactancia, que suele acabar compactándose en 10 o 15 días más, de poco o nada sirve para lo que debería.
Así que, a las futuras madres les diría que aprovechen la espera para empoderarse y reunir toda la información que les ayude a preparar su lactancia materna, si es que optan por ella –porque no deja de ser una opción–. Que busquen su grupo de lactancia más cercano y empiecen a visitarlo desde antes de parir. Que lean libros imprescindibles como Somos la leche (Grijalbo, 2017), de Alba Padró –las guías de éxito sobre lactancia ya no son solo cosa de hombres–. Que se bajen la aplicación móvil gratuita Lactapp y aprovechen el conocimiento inabarcable de sus brillantes creadoras. Y que, una vez tengan a su bebé en brazos, se rodeen de una buena tribu de madres. Porque no hay mayor empoderamiento que la sororidad de otras mujeres en tu misma situación.