Este artículo se publicó hace 7 años.
Lejos del mar, playas sobre el cemento

Por El Quinze
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El sol descarga con fuerza. Pero los remojones y los pies descalzos sobre la arena húmeda aligeran algo el bochorno. Los niños corretean de un lado para otro y unos pocos chavales, ataviados con bañadores cortísimos, se emplean a fondo con en el vóley. La estampa es digna de cualquier costa. Pero se da en un paraje extraordinario: una plaza dura en un barrio de interior de Barcelona.
La plaza Àngel Pestaña, una obra de cemento donde el gris piel elefante impera, muda tres semanas al año para convertirse en una suerte de playa. Un arenal situado a ocho kilómetros de la costa barcelonesa. Es el milagro de la Prospe Beach, una iniciativa comunitaria que permite a los vecinos y vecinas de la Prosperitat, en el distrito de Nou Barris, disfrutar de un entorno costero sin necesidad de acercarse al mar. Cada año cuarenta toneladas de arena y colchonetas de agua visten el espacio para que pequeños y mayores pasen con más alegría los arreones del calor en la capital catalana.
La Prospe Beach es toda una institución en el barrio que la acoge. Nacida como iniciativa popular en 1994 para dinamizar unas colonias de niños saharauis, se ha mantenido viva gracias al esfuerzo de un puñado de personas que trabajan durante todo el año para equipar el lugar con la infraestructura necesaria. "Un día decidimos jugar al vóley sin ir a la playa: cogimos dos focos del Ateneu de Nou Barris y unos cubos de arena. ¡Y a darle a la pelota! Y así hasta ahora, que la cosa ha crecido", explica Santi Ávila, uno de los fundadores de la Prospe Beach. 25 años después, Ávila sigue dedicando parte de su tiempo libre durante todo el año a organizar los torneos de 2x2 y de 4x4 de voleibol y tenis playa. "Las plazas para las inscripciones vuelan", asegura.
Arena para todas las edades
En el espacio de la Prospe Beach no sólo se realizan actividades deportivas. También acuden a él casalsy esplaisde todo el barrio, para disfrutar de las posibilidades que ofrece esta singular instalación: un cuadrado, con algunos recovecos, donde caben prácticamente cinco pistas de voleibol reglamentarias, además de un espacio con ducha y unos inflables azules con agua dulce. En el lugar incluso se realizan sesiones de cine al aire libre. Este año también se ha instalado una herramienta de riego, para mantener compacta la arena. En ediciones anteriores esta volaba hasta el último rincón del barrio.
El primer sábado de la Prospe Beach es el día fuerte. Un millar de vecinos, procedentes de todos los barrios de Barcelona, pasan por el equipamiento para asistir al torneo de voleibol y a una sardinada popular. "Desde las 7 de la mañana, la gente baja a coger sitio en la plaza. ¡Algunos incluso acampan durante la noche anterior! Las familias o los grupos de amigos reservan su espacio con toallas, sombrillas, tiendas y parrillas para hacer la comida. Aquí se hacen hasta paellas valencianas, es la monda", atestigua Ávila. "Viene gente de todas las edades. Cada uno a lo suyo. Los hay que vienen a competir y otros simplemente a tomarse algo. Todo está bien, esa es la magia de esto: el respeto mutuo. Si hay un pro compitiendo contra un amateur, saca más flojo y ya", añade el organizador.
Pero, ¿qué ha permitido que una iniciativa como esta permanezca tantos años activa en la Prosperitat? "Este es un barrio muy social, muy especial", dice, en uno de los bancos del casalde barrio autogestionado, un vecino de la zona. Y pone otro ejemplo, el de la procesión de San Xibeco, otro de los hitos del calendario del barrio: durante unas horas, una vez al año, los vecinos homenajean a la cerveza en una peculiar marcha profana por la zona. "Esto no funcionaría en otro barrio", mantiene Ávila, que dice que diversas personas le han pedido consejo sobre cómo realizar una versión de la Prospe Beach en otros lugares. "¡Incluso en Zaragoza! Pero ninguna ha cuajado", lamenta.
Pese a su éxito continuado, los organizadores del evento se quejan del trato institucional que la Prospe Beach ha recibido. Aseguran que siempre es un reto rascar algo de presupuesto municipal para hacerla, tenga el Gobierno local el color que tenga. "Cada septiembre es una incógnita", apunta Ávila. Según el núcleo de trabajo de la Prospe Beach –media docena de voluntarios durante todo el año, más una monitora las tres semanas que opera la instalación, a razón de 600 euros–, la iniciativa debería ser perenne en las políticas del barrio. "Es muy fácil montar un concierto, poner unas barras. Pero, ¿cuántas propuestas deportivas y sociales como esta hay en Barcelona?", zanja Ávila.
La Prospe Beach como tal solo dejó de celebrarse en 2012, año en el que el Gobierno municipal –con Xavier Trias (CiU) como alcalde– no accedió a llenar la plaza de arena. Pero los asiduos de esta playa no desistieron. "La imagen de los vecinos jugando igualmente sobre el duro cemento les asustó, y dieron su brazo a torcer". Y así hasta hoy.
Las otras ‘playas’ de Barcelona
Por infraestructura y trayectoria, la Prospe Beach es el ejemplo de playa intraurbana más extraordinario de la capital catalana. Pero no es el único espacio en el que los vecinos tratan de hacer vida de mar sin agua salada. La continuidad de la llamada Platja de l’Eixample, una zona de baño para niños que desde 1987 se habilitaba durante todo el verano en el interior de la manzana de la Torre de les Aigües, en el céntrico distrito de Barcelona, quedó interrumpida el pasado mes de abril. Tras más de veinte años funcionando, el Consistorio de la capital catalana se vio obligado a cerrar la instalación por incumplimiento de la normativa de ruido, cuando una vecina consiguió demostrar un exceso de decibelios en este interior de manzana de la calle Roger de Llúria.
La presión popular obligó al Consistorio a abrir a finales de junio una nueva zona de baño similar a la Platja de l’Eixample, esta vez en el parque Joan Miró, en la calle Aragó, entre Tarragona y Vilamarí. La nueva playa, según el Ayuntamiento de Barcelona, también está dirigida a niños, de 0 a 12 años. El área tiene cinco estancias diferenciadas: zona de chill; juegos de agua; circuitos; deslizadores; y rincón de manantiales y aspersores. Desde su apertura, se limitó la presencia de cada visitante a dos horas, para favorecer la rotación. "No es lo mismo, pero sirve para pasar el calor", apunta Sole, una usuaria de la antigua Platja de l’Eixample, que ahora tiene que desplazarse algo más para acceder a la del parque Joan Miró.
A estas playas artificiales se suma la oferta de piscinas que hacen las veces de mares para muchos vecinos. Es el caso del lago de Can Dragó del barrio de Porta, en el distrito de Nou Barris, ante el complejo del Heron City. El cemento que reviste los casi 3.000 m² del charco, que funciona como playa urbana, rebosa durante las jornadas veraniegas. El sofoco no entiende de superficies.
EL FUTURO DE LA PROSPE BEACH
Hijo de padres activistas, Santi Ávila lleva en los genes la lucha social. Pero está cansado. A sus 47 años, su vida profesional como asistente personal cada vez le permite menos flexibilidad para seguir realizando la coordinación de la Prospe Beach. Ahora vecino de Alella, son muchos los viajes que debe realizar a Barcelona durante el año para preparar la actividad. La salida de Ávila de la organización del evento todavía no tiene relevo. Este, el del 25 aniversario de la playa, será su último año al frente de la Prospe Beach, pero espera que no el último del evento: "La Prospe Beach es ya del barrio".