Este artículo se publicó hace 6 años.
Solidaridad y formación en la lucha contra el fascismo

Por El Quinze
No son pocas las experiencias de voluntarios, activistas o cooperantes catalanes que se han movilizado sobre el terreno por las personas estancadas en Grecia. Desde 2015, organizaciones y personas a título individual han trabajado de diferentes formas en el país heleno. Cinco años después, Proactiva Open Arms es conocida en todo el mundo por su trabajo en rescate marítimo tanto en el mar Egeo como en el Mediterráneo central. La ONG, originaria de Badalona, empezó a operar en Lesbos a finales de 2015 y continúa trabajando en la actualidad con más equipo y recursos.
El estancamiento de personas en la frontera con Macedonia fue el epicentro del voluntariado en la primera mitad de 2016. Idomeni, Hotel Hara, BP y la gasolinera Eko fueron los grandes puntos de trabajo en los que aparecieron personas voluntarias a ofrecerse para lo que hiciese falta. Uno de los lugares más emblemáticos fue la gasolinera Eko, donde surgió la Comunidad Eko, un grupo de personas activistas y refugiadas que trabajó desde lo colectivo aquello que fue político y humanitario. El proyecto, que duró hasta finales de 2016 –cuando reubicaron a la mayoría de personas del campo–, ganó el premio de la Fundación Alfonso Comín a la iniciativa internacionalista del año y aglutinó a brigadas llegadas desde la Garrotxa, Girona y el Vallès.
También el Open Cultural Center (OCC) empezó a funcionar a principios de 2016, cuando un grupo de voluntarios catalanes llegaron al campo de Idomeni, entre ellos Dídac Guillamet, fundador y director de la entidad. Ahí se ofrecían espacios de creación y formación. Tras el desalojo de Idomeni –el 24 de mayo de 2016–, el equipo, que había ido creciendo, se constituyó legalmente en entidad para poder seguir trabajando en los campos de Cherso y Sounio hasta su cierre. Otra iniciativa catalana, Solidary Wheels, acompañó al OCC apoyando algunos proyectos: voluntarias como Maria Guillamet y Berta Tiana se trasladaron a Grecia con el claro objetivo de denunciar las vulneraciones de derechos humanos.
Huir del asistencialismo
La situación tras los desalojos de los campos espontáneos había obligado a las ONG a replantearse su trabajo si querían evitar los campos militares. Así fue como el OCC pasó a tener un proyecto en Polikastro, cerca de Macedonia. "No queríamos responder de forma asistencialista; nos interesaba mucho más el trabajo comunitario", explica Maria Serra, que llegó a este pueblo en octubre de 2018. Esta educadora social de 39 años, natural de Barcelona, es coordinadora del proyecto del OCC en Grecia desde agosto de 2019, tras ocho meses como voluntaria. La entidad ofrece actividades educativas. "Trabajamos idiomas y el apoyo en temas burocráticos o laborales, como por ejemplo la preparación de currículums", añade. El OCC, además, ha conseguido implementar un proyecto de alquiler gratuito de bicicletas que facilita la movilidad por la zona a personas refugiadas.
En el pueblo Skala Skaminea ha vivido Pat Rubio Bertran, otra barcelonesa de 25 años que aterrizó en Grecia en 2016 como coordinadora de comunicación de Lighthouse Relief, antes de viajar a Jordania e Irak con el Norwegian Refugee Council. En septiembre del año pasado regresó a Lesbos, ahora como coordinadora de proyecto de Refugee Rescue, una ONG que opera en la zona desde finales de 2015 y que en la actualidad es la única que cuenta con un equipo de rescate marítimo en el Egeo.
Rubio define de forma cruda la situación en Grecia: "La Unión Europea (UE) no ha hecho más que invertir dinero en intentar evitar los flujos migratorios en lugar de implementar políticas a largo plazo. Veníamos avisando de la situación en Lesbos y, al final, ha explotado", sentencia. Rubio se sorprende de la impunidad de los ataques fascistas a personas refugiadas, periodistas y ONG, al tiempo que confirma la pasividad de las autoridades y de la Policía. Y mantiene que hay medidas importantes que se deberían llevar a cabo: "Es urgente que se abran vías legales y seguras para la petición de asilo y que se descongestionen las islas reubicando en países de la UE".
Oriol Bru llegó a Lesbos en febrero de 2017 y desde entonces mantiene una estrecha relación con la isla. A sus 21 años, este joven de Olot lleva ya unos cuantos siguiendo puntos concretos de la ruta migratoria. Tras haber colaborado con Open Arms, participó en varios proyectos en los Balcanes antes de regresar a Lesbos en el verano de 2019, como coordinador de Refugee Rescue. Ahora trabaja en el campo de Katsikas, al oeste de Salónica. El proyecto, de la organización Habibi Works, consiste en ofrecer una amplia oferta formativa en ámbitos como la madera, el metal, la informática o el diseño gráfico.
"En los campos continentales la nueva política del Gobierno griego aún no ha tenido efecto. En Lesbos ha impactado con la evacuación de todo el personal de las entidades y organizaciones", comenta Bru, que justo estaba en Lesbos en el momento de la apertura de fronteras por parte de Erdogan. "Incluso los habitantes de la isla nos recomendaban irnos, por nuestra seguridad", continua. "Paris, el dueño del bar To Kyma, estuvo atendiendo en su establecimiento durante más de 48 horas a las personas que llegaban, aún sabiendo que eso le pasaría factura por parte de los fascistas", recuerda de antes de su evacuación.
Rubio y Bru coinciden en que nada bueno parece esperarle a Lesbos en los próximos días. Para ambos es necesario que se hable de la situación de las personas refugiadas y de los locales que resisten al fascismo y la represión del Gobierno griego. Lo peor, según Rubio, sigue siendo la gestión emocional de la impunidad y el silencio.