Este artículo se publicó hace 7 años.
“La única medida que reduciría el tráfico es el peaje”

Por El Quinze
-Actualizado a
Se han encendido las alarmas sobre el aire que respiramos en el área metropolitana: la Comisión Europea ha denunciado ante los tribunales los niveles de polución en Barcelona, el Vallès y el Baix Llobregat. Y en el debate sobre cómo desincentivar el uso del coche, principal causante de la contaminación atmosférica, el coordinador de Ecologistes en Acció Catalunya, Fernando Saz, es tajante. Considera que el derecho colectivo a
la salud debe prevalecer sobre a la libertad individual de conducir un vehículo y apuesta por soluciones drásticas, aunque sean impopulares.
La contaminación atmosférica se ha convertido en uno de los temas centrales de la agenda política y mediática metropolitana. ¿Qué hay que hacer para combatirla?
Una medida fundamental sería disminuir la entrada de coches, y para eso nosotros pedimos un peaje a la entrada de Barcelona. También habría que paralizar la expansión del puerto y el aeropuerto, aunque vamos en la línea exactamente contraria. Esas serían las tres acciones principales.
En 2020 quedará restringida la circulación de los vehículos más contaminantes en el área metropolitana. Y el Ayuntamiento de Barcelona ha anunciado medidas como la reducción de carriles en algunas calles. ¿Son suficientes estas medidas?
Están bien, son bienvenidas, pero no son suficientes, porque la única medida que reduciría realmente el tráfico es el peaje a la entrada de la ciudad. Se va dando vueltas a la idea, pero nunca se implementa. Hasta hace dos años, tanto Janet Sanz como Ada Colau decían que no se podía hacer. Ahora Colau ya ha declarado que estudiaría su aplicación. Hay que tomar decisiones drásticas.
¿Por qué vamos por detrás de otras urbes en el control del tráfico, si según el Ayuntamiento la capital catalana es la ciudad europea con mayor densidad de coches?
Por falta de valentía política de todos los Gobiernos, no de esta Administración en exclusiva, porque esto viene de lejos. Colau puede ser responsable de los últimos cuatro años, pero no de toda la historia anterior. Y ha faltado valentía política porque son políticas impopulares, al menos hasta que se implementan. Es cierto que hay mucha resistencia en la sociedad, pero también la hubo contra la prohibición de fumar en los espacios públicos, y ahora todo el mundo, o un porcentaje muy alto de la gente, lo acepta tranquilamente.
Cuando se plantea restringir la circulación surgen voces que reclaman su libertad para conducir su vehículo. ¿Qué les diría?
Que por encima de la supuesta libertad individual tienen que prevalecer la colectiva y el derecho a la salud. Nos estamos jugando literalmente la vida: en el área metropolitana hay un muerto al día por la contaminación. Si eso sucediera con los accidentes de tráfico, estaríamos actuando. Pero la contaminación no deja una mancha de sangre ni una imagen terrorífica. No se está actuando, pero los muertos están, y eso es algo que se tiene que contrapesar. Hay que tener la valentía de hacerlo.
En caso de que se restrinja el acceso de vehículos al área metropolitana, ¿hay una red de transporte público suficiente como para prescindir del vehículo privado?
Dentro del área metropolitana el transporte público es eficiente. El problema está en los que llegan desde fuera al área metropolitana. Ahí habría que fomentar los aparcamientos disuasorios, para que la gente pueda dejar sus coches y seguir en transporte público. Otro tema pendiente, históricamente, son las Rodalies de Renfe. Se necesita más inversión en trenes convencionales y menos en AVE.
Su organización ha denunciado el impacto del turismo en nuestro entorno. ¿Cuáles son sus consecuencias?
El impacto del turismo es muy transversal y lo abarca todo, hasta los cambios culturales. Por momentos, el turismo duplica la población total de Barcelona, y eso tiene un impacto brutal sobre el consumo de agua y alimentos y en la producción de residuos, por ejemplo. En ciertas zonas desaparece el pequeño comercio y aparecen supermercados dirigidos a los turistas, en los que todos los productos son ultraprocesados. Y también contribuye a la gentrificación, a través del aumento del precio de la vivienda y de los productos a la venta, y ocupa espacios públicos, como la Rambla, que ya no está para el disfrute de los vecinos.
Ha mencionado los residuos. La Unión Europea exige a las ciudades que sean capaces de separar para reciclar al menos el 50% en el año 2020, pero en el área metropolitana llevamos años estancados alrededor de un tercio. ¿Qué medidas hay que tomar para que se recicle más?
En principio apostamos por el método puerta a puerta. En otros lugares hemos visto que con este sistema se ha avanzado bastante bien. De todas formas, la mejor manera de acabar con los residuos sería no producirlos, y tanto los supermercados como muchos pequeños comercios los producen en grandes cantidades. ¡Cualquier producto viene envuelto en un montón de plástico! Nosotros apostamos por reducir la producción de residuos y creemos que habría que favorecer, por ejemplo, la venta a granel, o que en los restaurantes den agua del grifo filtrada.
¿Qué puede hacer cada uno de nosotros para mejorar el entorno en el que vivimos?
Aparte de hacer presión política, y asociarse a Ecologistes en Acció Catalunya [se ríe], es fundamental cambiar los hábitos de consumo. Como consumidores tenemos más poder del que imaginamos; el problema es hacernos cargo de él. Tenemos un poder inmenso cuando decidimos dónde ponemos el dinero. Si lo ponemos en una gran superficie, sabemos que ese dinero volará y vendrá en nuestra contra a cualquier nivel: por la manera como se produce, por la situación de los trabajadores... Si apostamos por un comercio de proximidad, de circuito corto, eso va a revertir en nuestro favor.
UN MILITANTE DESTERRADO
Hace 41 años, Fernando Saz se metió en un avión para escapar de la dictadura militar argentina. Cuando abandonó su Rosario natal, dejó que la geografía escogiera su destino: "Decidí marchar al país de habla hispana más lejano". Enseguida se instaló en Barcelona y se enroló en comités de solidaridad con los perseguidos en su país y contra las leyes españolas de extranjería. Desde estas luchas, llegó a la militancia medioambiental a finales de los 90, a través de los grupos de consumo y de los movimientos contra la introducción de los transgénicos. Ya hace más de una década que Topo, como lo conoce la mayoría, entró en Ecologistes en Acció Catalunya, y desde hace cuatro años es su coordinador.