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La vida en las casas baratas, hecha pieza de museo

Por El Quinze
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En un extremo de la ciudad de Barcelona, donde el río Besòs y la Ronda Litoral marcan el límite de la gran urbe, rodeadas de bloques de viviendas funcionales de nueva construcción, sobreviven las que serán las últimas Casas Baratas del Bon Pastor: dos hileras de ocho casuchas de una sola planta, con una puerta, dos ventanas enrejadas y un amasijo de cables de la instalación eléctrica en la fachada. Hoy la gran mayoría están vacías y tapiadas. Pero no hace mucho los niños todavía correteaban por aquí con sus bicis y sus juegos, la ropa tendida desbordaba los límites del espacio público y en las noches de verano los vecinos sacaban sillas al portal –y a veces alguna guitarra– buscando la compañía del fresco y las tertulias.
"Vivíamos en la calle más que en casa. Estas eran pequeñas, no había coches y la convivencia era buena", recuerda Salvador Angosto. Nació en una casa clónica, muy cerca de este lugar, "en la calle Ardèvol", en el corazón del barrio; en un habitáculo como todos los que dominaban el paisaje de este enclave, al este del distrito de Sant Andreu. Hoy, además de las 16 casas de la zona reurbanizada, quedan todavía en pie un centenar de viviendas junto al río, que están llamadas a ser demolidas entre este año y el próximo y sus inquilinos trasladados a nuevos pisos que ya se construyen, en lo que es la cuarta y última fase del plan de remodelación que el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, titular de las casas, emprendió en 2002 y que debía culminar, según el optimista calendario inicial, hace casi ocho años. Cuando termine de ejecutarse, las 784 casas que dieron carta fundacional a este barrio habrán desaparecido. Todas, menos la doble hilera separada por la callejuela Barnola, hoy ya integrada en una moderna zona enjardinada, que se ha decidido preservar y, con el impulso del Museu d’Història de Barcelona (Muhba), convertir en un espacio museístico destinado a mostrar la forma de vida en estas particulares construcciones a lo largo del siglo XX.
Unas viviendas dignas del siglo XXI
La remodelación del Bon Pastor ha sido un proceso no exento de traumas y momentos de agitación. Sobre todo a partir del año 2007, cuando estaba a punto de culminar la primera fase de la operación y un grupo de cinco inquilinos se negaron a abandonar sus casas, pues reclamaban una indemnización al patronato por la inversión de haber mantenido sus viviendas durante años en pie sin ayudas públicas. Recibieron el apoyo de una plataforma disidente de la asociación de vecinos oficial, Avis del Bon Pastor, que defendía la preservación de las casas baratas. Uno de ellos acabó marchándose y los otros cuatro fueron desalojados por la Guàrdia Urbana en 2016. También hubo incluso alguna intervención del movimiento okupa en casas ya de-salojadas. Pero Angosto, fundador y dirigente histórico de la asociación de vecinos del barrio, cree que la remodelación fue producto de un acuerdo de amplio consenso, y que ha supuesto "caminar hacia adelante para tener unas viviendas dignas del siglo XXI".
Él mismo, que desde hace unos años realiza visitas comentadas a la zona de las casas baratas para explicar cómo se vivía allí, puso sobre la mesa la idea de preservar un pequeño núcleo. La idea, que fue recogida por el Muhba, está previsto que entre en pleno funcionamiento el año que viene. En febrero, no obstante, se presentó un pequeño anticipo con la ayuda de muebles antiguos guardados por algunos vecinos, con los que recrearon en plena calle el aspecto interior de los hogares. Según el proyecto, se reproducirán varios ambientes: los primeros años, los años cincuenta, los setenta y la primera década del siglo XXI. El resto de espacios se destinarán a salas polivalentes para actividades vecinales. "Queremos que sea un espacio museístico para el Bon Pastor, pero sin olvidar que el Bon Pastor es Barcelona; por lo tanto, con perspectiva de ciudad y metropolitana", explica Angosto. En esta misma línea se expresaba el director del Muhba, Joan Roca, el pasado mes de abril cuando apuntaba que el proyecto debe servir para explicar la trayectoria del barrio, pero también de Barcelona "como ciudad que encarna muchos temas de la modernidad como la lucha por la vivienda y la ciudadanía".
Las casas del Bon Pastor, en pie desde 1929
El Bon Pastor es un barrio con fecha de nacimiento: 1929. En este año, a las puertas de la Exposición Universal que debía mostrar el esplendor de Barcelona al mundo, el Ayuntamiento decidió construir de un día para otro cuatro núcleos poblacionales para alojar a los centenares de familias migrantes de otros lugares de Catalunya y la Península, atraídas, justamente, por las oportunidades de trabajo que ofrecían la construcción de los pabellones de la muestra, el metro o el ferrocarril del Vallès. Muchas de ellas se habían instalado en barracas alrededor de la montaña de Montjuïc. El proyecto se sustentaba en una ley de 1911, la Ley de casas baratas, por la cual se ofrecían ayudas públicas a ciertos colectivos profesionales en situación salarial precaria para que levantaran grupos de viviendas en régimen cooperativo. Algún ejemplo de esta época primeriza sobrevive aún en la capital catalana, como los chalés que la Cooperativa de Periodistas levantó en los barrios de la Salut y la Font d’en Fargues, que hoy parecen torres de lujo con jardín.
Pero, al llegar la dictadura de Miguel Primo de Rivera, una modificación de la ley hizo posible el surgimiento de los cuatro grupos de viviendas para migrantes, impulsados directamente por el Instituto Municipal de la Vivienda, para alojar a los nuevos barceloneses. Aparecieron así las casas baratas del Bon Pastor y el Baró de Viver, situadas ambas en el margen derecho del Besòs, una zona que hasta 1945 perteneció al municipio de Santa Coloma de Gramenet; Can Peguera, en el actual distrito de Nou Barris; y las de la Marina del Prat Vermell, conocidas más tarde por el nombre del polígono industrial que las rodeaba, la Zona Franca, e inmortalizadas por el escritor Paco Candel, que vivió de niño en ellas y las tomó como escenario de novelas como Donde la ciudad cambia de nombre. Como sugiere este título, los polígonos, alejados del núcleo urbano, muy mal comunicados y sin apenas servicios más allá de una escuela y una parroquia, parecían tener la misión de apartar y ocultar de la vista de los visitantes la Barcelona menos fotogénica.
Con los años, la falta de inversiones degradó los bloques, construidos deprisa, atacados por grietas y humedades y a menudo reformados por los propios inquilinos. El abandono municipal y unas familias de escasos recursos hicieron el resto, y los barrios de casas baratas se estigmatizaron tanto o más que los poblados de barracas. Los planes de demolición y sustitución por nuevos bloques de pisos empezaron a moverse con las primeras Administraciones franquistas, pero no se harían efectivos hasta los Ayuntamientos democráticos. El de Baró de Viver, con las casas en muy mal estado, fue pasto de la apisonadora en 1985. El de la Zona Franca fue reemplazado en la primera mitad de los noventa. Y la desaparición de las casas baratas del Bon Pastor ha marcado la historia del barrio en los últimos 20 años.
Can Peguera, el único intacto
"Nuestras casas ya estaban afectadas en un plan comarcal en el año 1945, y es que yo creo que ya las construyeron de forma chapucera, para echarlas al suelo poco después, como un Poble Espanyol de pobres", explica Pep Ortiz, presidente de la Associació de Veïns i Veïnes de Can Peguera, que compara su barrio con la atracción turística de Montjuïc, levantada también en 1929 con la idea de ser desmantelada después, pero que ha sobrevivido hasta hoy. Lo mismo ha sucedido con Can Peguera, con sus 584 casitas blancas que se descuelgan por la ladera norte del Turó de la Peira y que conforman una postal inédita en la Barcelona turistificada.
El barrio mantuvo siempre la fotografía de pueblo cohesionado. En la República fue un potente foco de actividad anarquista, y luego la previsión de demoler las casas en los distintos planes urbanísticos potenció la organización vecinal para salvarlo. El Plan General Metropolitano de 1974, que preveía la demolición del núcleo, impulsó el nacimiento de la asociación de vecinos. "En 1986 votamos en referéndum que se mantuvieran las casas baratas y que el barrio se llamara Can Peguera, olvidando a Ramon Albó", recuerda Ortiz.
Finalmente, el nuevo Plan General Metropolitano incluyó en 2015 por primera vez el calificativo de "zona de remodelación pública de Can Peguera", y sus casas baratas se añadieron al catálogo del patrimonio de la ciudad. Can Peguera es un barrio vivo, con un potente músculo asociativo, a pesar de que en la estadística de renta por habitante aparezca siempre en la cola. "Hay 3.000 habitantes y a los consejos de barrio suelen venir unas 80 personas", asevera Ortiz. En el barrio conviven vecinos de muchos años con personas que figuraban en las tablas de emergencia habitacional y a las que se les ha asignado un piso con alquiler social tras haber sido desalojadas. A pesar de haber ganado la lucha por la preservación, el vecindario reclama inversiones –que deberían estar incluidas en un plan de futuro que lleva años en negociación– para acondicionar las calles y sobre todo las casas, eliminar goteras y humedades y mejorar el aislamiento térmico y acústico.
BARRIOS CON OTROS NOMBRES
Los cuatro barrios de casas baratas tomaron los nombres de las principales autoridades de la dictadura de Miguel Primo de Rivera en Barcelona. El leridano Eduardo Aunós, entonces ministro de Trabajo, bautizó el grupo de la Marina. Can Peguera se conoció durante muchos años con el nombre del político regionalista y conservador Ramon Albó, y también con el nombre genérico de las Casas Baratas de Horta, ya que durante mucho tiempo el barrio formó parte de este distrito barcelonés y no del de Nou Barris. El nombre del Baró de Viver homenajeaba a Darius Rumeu i Freixa, por entonces alcalde de Barcelona y que ostentaba este título nobiliario. Y el Bon Pastor, por último, tomó el nombre oficial del general Joaquim Milans del Bosch, gobernador civil de Barcelona y abuelo de uno de los impulsores del golpe de estado del 23-F de 1981.