Quién pierde con el avance de la IA: de explotar el medio ambiente a discriminar a las mujeres
Aparte de precarizar empleos, el nuevo desarrollo tecnológico también amenaza con aumentar los sesgos de género, raza u orientación sexual en plena ola reaccionaria.

Por Adhik Arrilucea
Redactor de Ciencias, Medio Ambiente y Animalismo.
Madrid-
En Yorkshire, al norte de Inglaterra, había una planta textil que pertenecía al empresario Joseph Foster. Era 1809 y la Revolución Industrial había permitido crear fábricas a vapor que funcionaban con un molino, lo que aceleraba la producción y abarataba sus costes. En la medianoche del 9 de abril, cientos de manifestantes asaltaron la planta de Foster y destruyeron la maquinaria. Eran luditas, miembros de un movimiento cuyo apogeo tuvo lugar en el siglo XIX. Estos militantes denunciaban cómo el desarrollo tecnológico había pauperizado sus condiciones laborales, reducido la calidad de los productos y quebrado el tejido social.
Si bien pueden estar pensadas para mejorar la calidad de vida de las personas, las innovaciones tecnológicas tienen desde siempre una cara B: benefician a los Joseph Foster de su época, en detrimento de quienes históricamente han ocupado posiciones vulnerables. No es por tanto de extrañar que, 200 años después, la irrupción de la inteligencia artificial levante miradas escépticas. Y es que su desarrollo, aunque parezca que solo se despliega en el mundo virtual, tiene un verdadero impacto material sobre la tierra y la propia ciudadanía.
Una Tierra explotada al servicio de la IA
La manera en la que encarna su materialidad puede resultar vaporosa, pero la IA no es una suerte de entidad externa que aparece en nuestras pantallas. Ocupa un espacio físico en forma de centros de datos. De acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 2024 estas plantas tecnológicas consumieron 415 teravatios-hora (TWh), lo que representa aproximadamente el 1,5% de la demanda mundial de electricidad. Hasta 2030, el consumo de electricidad de los centros de datos crecerá alrededor de un 15% anual, según estima la AIE. Este aumento es más de cuatro veces más rápido que el aumento del consumo total de electricidad de todos los demás sectores.
María Prado: "Mientras siga usando combustibles fósiles o no vigilemos cómo se desarrolla, será otra tecnología que acelera la crisis climática"
La penetración de esta infraestructura transforma todo el sistema energético, y es que su funcionamiento requiere de la explotación de recursos esenciales como el agua. "No sabemos hasta qué punto [el consumo de agua] va a competir con personas o comercios locales y desconocemos de qué manera se va a priorizar", declara a Público María Prado, portavoz de clima, energía y movilidad de Greenpeace España. La ecologista teme que el aumento de la demanda eléctrica pueda servir como excusa para desacelerar la transición verde hacia fuentes de energía renovables. La portavoz de Greenpeace dice que, más allá de la política energética, el funcionamiento de los centros de datos que sostienen la IA tienen un impacto ambiental. "Mientras siga usando combustibles fósiles o no vigilemos cómo se desarrolla, será otra tecnología que acelera la crisis climática", alega. Asimismo, pone de relieve que este deterioro del medio físico no redunda necesariamente en un beneficio para la sociedad. Al contrario, el beneficio repercute en los grupos dominantes que impulsan el avance tecnológico. En este contexto, Prado menciona que se habla de broligarquía, es decir, la oligarquía de los bros, que se refiere a un grupo de hombres poderosos e influyentes.
El imperio del tecnopatriarcado
Ante la explotación de los recursos de la Tierra conviene preguntarse por las condiciones de producción de estas herramientas e infraestructuras. La digitalización está en manos de tecno-oligarcas como Elon Musk –dueño de Twitter y xAI–, Mark Zuckerberg –director ejecutivo de Meta– o Jeff Bezos –fundador de Amazon–, entre otros. Todos ellos son grandes magnates que se caracterizan por su acercamiento a la ultraderecha y a la internacional reaccionaria. Aupados sobre un desdén hacia la crisis medioambiental –o, en última instancia, el negacionismo climático–, sus valores políticos permean los algoritmos de la IA.
Es por ello que algunas voces feministas teorizan sobre el concepto de "tecnopatriarcado". Este hace referencia al proceso por el que "las jerarquías heteromasculinas han colonizado el entorno algorítmico, convirtiéndolo en un nuevo enclave para la perpetuación y amplificación de las disparidades de género". Así lo definen Pilar Medina-Bravo y Cristina Garde Cano, investigadoras de la Universitat Pompeu Fabra (UPF), en la introducción del monográfico que coordinan, El universo tecnopatriarcal: violencias, vulnerabilidades y recuperación del espacio comunitario.
Álvaro San Román: "La IA es el producto de una sociedad patriarcal, ecocida, soberbia y tecno-idólatra"
Álvaro San Román, investigador predoctoral de Filosofía en la UNED, expone a Público que esta tecnología disruptiva se caracteriza por su velocidad. En este sentido, "si la IA se desarrolla e impone en una sociedad patriarcal, ecocida, jerárquica, y con claras tendencias autoritarias, la sociedad resultante tenderá a consolidar y sobrepotenciar esos mismos rasgos". El también creador del proyecto La Réplica – que utiliza ChatGPT en búsqueda de su autodestrucción– recalca que "la IA es el producto de una sociedad patriarcal, ecocida, soberbia y tecno-idólatra, y, por lo mismo, seguramente nunca habría sido siquiera ideada en una sociedad reconciliada con la igualdad entre las diferentes formas de vida que habitan este planeta".
Esta misma idea es la que defienden las expertas de la UPF. "Las estructuras de poder no se diluyen en lo digital, sino que se intensifican, se reconfiguran y se vuelven más difíciles de impugnar", comentan en su artículo. "La lógica del capital no sustituye a los regímenes de opresión históricos, sino que se acopla a ellos y los optimiza. La innovación tecnológica, lejos de corregir desigualdades, tiende a reproducirlas bajo formas más opacas e insidiosas", añaden. La tecnología reproduce y aumenta los sesgos y valores sociales, los cuales "afectan brutalmente a quienes ya ocupan posiciones de vulnerabilidad".
Vigilar y castigar a las personas queer
Estas violencias se despliegan sobre una amplia amalgama. GLAAD, una de las organizaciones por los derechos LGTBIQ+ más grandes de Estados Unidos, recoge en un informe publicado este 2026 cómo la IA incluye múltiples sesgos. Estos van "desde chatbots que recomiendan terapias de conversión hasta la moderación de contenido que silencia las voces LGTBIQ+". La organización también subraya en su estudio que muchos de los riesgos generales asociados con la inteligencia artificial "recaen de manera desproporcionada sobre los grupos marginados".
La entidad también pone de manifiesto que esta tecnología comienza a irrumpir en todos los ámbitos de la vida, como tomar decisiones sobre vivienda, empleo, atención médica, servicios financieros, seguros, seguridad pública y acceso a servicios públicos. Por este motivo, la opresión de las personas queer se convierte en motivo de preocupación a la luz del auge de la IA. "Los patrones de sesgo existentes pueden reproducirse e intensificarse a gran escala, exacerbando la discriminación sistémica existente contra los grupos históricamente marginados", recoge el informe.
Este tipo de dinámicas se acentúan especialmente en el caso de las personas trans. Un estudio publicado en enero por la plataforma Global Action for Trans Equality (GATE) apunta que tecnologías como el reconocimiento facial, la vigilancia biométrica y la IA generativa "discriminan sistemáticamente a las personas trans y no binarias al imponer supuestos rígidos sobre el género". El informe añade que estas tecnologías identifican erróneamente, excluyen y exponen a las comunidades trans a una mayor vigilancia, a la denegación de servicios y a la violencia, al tiempo que "se utilizan como arma para difundir desinformación y avivar el pánico moral contra las personas trans". Las advertencias de la organización aducen una amplificación de las violencias ante el refuerzo de este tecnopatriarcado.
Espacios de fuga de las tecnodistopías capitalistas
Ahora bien, ¿se puede escapar de este paradigma fatalista? Para San Román, "la pregunta que deberíamos plantear antes de organizar modos de resistencia en el contexto de la IA es de qué nos queremos emancipar, a qué queremos resistir". El investigador considera que un uso "crítico" de estas herramientas desde perspectivas feministas, ecologistas, decoloniales o queer "desactiva la dimensión crítica fundamental al sistema". En su lugar, aboga por la creación de un mundo altertecnológico. "De lo que deberíamos emanciparnos es del control total que la IA permite ejercer sobre la vida planetaria a los promotores de la cultura tecnoccidental", defiende.
Borja Adsuara: "La regulación de la IA es importante si la UE quiere tener la soberanía digital y no depender de EEUU ni de China"
No todas las voces se expresan en este sentido. El consultor experto en derecho y estrategia digital Borja Adsuara valora que la regulación de la IA es importante "si la UE quiere tener la soberanía digital y no depender de EEUU ni de China". Asegura que "no se puede renunciar a participar en esa carrera, porque el que domine la IA dominará el mundo". En este sentido, añade que un desarrollo propio e independiente permite marcar reglas propias. "Si no tenemos el control de nuestra IA, estaremos en manos de los gobiernos extranjeros y -lo que es peor- de las grandes multinacionales, que son los nuevos señores feudales, como en la Edad Media, pero digitales y globales, frente al Estado de derecho democrático y social".
Pilar Medina-Bravo y Cristina Garde Cano proponen otro enfoque sobre una posible emancipación del tecnopatriarcado: "Nombrar la arquitectura de estas violencias implica también abrir la posibilidad de interrumpirlas". Las expertas recuerdan que los feminismos contemporáneos a menudo llevan a cabo ejercicios de reapropiación y de ocupación de espacios para repensar la manera en la que se está presente y disputar los imaginarios. La vocación de estas estrategias es, en última instancia, transformar las propias condiciones de producción de la tecnología. Se trata de combatir, desde las periferias, la ola reaccionaria que agita la IA.




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