Rusia, China, Estados Unidos y la UE se disputan el relato dominante en el Sahel
En los últimos tres años, el Servicio Europeo de Acción Exterior ha estudiado la desinformación rusa y china en los países sahelianos. El neocolonialismo europeo, su extractivismo y la oposición a los movimientos LGTBIQ+ son algunos de los ganchos más utilizados por Moscú y Pekín.

Madrid--Actualizado a
En la fotografía se aprecia a dos manifestantes caminando hacia la cámara. Uno de ellos golpea una lata que humea, tal vez gas lacrimógeno. El otro ondea una bandera de Tanzania. De fondo, una maraña de pancartas evidencian el contexto de protesta social. La fotografía de los dos manifestantes fue publicada en portales digitales en octubre de 2025, acompañando un grave mensaje: la sociedad civil tanzana se enfrentaba a la Policía durante las elecciones presidenciales celebradas aquel mes para pedir reformas políticas.
Lo cierto es que nada de eso estaba ocurriendo realmente. El fotoperiodista de AFP Luis Tato lo reveló días más tarde. En su intervención durante las jornadas de Geopolíticas de la desinformación, organizadas por Casa África y el Ministerio de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación a principios de diciembre, explicó que había sido él quién había tomado aquella fotografía. Y no había ocurrido en Dar es Salaam (capital de Tanzania), sino en Nairobi (Kenia), durante las protestas que tuvieron lugar en el país en julio de este año. De hecho, era la bandera keniata la que blandía el manifestante en la fotografía original.
Alguien había manipulado esta imagen para hacer creer a los usuarios de redes sociales que se estaba produciendo una revuelta en Tanzania. Quién lo hizo en primera instancia y por qué es todavía una incógnita. Lo que sí está claro es que este no es un caso aislado. Los países que componen el Sahel son algunos en los que la UE ha detectado más casos de manipulación informativa e injerencia extranjera, una práctica calificada como FIMI por sus siglas en inglés.
El Servicio Europeo de Acción Exterior (EEAS) lleva tres años investigando incidentes de desinformación como este a través de su unidad STRATCOM (acrónimo en inglés de Comunicaciones Estratégicas). En el informe anual de 2024 expusieron que, tras poner en el foco en 90 países, habían detectado 505 incidentes FIMI. La mayoría de ellos fueron localizados en Ucrania, Francia, Alemania y Moldavia, seguidos de Mali, Níger y Burkina Faso.
Estos tres países de la Alianza de Estados del Sahel, así como los otros seis cuyos territorios componen esta región –Senegal, Mauritania, Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea–, han experimentado una enorme transformación política, no exenta de violencia, en los últimos años. A las disputas por el poder entre las facciones políticas y militares favorables a las antiguas metrópolis –principalmente Francia– y quienes se oponen a ellas, se le suman los avances de las filiales locales del Daesh en la región –Boko Haram o JNIM, entre otros– y los negocios de grupos paramilitares extranjeros, como los rusos del Grupo Wagner, rebautizados como África Corps.
Pero el Sahel también es el territorio en el que se disputa una importante batalla por imponer una narrativa que favorezca a uno u otro de estos grupos. Entre ellos, se encuentran China y Rusia, a quienes la oficina del STRATCOM del África subsahariana vigila con lupa. En su tercer reporte sobre manipulación informativa, el Servicio Europeo de Acción Exterior atribuyó la mayor parte de los casos de FIMI en el Sahel al interés de Moscú por influir económica y militarmente en la región.
Aquí hay que tener en cuenta que Rusia ha respaldado los golpes de Estado antifranceses que se han sucedido en Mali, Burkina Faso y Níger en los últimos cinco años. Los nuevos mandatarios, en especial Abdourahamane Tchiani, dirigente de Níger tras el golpe de 2023, han cerrado las puertas a varias empresas europeas en la región, como Orano –anteriormente llamada Areva– y filiales de esta. En su lugar, estarían proliferado compañías chinas y rusas. Según el análisis del STRATCOM, la desinformación de ambas potencias en el Sahel tiene como objetivo mantener alejada a la UE de los nuevos gobiernos y proteger sus negocios en este territorio.
La importancia de China y Rusia en la región es lo que hace que la UE haya puesto el foco en la manipulación mediática de estos países. De hecho, una funcionaria del STRATCOM con la que ha podido hablar Público ha aclarado a este periódico que la UE está poniendo especial atención en la propaganda y desinformación rusa. Es por ello que la mayor parte de los casos encontrados por esta oficina del Servicio Europeo de Accion Exterior provenían de este país. Esto no quiere decir que no existan otras potencias extranjeras que desarrollen estrategias de desinformación similares a las rusas y chinas para influir política y/o económicamente en el Sahel.
Turquía y EEUU: otros actores poco estudiados
Otras dos importantes potencias extranjeras están participando en el festín de desinformación convocado en el Sahel: Turquía y EEUU. Según las pesquisas de varios periodistas africanos, en los últimos años también se han detectado bulos y manipulaciones informativas ligados a Ankara y Washington. Ambos necesitan reposicionarse en la región: Turquía, para ocupar el espacio dejado por Francia, y EEUU para establecer nuevos equilibrios con Rusia y China en la región.
Sin embargo, no existe una visión lo suficientemente profunda sobre la desinformación alentada por estos países. De hecho, la UE no estudia este fenómeno como sí analiza el comportamiento informativo de Rusia y China, confirma a este periódico la funcionaria del STRATCOM. Al ser preguntada por las razones, la experta asegura que desconoce el contexto de esta decisión tomada por los Estados de la Comisión Europea.
Para Silas Jonathan, periodista y líder de equipo del medio nigeriano Dubawa/CJID, dado que todavía no se conoce en profundidad el fenómeno de la desinformación estadounidense y turca, es importante diferenciar entre "influencia" e "injerencia". La primera es la que más ha encontrado Jonathan vinculada a EEUU. En conversaciones con Público explica que "la influencia es una forma sutil de llamar la atención, más indirecta". En el caso de Turquía, "hay rumores de que, junto a Arabia Saudí, está promoviendo ideologías más extremistas", a la par que "intenta impulsar su agenda". Ninguno de estos dos casos resultan preocupantes bajo el criterio del periodista, ya que no se trata de "injerencias" al uso. Es decir, que "no están presionando directamente y convenciendo a la gente para que cambie su forma de gobernanza ni su forma de vida".
Destapar la injerencia no es sencillo, explica Jonathan. No se trata únicamente de seguir el rastro del dinero, sino de deshacer el camino que hace una foto manipulada o una información falsa hasta su origen, para estudiar la propiedad de las páginas en las que se publica inicialmente la desinformación y revisar la red que la difunde. En muchas ocasiones, los intereses extranjeros convergen con los de líderes locales que también hacen uso de la manipulación informativa para influir en la opinión pública de un país. Es decir, con quienes en la jerga española se conocen como agitadores.
La complejidad de estas redes entre actores extranjeros y locales dificulta aún más seguir el rastro de las informaciones falsas. De momento, ninguna organización se ha centrado en trazar este recorrido en los indicios de desinformación en EEUU y Turquía.
Mientras mayor sea el caos informativo, más fácil es para las potencias extranjeras desviar el foco de atención hacia aquello que les resulte más lucrativo política o económicamente.
En definitiva, se trata de lo que Steve Bannon, estratega de extrema derecha y antiguo asesor de Donald Trump, describía como "inundar la zona de mierda" para ocultar lo realmente importante. Actualmente, el presidente de EEUU continúa haciendo uso de esta técnica.
Algunas de las temáticas que las potencias extranjeras usan en el Sahel enraizan mejor que otras debido al pasado colonial del Sahel. En lo que respecta a China y Rusia, cuyas técnicas comunicativas han sido más estudiadas y, por tanto, se conocen mejor, los principales argumentos para desviar la atención son: los esfuerzos neocoloniales de las antiguas metrópolis para influir políticamente en la región, su intención de acaparar sus recursos naturales y la amenaza que suponen los movimientos LGTBIQ+ para la familia tradicional africana.
Colonización, recursos naturales y declive moral
El filósofo y presidente de Ghana en los años 60 Kwame Nkrumah definió el neocolonialismo como la última fase del imperialismo occidental, en el que una ex colonia, convertida en Estado, solo es independiente en apariencia, ya que su economía y gobierno están dirigidos por potencias extranjeras. Sobre la base de este concepto se vertebran muchas de las campañas de desinformación que Rusia y China vierten sobre el Sahel, de acuerdo a las pesquisas del STRATCOM. Periodistas independientes especializados en este tema, como Silas Jonathan, también han estudiado este fenómeno con conclusiones similares. La razón por la que este mensaje es tan utilizado es porque se deja caer sobre un terreno fértil. La periodista y fundadora del medio África Mundi Soraya Aybar Laafou recuerda a Público que "la memoria colonial del Sahel está muy viva".
"Estos mensajes calan bien porque conectan directamente con experiencias históricas y agravios que no son inventados" pese a que "sean instrumentalizados por actores como Rusia", abunda Soraya Aybar. Además, Rusia y China hacen gala de una verdad histórica, y es que no colonizaron el continente como sí lo hicieron los países de Europa Occidental en el siglo XIX. De este modo, sus "discursos antiimperialistas" y "simples", calan bien entre la población saheliana.
Además, este relato conecta con facilidad con la imagen de los países europeos como potencias extractivistas de los recursos naturales del Sahel. Nigeria y Sudán poseen varios pozos petrolíferos, mientras que Níger cuenta con minas de uranio. Además, Sudán, Burkina Faso y Mauritania son ricos en cobre. En este último país, además de en Mali, también hay reservas de litio y cobalto. Por último, un importante número de países del Sahel –Mauritania, Mali, Burkina Faso y Níger– son ricos en oro.
El mayor procesador del mundo de estos últimos compuestos químicos es China, tal y como recoge el atlas de Las fuerzas que mueven el mundo (2025, Ariel) de El Orden Mundial. Por su parte, los principales importadores del crudo de Nigeria han sido los países europeos, mientras que el uranio de Níger ha sido históricamente explotado por empresas francesas para alimentar la industria nuclear del país europeo. "La población del Sahel no ha experimentado ni visto resultados tangibles de la cooperación europea en el terreno", afirma la periodista de África Mundi.
"Con esto no solo me refiero a las operaciones para apaciguar el terrorismo yihadista (que no solo se calmó en la región, sino que se avivó durante las operaciones francesas o europeas), sino también a la cooperación al desarrollo. En este contexto de falta de ayuda en lo securitario contra las fuerzas terroristas, la asistencia humanitaria y unos recuerdos del colonialismo muy vivos, llevan a que ese mensaje de que los europeos vienen a proteger lo suyo y no lo vuestro resulte creíble", concluye Soraya Aybar. Prueba de ello es que en 2024 todas las empresas francesas fueron expulsadas de Níger por orden del nuevo Gobierno del país.
Pero si bien la UE quiere continuar teniendo un acceso ventajoso a estos recursos naturales del Sahel, también lo desean Rusia y China. En el caso de Pekín, sus avances en la región han ido acompañados de la "construcción de infraestructuras que facilitan la movilidad interafricana", evidencia Soraya Aybar Laafou. La periodista experta en la región explica que esto podría compensar, de algún modo, el extractivismo protagonizado por la potencia asiática.
Al acusar a los países europeos de explotar la mano de obra africana y de afectar negativamente a sus ecosistemas, Rusia y China ignoran conscientemente sus propias experiencias en la región. Ejemplo de ello han sido los colapsos en minas operadas por empresas chinas, como el yacimiento de oro de Bilali Koto en Mali, donde unas cuarenta personas murieron el pasado mes de febrero mientras trabajaban para empresarios chinos, según publicó Associated Press.
También se han registrado varios enfrentamientos entre grupos armados relacionados con la protección de explotaciones de la región o de vías comerciales de los recursos extraídos de estas. En algunos de ellos habría participado el Grupo Wagner y, posteriormente, el África Corps. "Al final la estrategia siempre es algo así como: Sí, nosotros hemos hecho algo, pero ¿habéis visto lo que han hecho aquellos?", evidencia la analista del STRATCOM en África con la que pudo hablar Público. "Esta es, de hecho, una técnica de desinformación".
Las acusaciones de colonización no sólo tienen que ver con la desposesión de las comunidades locales de su riqueza material, sino también con la supuesta influencia moral de Europa. La crítica a los movimientos LGTBIQ+ en esta región de África está íntimamente vinculada a las narrativas del "declive de occidente", según explica una funcionaria del Servicio Europeo de Acción Exterior. Este termina siendo exportado desde el viejo continente hasta el africano para, presuntamente, corromper sus sociedades.
No ayuda que la estructura mediática del Sahel reproduzca las relaciones de poder de la colonización, en las que muchas de las agencias de noticias de los países del hemisferio norte dominan el mercado informativo del continente africano. Muchas de las noticias consumidas en la región -explicaron varios de los ponentes en la jornadas sobre desinformación en África- son producidas por agencias de noticias extranjeras, como la china Xinhua o la francesa AFP. La falta de un enfoque autóctono en estos temas termina alejando a la población saheliana de estas agencias.
Además, las noticias de estas empresas están escritas en las lenguas de las antiguas metrópolis –francés, inglés o portugués– principalmente. Sin embargo, en el Sahel se hablan otras 20 lenguas, especialmente en las zonas rurales o apartadas de las grandes ciudades, más castigadas debido a que en muchas ocasiones ni siquiera los propios Estados africanos llegan a ellos. Es por ello que todos aquellos que estudian el fenómeno de la desinformación en el Sahel aseguran que una de las mejores formas de combatirlo es mediante el apoyo e impulso a proyectos informativos locales.


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