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Ajuste de cuentas en el equipo de Sarkozy

La derecha espera hoy una nueva sanción de los electores

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La noche de los cuchillos largos empezó ayer en el equipo del presidente Nicolas Sarkozy, sin esperar siquiera a los resultados de la segunda vuelta de las elecciones locales que se celebra hoy.

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La primera vuelta, hace una semana, arrojó una severa advertencia de los electores, que optaron mayoritariamente por las listas de izquierda frente a las de los partidos del presidente. Hoy, si las urnas confirman la sanción, la derecha francesa se convertirá en un festival de puñaladas traperas.

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La primera víctima del ajuste de cuentas en Sarkolandia fue ayer un "imbécil". No, no se trata del pobre abuelete que, hace tres semanas, fue tratado de "gilipollas" (pauvre con) por Sarkozy en el Salón de la Agricultura de París. Se trata del portavoz de la Presidencia, David Martinon, que en su día fuera insultado por el
mismísimo Sarkozy.

Martinon, estirado miembro de la flor y nata de la élite francesa, fue cesado anteayer de facto en Bruselas. Azorado por tanta cámara y por la presencia del pegajoso diplomático, Sarkozy le dijo que "ya no formaba parte del equipo" y le exigió que dejara de aparecer a su lado en las imágenes.

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Una alcaldía para Jean

El asunto fue revelado por Le Monde ayer, pero lo cierto es que el ex protegido de Cecilia Ciganer Albéniz, la ex mujer del presidente, ya sabía lo que le esperaba desde hacía semanas: el propio Sarkozy le había dejado tirado en medio de los preparativos de precampaña con los que Martinon esperaba conquistar la alcaldía de Neuilly-sur-Seine, rico feudo sarkozyano por excelencia y trono donde ahora su hijo, Jean, empieza a sentar sus posaderas.

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La primera caída de la guillotina sobre la cabeza del pobre "imbécil" es el pistoletazo de salida de la violencia larvada que impera desde hace días en los equipos del presidente: a la cabeza del Gobierno, en las filas de la Unión para un Movimiento Popular (UMP) y también en las de los partidos-microbio de centro y de pseudo-izquierda, creados hace unos meses para dar credibilidad a la política de "apertura".

Sarkozy, que cuenta con la confianza de sólo uno de cada tres franceses, tiene que someterse a las declaraciones cada vez más altisonantes de su primer ministro, François Fillon, intocable porque duplica la popularidad del que se supone que es su jefe.

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Con las cartas en la mano, Fillon se ha permitido expresar su oposición a una remodelación del Gobierno, que Sarkozy necesita urgentemente para calmar a sus filas en caso de bofetada en las urnas. La declaración del primer ministro desautorizando de forma implícita al presidente constituye una primicia en la V República.

A ese cuadro se añaden mil querellas. Barones locales reelegidos desde hace décadas- que ahora corren el riesgo de perder su feudo- acusan al presidente de ser gafe electoral. Ministros que temen perder su silla le critican en privado. En medio de ese clima de fin de règne (de fin de reinado), un dato sobresale por encima de la melée.

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Fillon interpreta la probable sanción de las urnas como un mensaje para "profundizar las reformas" de liberalización. Sarkozy, por su parte está acentuando su giro a la derecha y al populismo en materia de inmigración.

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