Milei se la juega en las elecciones legislativas de este domingo bajo la atenta mirada de Donald Trump
Argentina renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado, actuando de termómetro para ver si el presidente del país cuenta con el respaldo suficiente para avanzar en su agenda libertaria.

Argentina renovará en las elecciones de este domingo 26 de octubre la mitad de la Cámara de Diputados (257 escaños) y un tercio del Senado (72). Unas elecciones legislativas de mitad de mandato que servirán de termómetro para ver si Javier Milei cuenta con el respaldo suficiente para avanzar en su agenda libertaria o, si por el contrario, la oposición consigue mantener su capacidad de veto y negociación en ambas cámaras.
El presidente Milei afronta las elecciones en el momento más delicado de sus dos años de mandato. En septiembre, el peronismo superó a los libertarios por 14 puntos de diferencia en las trascendentales elecciones provinciales de Buenos Aires y, por primera vez desde que llegó a la Casa Rosada, la tasa de aprobación de Milei se encuentra por debajo del 40 %.
Milei se desgasta. Su figura de político outsider, autoproclamado azote de la corrupción y enemigo declarado de la "casta" política, fue uno de los pilares de su meteórico ascenso al poder. Esa narrativa —que lo presentó como un economista antisistema dispuesto a dinamitar los privilegios de la clase política— le permitió capitalizar el hartazgo social y seducir a un electorado desencantado tras décadas de crisis económica. Sin embargo, esa imagen comienza a resquebrajarse.
En los últimos meses, su gobierno se ha visto sacudido por acusaciones de nepotismo, irregularidades en contrataciones públicas y falta de transparencia en el manejo de fondos oficiales —incluido el desvío de importantes sumas del Fondo Nacional para la Integración de las Personas con Discapacidad—. En el centro de las críticas se encuentra Karina Milei, hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia, cuya influencia sobre el rumbo del Gobierno se ha convertido en motivo de controversia. Su papel como principal estratega y guardiana del círculo más íntimo del mandatario ha despertado inquietud incluso entre los aliados más pragmáticos del oficialismo.
Aunque el crecimiento de su partido, La Libertad Avanza (LLA), está asegurado en estas elecciones respecto a los resultados obtenidos en 2023 —cuando el movimiento libertario irrumpió conquistando la presidencia, pero con un desempeño modesto en el ámbito legislativo—, el gran objetivo de Javier Milei es alcanzar, junto a sus socios parlamentarios, la cifra mágica de 86 diputados. Ese número representa un tercio del total de la Cámara Baja, el umbral necesario para bloquear vetos a decretos presidenciales, impedir eventuales procesos de juicio político y dar viabilidad a la agenda de reformas que el mandatario intenta impulsar desde su llegada al poder.
Para lograrlo, Milei apuesta por consolidar la alianza con Propuesta Republicana (PRO), el partido conservador del expresidente Mauricio Macri, con el que busca construir una mayoría estable que le permita sortear la fragmentación del Congreso y avanzar en su programa de liberalización económica y "Estado mínimo".
Enfrente, el peronismo concurre bajo la fórmula Fuerza Patria (FP), con la que aspira a mantener unos resultados similares a los actuales (96 escaños y 36 senadores), cifra suficiente para trabar en el legislativo las reformas de Milei.
Pese a que el peronismo llega con optimismo a las elecciones, lo cierto es que el principal espacio opositor a Javier Milei continúa sin un liderazgo claro —tras el encarcelamiento domiciliario e inhabilitación de Cristina Fernández— y con una agenda política eminentemente reactiva, hasta ahora incapaz de marcar el ritmo con propuestas propias y focalizada en una oposición bronca al presidente, tanto dentro como fuera del Congreso.
Trump sigue de cerca las elecciones
La economía sigue concentrando el debate político argentino. Aunque el plan de choque de Milei ha conseguido reducir la inflación a su nivel más bajo en los últimos cinco años, lo cierto es que los índices de pobreza superaron el 52,9% a mediados del año pasado, la cifra más alta desde la crisis del 2002. Ahora, la estadística oficial sitúa a 1 de cada 3 argentinos por debajo del umbral de la pobreza.
No obstante, los logros macroeconómicos que el Gobierno exhibe no se traducen en una mejora tangible para las clases populares argentinas. La persistente devaluación del peso y las dificultades del Estado argentino para afrontar sus compromisos financieros internacionales siguen asfixiando la economía. En este contexto, Estados Unidos ha salido al rescate con un préstamo multimillonario de 20.000 millones de dólares impulsado por el presidente Donald Trump, concebido como un salvavidas para estabilizar el tipo de cambio y garantizar la solvencia del Estado a corto plazo.
"Se aproximan esas elecciones y las va a seguir todo el mundo. [Milei] ha hecho un gran trabajo, tiene unos buenos números de popularidad, pero después de esto van a ser aún más altos", dijo el mandatario estadounidense tras suscribir el préstamo.
El acuerdo, firmado en plena campaña electoral, no es un gesto desinteresado: Trump advirtió que "no seremos tan generosos si Milei no gana", dejando claro que la ayuda financiera también responde a una apuesta política por la continuidad del presidente ultraderechista.
Detrás de este movimiento financiero se perfila una estrategia geopolítica más amplia. Washington ha encontrado en la Argentina de Milei a un aliado clave para desplegar su agenda intervencionista en América Latina.
Tras una administración Biden en la que el Cono Sur ocupó un papel secundario en la política exterior estadounidense, la Casa Blanca vuelve a mirar la región con interés. Los ataques y el despliegue militar en aguas venezolanas, el aumento de sanciones contra Cuba, la hostilidad retórica hacia el gobierno de Gustavo Petro en Colombia y el respaldo activo a Daniel Noboa en Ecuador evidencian el viraje estratégico de Washington. Trump impulsa una nueva agenda regional marcada por un discurso "anticomunista" que Javier Milei suscribe palabra por palabra.




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