Nobel de la Paz en Oslo, clima prebélico en Caracas: "No queremos sangre por petróleo"
La líder opositora María Corina Machado recibe el galardón a través de su hija mientras Donald Trump reitera que Maduro "tiene los días contados" y aumenta el despliegue militar sobre el país.

Enviado a Caracas--Actualizado a
La entrega del Premio Nobel de la Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado aumenta la presión sobre el Gobierno de Nicolás Maduro. "Venezuela volverá a respirar", afirmó la hija de Machado durante la ceremonia celebrada este miércoles en Oslo, Noruega.
El galardón a Machado coincide con una redoblada ofensiva de la Administración Trump contra Venezuela: nuevas sanciones contra el país, el mayor despliegue naval de EEUU desde la segunda guerra del Golfo –con más de 15.000 soldados en el mar Caribe–, un intento por bloquear el espacio aéreo venezolano y ataques regulares contra supuestas narcolanchas en las inmediaciones de la costa venezolana.
El evento ha estado marcado por la ausencia física de Machado, quien confirmó a última hora del martes que llegaría a Oslo pero no a tiempo para recibir el premio. En su lugar, ha subido al estrado su hija, Anna Corina Sosa, quien ha leído un discurso en nombre de su madre asegurando que "han sido casi tres décadas de lucha contra una dictadura brutal" donde “lo hemos intentado todo”.
En su intervención, la dirigente opositora ha asegurado que, "durante estos dieciséis meses en la clandestinidad hemos construido nuevas redes de presión cívica y de desobediencia disciplinada, preparándonos para una transición ordenada hacia la democracia".
El discurso ha estado plagado de referencias a un "cambio de régimen" que la opositora asegura que el mundo "pronto presenciará". "Si queremos tener democracia, debemos estar dispuestos a luchar por la libertad", aseguró la hija de Machado ante el abarrotado salón de actos del Ayuntamiento de Oslo.
En la misma línea, el presidente del Comité Noruego del Nobel, Jorge Watne Frydnes, instó a una sucesión presidencial. "Señor Maduro, acepte los resultados de las elecciones y renuncie", dijo. Un acto que el gobierno venezolano tilda de "injerencia", calificando el premio de "parcial" y de alimentar la "agenda imperialista".
De candidata opositora a "paradero desconocido"
María Corina Machado, de 58 años de edad, apareció por última vez públicamente el 9 de enero de 2025, cuando lideró una protesta en el pudiente barrio de Chacao (Caracas) contra la investidura de Nicolás Maduro, que el 10 de enero se juramentó como presidente para un tercer mandato tras las polémicas elecciones celebradas del 28 de julio de 2024.
La veterana dirigente de la línea más dura de la derecha venezolana fue abrumadoramente elegida en las primarias de la oposición como candidata unitaria frente a Maduro en las elecciones de julio. Pero una inhabilitación por "irregularidades en la gestión de fondos públicos" hizo que la candidatura terminase recayendo en el exdiplomático Edmundo González Urrutia.
Los comicios desembocaron en un guerra de cifras y relatos donde tanto Maduro –apoyado en los datos del oficialista Centro Nacional Electoral (CNE)– como González Urrutia –publicando un 80% de actas electorales que asegura tener en su haber– se proclamaron vencedores.
Desde inicios de año, especialmente tras la salida de Edmundo González Urrutia a España, María Corina Machado se ratificó como líder de la oposición y multiplicó sus apariciones, pero siempre a través de redes sociales, con un aséptico fondo blanco y sin desvelar su ubicación.
Todo lo que ha rodeado a su figura en el último año ha estado marcado por el hermetismo. En las calles de Venezuela se especula sobre si Machado habría abandonado el país hace meses, otros creen que acaba de salir del territorio nacional de forma clandestina, e incluso fuentes cercanas al oficialismo deslizan que durante todo este tiempo conocían el paradero de Machado, pero no la han detenido para evitar una escalada. The Wall Street Journal informó este miércoles que la opositora salió de Venezuela con destino a Noruega el pasado martes con el apoyo de Estados Unidos. Lo habría hecho en una embarcación que partió de la costa occidental hacia la isla de Curazao, según funcionarios estadounidenses
A finales del mes de noviembre, después de que se conociese la concesión del premio Nobel, el fiscal general venezolano, Tarek William Saab, advirtió a la dirigente opositora que, si abandonaba el país, la consideraría una "fugitiva" y buscaría arrestarla en caso de que intentara regresar a Venezuela para ser juzgada por "llamar a la invasión del país".
Hasta Oslo se han desplazado la familia de Machado; varias figuras de la oposición venezolana, como el propio González Urrutia; y los principales presidentes de la derecha latinoamericana: Javier Milei, de Argentina; Santiago Peña, de Paraguay; Daniel Noboa, de Ecuador, y José Raúl Mulino, de Panamá.
¿Ahora qué? Incertidumbre y despliegue militar estadounidense
El Nobel a Machado y la agresiva estrategia de Donald Trump contra Venezuela ha revivido las aspiraciones de una oposición que se encontraba desorientada y dividida tras el fallido intento de juramentar a González Urrutia como presidente del país.
La salida de Machado del país abre el interrogante sobre qué hará la premio Nobel en el medio plazo. Regresar a Venezuela, donde podría ser detenida y ahora mismo no existen protestas opositoras significativas; o permanecer en el extranjero, engrosando aún más la lista de políticos venezolanos fuera del país.
En una entrevista reciente, el presidente Donald Trump reiteró que Nicolás Maduro "tiene los días contados", pero no confirmó si Estados Unidos atacará directamente la nación caribeña. Durante las últimas semanas Nicolás Maduro ha denunciado públicamente planes armados para tratar de derrocarlo. "No a la guerra por petróleo, no sangre por petróleo", aseguró el mandatario.
La oposición venezolana fía gran parte de su éxito a la Casa Blanca. Los llamamientos de Machado y Urrutia a que los militares "reconozcan su mandato" han sido estériles, y el chavismo mantiene cohesionada y tensionada su estructura institucional y social.
Desde septiembre, el despliegue militar estadounidense en la región ha aumentado bajo el pretexto de combatir el narcotráfico. En estos tres meses se tiene constancia de una veintena de ataques contra "narcolanchas" que habrían causado cerca de un centenar de víctimas. También se han reportado varias incursiones de cazas de combate estadounidense en el espacio aéreo venezolano, la última tuvo lugar este mismo martes 9 de diciembre en la costa de Maracaibo.
El despliegue naval estadounidense en el Mar Caribe, que incluye el portaviones USS Gerald Ford (buque insignia de la Marina estadounidense), ya es el mayor desde la Segunda Guerra del Golfo (1990-91) y supera otras operaciones armadas como la invasión de Panamá en 1989, y la de Granada en 1983. Según la revista especializada Stars and Stripes más del 20% de los buques de guerra estadounidenses movilizados en todo el mundo se encuentran en aguas cercanas a Venezuela.


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