De 'América primero' a 'Latinoamérica después': Trump reescribe el lema con el que llegó a la Casa Blanca
Las ambiciones del mandatario de resucitar la doctrina del patio trasero habían quedado más que evidentes en la escalada de los últimos meses. Y con el secuestro de Maduro han culminado.

Washington--Actualizado a
La madrugada de este sábado, Estados Unidos empujaba toda Latinoamérica a los fantasmas del siglo pasado, cuando Washington hacía y deshacía a voluntad en la región. La incursión militar estadounidense nocturna sobre Venezuela, que ha culminado con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, deja el país ante un vacío de poder que no garantiza una transición democrática. Donald Trump ha asegurado desde Mar-a-Lago que piensa tomar el control del país para lograr esa transición y ha señalado a la vicepresidenta chavista, Delcy Rodríguez, como su candidata.
Washington ha ejecutado la operación Resolución Absoluta a lomos de una supuesta guerra contra el narco que cada vez se desdibuja más bajo los intereses reales de la actual administración: el control del petróleo venezolano y la consolidación de la influencia estadounidense en su hemisferio sur frente a los avances de China en los últimos años. El interés para volver a mover a meter mano en la política latinoamericana también está relacionado con el control de las rutas de comercio en el Caribe y del canal de Panamá. Desde el minuto uno en que llegó al poder, Trump insistió en la idea de anexionarse el canal de Panamá debido al aumento de la presencia de compañías chinas en este.
"Haremos que nuestras grandes compañías petroleras de Estados Unidos —las más grandes del mundo— entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen una infraestructura gravemente deteriorada, la infraestructura petrolera, y comiencen a generar dinero para el país", ha anunciado el mandatario este sábado. En las últimas semanas, Washington ya había capturado varios buques con petróleo venezolano.
Las ambiciones de resucitar la doctrina del patio trasero habían quedado más que evidentes en la escalada de los últimos meses: en septiembre se desplegaba una gran flota de buques de la marina en los límites de las aguas internacionales, y poco después comenzaba la campaña de ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico, bautizada como operación Lanza Sur. A finales de noviembre, Trump intensificaba la guerra de nervios asegurando que a Maduro le quedaban pocos días.
Ahora, el dirigente venezolano y su esposa Cilia Flores están camino de Nueva York, donde serán juzgados. El departamento de Justicia ya ha anunciado que presentará cargos por narcoterrorismo contra ambos. El movimiento es posterior a la catalogación que hizo el departamento de Estado del Cartel de los Soles como organización terrorista, situando a Maduro como su cabecilla.
El America First que prometía Trump durante la campaña electoral no era un simple aislacionismo, sino la aceptación de un nuevo orden internacional con Estados Unidos recuperando el control de aquellas áreas que considera sus áreas de influencia natural. Después de comprobar con el ataque a Irán que las bases MAGA acabarían comprando el relato de que ahora el America First pasa por una política exterior intervencionista y no por la retirada del país de todos los conflictos exteriores -tal como había prometido el republicano en sus mítines-, Trump se ha lanzado de lleno a una empresa para provocar un cambio de régimen en Venezuela.
Para los ideólogos del movimiento MAGA, como es el caso de Steve Bannon, el intervencionismo exterior puede ser una manera de ampliar la cruzada de la extrema derecha hacia Latinoamérica y Europa. De hecho, Bannon ha celebrado la acción de este sábado, así como la influencer de extrema derecha Laura Loomer, que ha agradecido al magnate su decisión.
Esta idea de fomentar gobiernos afines ideológicamente es lo que postulaba la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSE, en sus siglas en inglés) que publicó en diciembre el Gobierno Trump al hablar de que Europa es un continente en "decadencia civilizatoria". La nueva administración cada vez ha mostrado más afinidad con los gobiernos de extrema derecha, mientras cuestiona los gobiernos socialdemócratas y los valores tradicionales de las democracias liberales.
En Latinoamérica esta expansión de los valores centrales de la ideología MAGA se ha visto reflejada en el apoyo de otros gobiernos en sintonía, como el del Nayib Bukele en El Salvador o el de Javier Milei en Argentina. El Tesoro estadounidense hizo una inversión millonaria para rescatar el peso argentino, a la vez que Trump amenazó con retirar la ayuda si en las legislativas del año pasado no ganaba la coalición de Milei. Más recientemente, el presidente estadounidense también metió mano en Honduras exigiendo que fuera Nasry Tito Asfura quien saliera victorioso cuando aún no se había terminado el recuento. "Si él [Asfura] no gana, Estados Unidos no va a gastar dinero", escribió en Truth Social en su momento.
Poco después de la publicación en Truth Social, el conteo quedó congelado hasta que el pasado 31 de diciembre, seis horas antes de que expirara el plazo, el Consejo Nacional Electoral nombraba a Asfura como ganador.
El NSE ya marcaba las líneas maestras de cómo Washington recupera la teoría de la Gran Competencia entre Potencias donde solo reconoce como iguales a China y a Rusia. En ese mismo documento, el Gobierno estadounidense exponía cómo está dispuesto a mantener unas relaciones cordiales con Pekín, a la par que continúa con su guerra por el control de recursos clave en el desarrollo tecnológico.
A diferencia del bombardeo sobre las instalaciones nucleares en Irán, esta vez la bancada republicana ha aplaudido al unísono la agresión en Venezuela. Por contra, los legisladores demócratas han alzado la voz contra el operativo y ya han movido ficha para realizar la semana que viene una votación en el Senado para bloquear las acciones militares del presidente.
La iniciativa ha sido impulsada por el líder de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer (Nueva York), junto a otros legisladores del partido. Para ser aprobada en la cámara alta solo necesita una mayoría simple. La razón de ello se debe a que solo el Congreso tiene autoridad para aprobar agresiones militares en el exterior y declaraciones de guerra. Esto está recogido en la sección ocho del Artículo I de la Constitución y en la ley federal conocida como Resolución de Poderes de Guerra. De este modo, la intervención de este sábado en Venezuela también supone un nuevo ataque frontal del magnate al sistema democrático en su cruzada para acumular poderes absolutos.

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