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Años de desafección política en Irlanda del Norte devuelven la violencia a la calle

Más de veinte años después de la firma de los acuerdos de paz, la estabilidad de Irlanda del Norte vuelve a estar en juego en unos disturbios protagonizados por probritánicos que acusan a Londres de relegarles a "ciudadanos de segunda".

Una vista general de los jóvenes nacionalistas chocando con la policía en Springfield Road en el oeste de Belfast, en Irlanda del Norte, Gran Bretaña, 08 de abril de 2021.
Una vista general de los jóvenes nacionalistas chocando con la policía en Springfield Road en el oeste de Belfast, en Irlanda del Norte, Gran Bretaña, 08 de abril de 2021. Mark Marlow / EFE

Adolescentes y niños, algunos de apenas 12 años, han tomado las calles de Belfast y Londonderry, en Irlanda del Norte, con pedradas y cócteles molotov estas últimas semanas. 

Frustraciones en torno al acuerdo del brexit y la desafección política subrayan la violencia en las calles, aunque no explican que grupos tan jóvenes sean participes de ellas. 

Las protestas comenzaron el 29 de marzo en Londonderry, al noroeste del país, y se han expandido durante más de doce días a Belfast, la capital, así como otras ciudades de menor tamaño. 

Los disturbios se asociaron inicialmente con el descontento con la fiscalía por no procesar a líderes de Sinn Féin (nacionalistas irlandeses) por saltarse las normas del confinamiento para ir al funeral de Bobby Storey, un reconocido líder del IRA. 

Con el trasfondo de un brexit poco beneficioso para la región, la violencia también se asocia con la desconexión política con Londres y la sensación entre muchos unionistas-lealistas (asociados a grupos paramilitares protestantes) de ser "ciudadanos de segunda".

Se estiman que más de 88 policías han resultado heridos en los altercados hasta la fecha.

Una historia marcada por la violencia

Las acciones violentas no son novedosas en Irlanda del Norte, una de las cuatro naciones que componen el Reino Unido. 

Entre los años sesenta y los noventa fue el escenario de los "Troubles", el conflicto que enfrentó a unionistas, principalmente protestantes y probritánicos, contra nacionalistas, defensores de la integridad de Irlanda.

Como guerra nunca declarada, el conflicto se llevó la vida de más de 3,600 personas y resultó en incontables heridos.  

El acuerdo del Viernes Santo de 1998 puso fin a los disturbios y creó la Asamblea de Irlanda del Norte, un órgano legislativo para la región sobre el que Londres transfirió extensos poderes en materia de salud, educación, empleo, seguridad social, vivienda o pensiones. 

A pesar del acuerdo, Irlanda del Norte se ha mantenido como un territorio en tensión con picos de violencia en las calles, pero los disturbios de estos días escapan los patrones que se han comenzado a esperar a lo largo de dos décadas de paz relativa. 

"Es importante recordar que la estabilidad en Irlanda del Norte es frágil",  explicó Katy Hayward, catedrática de sociología en Queen’s University Belfast e investigadora del grupo de investigación UK in a Changing Europe.

"Hasta cierto punto, desde la firma del acuerdo del Viernes Santo se ha mantenido lo que podríamos llamar cínicamente como un nivel aceptable de violencia"

"Más de 160 personas han muerto desde la firma del tratado, en lo que se consideran asesinatos de carácter de seguridad [resultado de la tensión política y de los que se acusa a paramilitares tanto lealistas como republicanos]", indicó la investigadora.

Manteniendo el equilibrio de esta "violencia aceptable" hay años de esfuerzo por parte de grupos comunitarios y trabajadores sociales que normalizan la situación e intentan construir confianza en la policía y otras instituciones.

Jóvenes, niños, paramilitares

La desafección política que ha resultado del brexit y la marginalización llevan ahora a que menores de edad, a veces de hasta 12 y 13 años, participen activamente en los disturbios.

Es improbable que los manifestantes conozcan a fondo los detalles del acuerdo de retirada de la UE o del protocolo de Irlanda del Norte, que legisla sobre la frontera entre la UE y el Reino Unido.

En la mayoría de los casos lo chicos conectan por redes, a través de grupos de WhatsApp donde se anuncian las protestas, casi siempre bajo principios pacíficos. 

La policía declaró el viernes pasado que no hubo grupos paramilitares involucrados en estos incidentes, aunque Hayward considera que el carácter anónimo de las redes impide saber quién está detrás de las movilizaciones exactamente. 

El gobierno británico anunció recientemente un presupuesto de £10 millones para ayudar a grupos paramilitares a adaptarse como grupos comunitarios, por lo que apoyar abiertamente los disturbios no juega a su favor.

Con respecto a los manifestantes, la experta añadió: "Son disturbios recreacionales, para los chicos no es importante entender el contexto político, sino pensar que están formando parte de una lucha que es más grande que ellos".  

Brexit y el vacío político de una nación

Los manifestantes buscan recuperar el poder político que creen que han perdido por ser ciudadanos de una región del Reino Unido relegada a un segundo plano y en la que se discrimina a los protestantes, según su propia percepción.

El Protocolo de Irlanda del Norte es la respuesta a uno de los mayores retos al que se enfrentaron los negociadores del Reino Unido y la UE de cara a la salida del club comunitario.

Como país ajeno al mercado común, Reino Unido precisa una frontera física con respecto a la UE para mantener controles aduaneros.

Para Gran Bretaña (la isla donde se encuentran Inglaterra, Escocia y Gales) esta frontera existe de manera natural en el canal de la Mancha, pero la frontera con Irlanda es tan tangible como inmutable, ya que para mantener la paz ambos países se comprometieron en 1998 a no volver a levantar una frontera militarizada.

La única alternativa factible que no pusiera en riesgo 23 años de paz es establecer un control aduanero en el mar de Irlanda, rompiendo con la integridad de la unión.

Esta opción resultó tan absurda para el gobierno Conservador de Theresa May (2016-2019), quien tuvo que convocar elecciones anticipadas en 2017 y dimitir de su cargo apenas dos años después por ser incapaz de obtener una mayoría parlamentaria que le permitiera negociar alternativas.

Boris Johnson, su sucesor también "tory", dijo que habría una frontera aduanera en el mar de Irlanda "por encima de mi cadáver

A pesar de su promesa, fue esta la solución que decidió tomar para poder seguir adelante con un brexit duro que no forzara al Reino Unido a permanecer dentro del mercado común. 

La mentira, sumada al hecho de que el protocolo no fue ratificado por la asamblea de Irlanda del Norte, han tenido un impacto muy negativo.

"Todo el espectro de unionistas, desde los lealistas de clase obrera hasta los unionistas 'suaves', ese grupo de clase media que votó en contra del brexit, coincide en que la posición política de Irlanda del Norte se socava en el momento de la firma del protocolo",  declaró Hayward.

¿Quién tiene autoridad en Irlanda del Norte?

La pandemia ha puesto freno al impacto económico del protocolo de Irlanda del Norte, si bien por la parada casi absoluta de toda actividad comercial no esencial, por lo que todavía no se sabe con certeza hasta qué punto resultará en una caída de empleo. 

Tampoco queda claro quién tiene autoridad para intervenir en la implementación del propio protocolo y asegurar que se ajuste a las necesidades de la región.

El ejecutivo norirlandés, la asamblea con poderes transferidos desde Londres, no tiene capacidad para implementar este instrumento, que recae sobre el gobierno de Johnson.

Sin embargo, Westminster ha perdido la legitimidad que pudo haber tenido en otro momento: mientras que los Conservadores de Johnson aprobaron el acuerdo de retirada de la UE y el protocolo de Irlanda del Norte con mayorías abrumadoras, ninguno de los 18 diputados de Irlanda del Norte en el parlamento lo apoyaron.

Asimismo, la asamblea de Irlanda del Norte se negó a ratificar estos acuerdos, una medida de valor simbólico que evidencia la oposición de la región a las condiciones de un brexit duro ya en marcha.

No hay fin a la vista para los altercados

Bajo este contexto de legislación internacional y gobierno local, de confusión entre partidos y responsabilidades, la desafección política en la región es difícil de sobrestimar.

"Cuando se pierde la confianza en la policía, cuando el ambiente político está enrarecido y los ciudadanos no se sienten satisfechos con la noción de que las instituciones democráticas funcionan y sus intereses están siendo representados, la violencia se destapa", dijo Hayward.

En el ultimo eslabón de la cadena de pérdida de poder político se encuentran muchas de las personas que han participado o apoyado las manifestaciones de estos días.

La narrativa de los "ciudadanos de segunda" entre los lealistas de clase trabajadora señalada al principio no es nueva; se usó, por ejemplo, durante los altercados de final de 2012.

No por ello su impacto es menor: el temor ahora mismo es que este discurso está calando y que la violencia pueda empeorar.

"Los grupos lealistas hablan del estado decadente de las viviendas de protección social en que viven, del fracaso escolar de sus hijos, a los problemas de salud que hay en sus comunidades. Y son problemas que existen, son ciertos", enumeró Hayward, haciendo hincapié en la validez de estas frustraciones.

"Pero estos problemas denotan ciudadanos de segunda con respecto a la clase media, no con respecto a los nacionalistas", concluyó la socióloga.

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