António José Seguro, el ave fénix del socialismo que disputará a los ultras la presidencia de Portugal
André Ventura, su rival en las elecciones del domingo, aprovecha la campaña para presionar al principal partido de la derecha tradicional, el PSD, y posicionarse como referente del "espacio no socialista".

De gesto serio pero afable y verbo contenido, António José Seguro (Penamacor, 1962) ha convertido la moderación y la previsibilidad —virtudes que hoy cotizan a la baja en la política global— en sus principales armas para la segunda vuelta de las presidenciales portuguesas. Este político rayano, nacido en la frontera con Badajoz, explota su templanza frente al histriónico líder de la extrema derecha André Ventura, su rival en las elecciones del domingo.
Seguro parte como claro favorito para convertirse en el próximo presidente de Portugal durante los próximos cinco años. Veterano del Partido Socialista —formación de la que fue secretario general entre 2011 y 2014— ya se impuso en la primera vuelta con algo más del 31 % de los votos frente al 23,6% del líder de Chega. Desde aquella noche electoral ha evitado la estridencia para reforzar una imagen de árbitro institucional, un perfil que la prensa lusa describe de forma recurrente como "moderado" y "agregador".
António José Seguro encarna el retorno de la vieja guardia institucional a la primera línea política portuguesa tras una década fuera del foco mediático. Curtido en la gestión ministerial y con amplia experiencia parlamentaria tanto en Lisboa como en Bruselas, su liderazgo al frente del Partido Socialista se caracterizó por un aplicar una "política de Estado" que hoy constituye su principal activo, aunque también su flanco más cuestionado por sectores de la izquierda lusa. Su histórica decisión de facilitar los presupuestos de austeridad del conservador Passos Coelho en 2012, en pleno epicentro de la crisis financiera, consolidó su perfil de "moderado" dispuesto a priorizar la estabilidad sobre la ideología.
Hoy, aunque el PS le respalda para la segunda vuelta, ese apoyo llega sin un entusiasmo desbordante, reflejo de las tensiones históricas que marcaron su enfrentamiento con António Costa, quien le sucedería en la dirección del partido, y su desagradable salida de la primera línea política. De hecho, Seguro se ha proclamado como un candidato "libre" y sin ataduras partidistas. "En estas elecciones no hay partidos, hay candidatos", dijo tratando de convencer a un afiliado de Iniciativa Liberal (partido de derechas) para que votase por él este domingo.
Su campaña, deliberadamente alejada de las siglas del partido, ha buscado proyectar una candidatura transversal, con actos sobrios y un discurso centrado en la estabilidad y los consensos amplios. Todas las encuestas lo sitúan como virtual presidente desde la primera vuelta: ningún sondeo le concede menos de 12 puntos de ventaja sobre Ventura y varios estudios demoscópicos apuntan incluso a que podría doblar en votos al candidato ultra en el balotaje. Las últimas encuestas publicadas en la primera semana de febrero apuntaban a cerca de 25 puntos de diferencia.
Desde el inicio de la segunda vuelta, Seguro ha reiterado que su proyecto apuesta por una presidencia de consensos y mediación institucional, por encima de la política partidista. Según el propio candidato, el jefe de Estado debe ser capaz de "garantizar el funcionamiento normal de las instituciones", en contraste con la presidencia de Marcelo Rebelo de Sousa, cuyos diez años al frente del país se han caracterizado por un rol más activo y visible del que históricamente ha tenido el presidente en una república parlamentaria como la portuguesa.
La extrema derecha usa la campaña para consolidarse como "líderes de la oposición"
La convergencia de apoyos a António José Seguro ha sido notable y transversal. Sectores de la izquierda portuguesa, desde el Partido Comunista (PCP) hasta el Bloco de Esquerda (BE), han llamado explícitamente a respaldarlo como un voto que frene a la extrema derecha; mientras que figuras del centro y la derecha moderada, incluyendo dirigentes del PSD (la derecha tradicional lusa), expresidentes y personalidades independientes, también han manifestado su apoyo. Esta amplia coalición ha reforzado la narrativa de André Ventura como un candidato aislado y confrontado con el establishment político.
Aunque las encuestas apuntan a una derrota clara para André Ventura en la segunda vuelta, el líder de Chega ha convertido esta fase de la campaña en una oportunidad para presionar al principal partido de la derecha tradicional, el PSD, y para reivindicarse como referente de lo que denomina como "espacio no socialista". Ventura ha insistido en reclamar el liderazgo de la derecha portuguesa, subrayando que "quien aglutine a la derecha tiene más posibilidades de ganar", una lectura que busca desgastar al PSD desde dentro y animar a sus adherentes a no alinearse con las "fuerzas tradicionales".
Para Ventura el paso al balotaje representa una oportunidad para reconfigurar el campo de la derecha portuguesa. Esta postura se enmarca en la idea de que la campaña presidencial no es solo una contienda por llegar al palacio presidencial de Belém, sino una plataforma para forzar al PSD y a otros actores conservadores a adoptar posturas más radicalizadas y alineadas con su visión política.
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