La tensión se dispara entre Pekín y Tokio, con maniobras militares chinas tras las amenazas japonesas sobre Taiwán
China responde con maniobras con fuego real al aviso de la primera ministra nipona, la ultraderechista Takaichi, de que Japón podría ayudar a Taiwán en caso de ataque chino.

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Por si el pulso geopolítico y económico entre Estados Unidos y China no bastara para poner en el filo de la navaja la estabilidad en la región de Asia Pacífico, ahora la rivalidad entre Pekín y Tokio vuelve a emerger menos de un mes después de la llegada al poder de la nueva primera ministra nipona, Sanae Takaichi. De la línea más conservadora del derechista Partido Liberal Democrático (PLD) en el Gobierno, Takaichi es partidaria de una línea dura con el hegemonismo chino en Extremo Oriente y del cierre de filas total con Washington y sus aliados en la zona, entre ellos Taiwán, al que se muestra partidaria de ayudar militarmente en caso de conflicto con Pekín.
Este domingo, comenzaron los movimientos militares chinos con una patrulla naval en las aguas de las islas Senkaku, administradas por Japón, pero reclamadas por China bajo el nombre de Diaoyu, con la consiguiente protesta por parte de Tokio. Este ejercicio naval es solo el preludio de las maniobras a gran escala que entre este lunes y el miércoles desarrolla China en el mar Amarillo, en el pico más elevado de la escalada de tensión entre chinos y japoneses de los últimos días.
El detonante fueron las declaraciones de Takaichi la semana pasada, cuando afirmó que un ataque chino a Taiwán, que Pekín considera parte de su territorio, podría desencadenar una crisis que “amenazaría la supervivencia de Japón” y justificaría la intervención de las Fuerzas de Autodefensa niponas en apoyo de la isla rebelde y en respaldo de su aliado Estados Unidos, comprometido ya en la defensa de Taipéi, a pesar de que Washington no reconoce oficialmente su independencia de China.
Según dijo el 7 de noviembre Takaichi, la intervención nipona en un eventual conflicto en Extremo Oriente por Taiwán respondería al principio de autodefensa colectiva. El pasado lunes se reafirmó en sus palabras, aunque subrayó que se referían a una hipótesis.
Una ultraderechista al frente de Japón y con China como némesis
Desde que asumió su cargo el pasado 21 de octubre, Takaichi ha mostrado una línea de marcado nacionalismo en la diplomacia de su país. De 64 años y la primera mujer que se sitúa al frente de la política de Japón, Takaichi es un halcón ultraconservador que quiere reafirmar las Fuerzas de Autodefensa, como se denomina eufemísticamente al creciente poderío militar japonés, dado que la Constitución, modelada por la presión estadounidense tras la derrota nipona en la II Guerra Mundial, prohíbe la existencia de un ejército formal.
No importa cómo se denomine ese contingente de 250.000 efectivos, cuyo armamento supera, en tecnología y cantidad, al de la mayor parte de las naciones asiáticas y cuenta con un presupuesto anual que lo sitúa entre los diez mayores del mundo. Además, la posición estratégica de Japón en el Pacífico Occidental como portaviones de Washington, con 55.000 soldados estadounidenses en su territorio, casi el doble de los que mantiene en Corea del Sur, evidencia el potencial disuasivo nipón en la seguridad de Asia Oriental.
Contradicciones militaristas niponas
La Política Básica de Defensa Nacional japonesa asegura el mantenimiento de una estrategia exclusivamente defensiva y se compromete a no aumentar el poderío militar nipón para no provocar una crisis en sus países vecinos. La Constitución prohíbe de manera expresa el rearme y subraya que “el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como un derecho soberano de la nación y a la amenaza o uso de la fuerza como medio para resolver disputas internacionales”.
Nada más lejos de la realidad. Numerosas argucias legislativas han permitido incrementar año tras año los presupuestos de defensa de Japón y sus compras y desarrollo de armas de nueva generación. Ante la creciente presión de Corea del Norte y su desarrollo de misiles balísticos, Japón ha comprado sistemas de defensa antiaérea y suscrito varios pactos con EEUU para tal suministro y la integración en el sistema antimisiles estadounidense del Pacífico.
Esta semana, el Gobierno japonés insistió en que el despliegue “temporal” del sistema de misiles estadounidense Typhoon anunciado en septiembre en su territorio no está dirigido contra ningún país, pese a la alarma despertada en China y Rusia. Ese sistema dispone de misiles antiaéreos Standard SM-6 de largo alcance, pero también está provisto con misiles Tomahawk, que tienen un rango medio de 1.600 kilómetros y son una de las principales armas ofensivas de EEUU.
Con ese radio de acción, la Armada nipona podría golpear navíos de guerra chinos que se acercaran o asediaran Taiwán, pero también tendría a su alcance las costas chinas y las rusas de su región de Extremo Oriente.
Takaichi rompe la tradicional mesura diplomática nipona
Por tanto, a ojos de Pekín, no fue baladí que Takaichi “advirtiera” a China de que podría intervenir en un conflicto en Taiwán. Hasta ahora la política exterior japonesa había evitado pronunciarse sobre el papel que jugaría Tokio en caso de guerra en el mar de China Meridional y muy pocas veces había siquiera sugerido que podría intervenir militarmente en un choque armado de lado de Taipéi.
Sí lo hizo Shinzo Abe, el que fuera primer ministro japonés durante dos mandatos, también por el PLD, y que fue asesinado en 2022. Abe indicó en diciembre de 2021, cuando ya había dejado de ser jefe de Gobierno un año antes, que “una emergencia para Taiwán sería una emergencia para Japón” y también para su aliado EEUU. Asimismo advirtió de que un ataque a Taiwán supondría el “suicidio económico” de China.
Las “hipótesis” de Takaichi (en su momento, una protegida de Abe) han recordado las palabras de su mentor, pero han ido mucho más allá, alimentando la escalada de tensión entre los dos países. Tensión acelerada en los últimos tiempos por el rearme chino ante la presión de Estados Unidos en la región.
La espada de EEUU en Extremo Oriente
Las recientes amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de reanudar las pruebas nucleares, suspendidas por casi todos los países con poder atómico desde los años noventa del siglo pasado, han llevado también a la reconsideración por parte de China de la necesidad de incrementar su arsenal nuclear, paralelamente a sus avances en la fabricación de misiles y sistemas para dispararlos. Esto no solo no ha gustado en Tokio, sino que ha llevado a los sectores más militaristas de la derecha nipona a considerar, por enésima vez, la necesidad de dotar a su país de armas nucleares.
La propia Takaichi es favorable a una mayor integración defensiva con EEUU y así lo ha subrayado desde que llegó al poder y con China siempre en mente. El problema es que la economía china es vital para Japón y con palabras desmedidas es muy difícil mantener el frágil equilibrio de esas relaciones bilaterales.
Palabras que han avivado también los rencores ultranacionalistas entre chinos y japoneses en un momento muy delicado, justo cuando este año se han cumplido los 80 años de la derrota de Japón en la II Guerra Mundial y se han recordado las atrocidades cometidas en territorio chino por las tropas niponas desde finales de los años treinta hasta la conclusión de la contienda en 1945.
Taiwán es, además, el punto más sensible de la política exterior china. Autogobernada desde 1949, cuando sirvió de refugio a las tropas nacionalistas derrotadas en la guerra civil china, Taiwán es considerada por Pekín como parte inseparable de China, que nunca ha descartado la reunificación por la fuerza.
China utiliza la presión diplomática, económica y la militar
La respuesta de China a las advertencias de Takaichi fue inmediata y aún no ha cesado, como apuntan las maniobras con fuego real que comienzan este lunes. En una desusada salida de tono también ultranacionalista, el cónsul general chino en Osaka, Xue Jian, publicó una entradilla en la red social X en la que instaba a cortar “la inmunda cabeza” de la mandataria nipona. Poco después se retiró semejante mensaje.
Xu Jian es considerado uno de esos “guerreros lobo” de la diplomacia china que han optado por un tono agresivo, sin la habitual cortesía multifacética del servicio exterior de su país, y que no dudan desde su firmeza en llamar abiertamente enemigos a quienes lo son de facto.
El propio politburó chino afirmó, en ese mismo tono, que Japón pagaría “un doloroso precio” si interviniera en un eventual conflicto en el estrecho de Taiwán y su Ministerio de Defensa definió la advertencia de Takaichi como “extremadamente peligrosa”. Las redes sociales chinas vivieron una tormenta de reacciones en las que se denunciaba el “resurgimiento del militarismo” japonés.
Además, el Gobierno chino convocó al embajador japonés en Pekín por primera vez en más de dos años y el viernes advirtió a sus ciudadanos que no viajaran a Japón debido al “deterioro del entorno de seguridad”. Un golpe para la economía japonesa, pues el turismo chino es el más importante que visita el territorio nipón. Este domingo, en otra vuelta de tuerca, el Gobierno de Pekín instó a sus conciudadanos a “reconsiderar” sus planes de estudios en Japón debido a esos “riesgos para su seguridad”.
En otro ámbito más inquietante, China anunció las maniobras de este lunes. El Ministerio de Defensa taiwanés informó de que, en las anteriores 24 horas, ya había detectado una treintena de aviones de combate chinos cerca de los cielos de la isla y que otros siete navíos navegaban cerca de las aguas jurisdiccionales de Taiwán.
Los japoneses respaldan el militarismo de Takaichi
Esta crisis también ha puesto en alerta a la población japonesa, que comienza a mostrar cierta inquietud sobre la hipotética amenaza china. Así, en una encuesta realizada por la agencia de noticias Kyodo, un 48,8% de los consultados se mostró a favor de utilizar el derecho a la “autodefensa colectiva” junto a EEUU y contra China en caso de un ataque a Taiwán.
Según la encuesta, un 60,4% de los japoneses apoya los planes de Takaichi de elevar el presupuesto en defensa de Japón. La primera ministra nipona se ha comprometido a elevar esos gastos hasta el 2% del PIB para el actual año fiscal. Ni la posibilidad de que este dispendio frene la economía japonesa ni la reacción china al ultranacionalismo de Takaichi han rebajado su apoyo público. Al contrario, según la encuesta de Kyodo, revelada este domingo, el índice de aprobación del Gobierno de Takaichi es del 69,9%, esto es, un 5,5% de aplauso más que en la consulta que ese diario realizó en octubre.



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