Trump lanza un ultimátum a Irán para que abra el estrecho de Ormuz: amenaza con arrasar sus plantas eléctricas y evalúa atacar por tierra
EEUU redobla su bombardeo a Irán para que abra el estrecho de Ormuz y envía más marines a la región.

Irán está resultando ser un enemigo mucho más correoso que el imaginado al comienzo de la guerra por el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. El cierre parcial del estrecho de Ormuz está golpeando la economía mundial y también la de Estados Unidos, y, aunque Washington y Tel Aviv han multiplicado sus ataques en suelo iraní, Teherán no ceja en sus bombardeos a Israel y los países árabes del Golfo Pérsico. Incluso, uno de sus misiles ha alcanzado una base de EEUU y Reino Unido en el océano Índico, a 4.000 kilómetros, un alcance que no se atribuía a los cohetes iraníes.
Sabedores de que el cambio de régimen en Teherán puede ser una tarea casi imposible y que la guerra de resistencia de Irán puede hacerse interminable, EEUU e Israel ya manejan alternativas para doblegar al Estado persa, como destruir toda su infraestructura energética, especialmente las plantas de electricidad que sostienen a la población en momentos tan duros. Tampoco descartan el desembarco de fuerzas estadounidenses en las costas e islas iraníes.
Los últimos movimientos del Pentágono apuntan en ese sentido, con miles de marines de refuerzo enfilando hacia la región, acompañados de navíos de desembarco, y con ataques contra baterías, puertos y arsenales costeros iraníes, en lo que puede parecer el paso previo al establecimiento de una o varias cabezas de puente en algunos puntos de la costa iraní en el Golfo Pérsico. Tal intervención, apoyada por Israel, tendría muchas zonas oscuras, la primera el alto coste humano que podrían sufrir los invasores.
Además, las acciones de este tipo llevadas a cabo en las últimas décadas, en Afganistán o Irak, por ejemplo, solo crearon caos y la imagen de EEUU quedó maltrecha, como la superpotencia que deja siempre empantanadas sus iniciativas en el exterior. Libia y Somalia, sin tener esa intervención masiva terrestre de tropas estadounidenses, son otros dos ejemplos del fracaso continuo de la política exterior de Washington.
Un ultimátum a Irán
De momento, en la noche del sábado, Trump lanzó un ultimátum al régimen de los ayatolás. “Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 horas a partir de este preciso momento, Estados Unidos atacará y destruirá sus diversas centrales eléctricas, comenzando por la más grande”, indicó Trump en su red Truth Social a las 23.44 GMT.
La amenaza de Trump fue inmediatamente respondida por Irán, que advirtió, por su parte, de que si EEUU cumplía esa conminación, el ejército iraní atacaría a su vez toda la infraestructura energética estadounidense en la región. Irán ya está atacando puntualmente a sus vecinos árabes, sus plantas y refinerías de petróleo y gas, sobre todo después de que esta semana Israel bombardeara el yacimiento planta gasífera iraní de South Pars, la mayor del mundo. Irán respondió golpeando Ras Laffan, un complejo energético similar de Catar.
Uno de los temores en torno a esta capacidad de Irán para lanzar drones y misiles contra intereses de los países del Golfo aliados de Washington o donde el Pentágono tiene bases, y que no han podido anular ni los ataques de EEUU ni los israelíes es el impacto que una guerra abierta contra infraestructuras críticas puede tener sobre las desalinizadoras de esos Estados árabes. Si estas plantas son dañadas por Irán estará en juego la propia supervivencia en el Golfo Pérsico. Igual puede ocurrir si, en respuesta a una oleada intensiva de bombardeos estadounidenses e israelíes, Irán decide atacar las plantas nucleares de la región.
Pero todos estos riesgos no cuentan para quienes desencadenaron esta guerra con falsos pretextos y la están gestionando de una forma caótica. Este viernes, Trump descartó la posibilidad de un alto el fuego, en respuesta a las crecientes presiones internacionales y dentro de EEUU para detener la contienda y recuperar el flujo de crudo y gas por el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del tráfico mundial de esos hidrocarburos y un tercio de los fertilizantes.
Trump afirmó que no se podía firmar una tregua si se estaba ganando la guerra. Y aunque horas después, en su habitual cúmulo de contradicciones, decía que se podrían retirar fuerzas estadounidenses de la región, lo cierto es que los refuerzos del Pentágono hacia Oriente Medio están en marcha ya.
Una operación terrestre “muy arriesgada”
El objetivo oficial de este despliegue añadido a los cerca de 50.000 efectivos que tiene Washington en la zona sería asegurar la apertura del estrecho de Ormuz y el libre tránsito de los petroleros y busques mercantes. Pero, según indicaron fuentes oficiales estadounidenses a medios como CNN, Reuters o Axios, se contempla también la posibilidad de desplegar fuerzas de EEUU en algunas zonas de la costa de Irán en el Golfo Pérsico y la ocupación de lugares estratégicos, como la isla de Jarg, por donde pasa el 90% del petróleo iraní.
Esa isla ya fue bombardeada por EEUU el 13 de marzo, en concreto sus instalaciones militares, aunque Trump no descartó destruir las plantas de combustible, los depósitos y las refinerías en futuros ataques. Esto no lo llevaría a cabo si la intención final es desembarcar tropas estadounidenses en Jarg y apoderarse del petróleo allí almacenado. La toma de Jarg significaría una escalada bélica de consecuencias inciertas.
Las fuentes consultadas por Reuters indicaron que tal paso sería “muy arriesgado” para el ejército estadounidense. Y también para el propio Trump. Si ya ahora está creciendo el rechazo en EEUU a esta guerra anómala y sin apoyo legal internacional, la llegada de cuerpos de marines muertos en Jarg o cualquier otra zona de Irán, insular o en tierra firme, impactaría bajo la línea de flotación de la Administración del presidente que llegó al poder con la promesa de acabar con las guerras.
Según un alto funcionario de la Casa Blanca, “aún no se ha tomado la decisión de enviar tropas de tierra, pero el presidente Trump, sabiamente, mantiene todas las opciones a su disposición”. Entre los objetivos definidos hasta ahora como indispensables de completar está la anulación del programa nuclear de Irán, la aniquilación de sus fuerzas navales y la ruptura de la cadena de mando que relaciona a Teherán con las fuerzas del Eje de Resistencia chií y proiraní que funciona por toda la región.
También se cuenta entre las metas de EEUU e Israel con sus bombardeos la destrucción de la capacidad misilística de Irán. Se ha destruido buena parte de las lanzaderas de misiles y de sus fábricas para fabricar y ensamblar este tipo de armamento, pero el poder militar iraní sigue dando sustos a los estadounidenses en sus bases y embajadas en Oriente Medio, y a los israelíes en su propio país.
En el Pentágono saltaron todas las alarmas esta semana cuando Irán atacó con dos misiles la base conjunta estadounidense-británica de Diego García, a 4.000 kilómetros. Aunque ninguno de los aparatos causó daño algo, solo el hecho de que Irán disponga de misiles con ese alcance, cuando se creía que su máximo radio era de 3.000 kilómetro, desató ese nerviosismo.
Dudas sobre la capacidad de EEUU en un ataque terrestre
El despacho del portaaviones Gerald Ford, el mayor de EEUU, desde Oriente Medio hacia Grecia, donde debe ser sometido a labores de “mantenimiento” después de que se declarara a bordo un “incendio” (los iraníes dicen que fueron ellos), también reduce la posibilidad de que esas acciones terrestres pudieran ocurrir a muy corto plazo. Los insultos dedicados a los aliados europeos de EEUU, a los que Trump ha llegado a llamar cobardes por no contribuir a una fuerza de combate en el estrecho de Ormuz, apuntan a que el Pentágono no tiene suficientes dispositivos y personal militar como para lanzar esa “aventura” terrestre en Irán.
Un movimiento en la partida sobre el que planea el fantasma de la guerra de Irak, donde en 2003 EEUU desplegó más de 300.000 soldados, a los que se añadieron decenas de miles de más de sus aliados en la coalición internacional creada a tal efecto. Más de 4.500 soldados estadounidenses murieron en esa contienda y cualquier aproximación a esta macabra cifra en una eventual invasión de Irán, donde el ejército enemigo está mucho más cohesionado y la orografía del terreno es desfavorable, daría al traste con cualquier futura aspiración electoral de Trump en los comicios de medio término el 3 de noviembre y podría acelerar su eventual destitución por un Congreso dominado por los demócratas tras esa fecha.
Y están en el aire aún los 200.000 millones de dólares reclamados por el secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, que necesita debatir el Congreso. Esa multimillonaria partida sugiere que, efectivamente, está considerándose una eventual extensión de la guerra del aire a la tierra.
Una cabeza de puente en la isla de Jarg
El objetivo más lógico sería la isla de Jarg. Según indicaron fuentes relacionadas con la Casa Blanca al canal Axios, antes de esa “invasión” de Jarg sería preciso anular la capacidad militar de Irán en torno al estrecho de Ormuz. “Necesitaríamos cerca de un mes para debilitar aún más a los iraníes, tomar la isla y tenerlos cogidos por las pelotas a fin de usarlo (esa eventual victoria) en unas negociaciones”, aseveró esa fuente a Axios. Para esta operación terrestre limitada, sin embargo, se necesitarían muchas más tropas de las que EEUU tiene en la región, de ahí el despliegue en marcha.
Al parecer Trump tiene menos dudas que sus asesores. “Quiere Ormuz abierto. Si tiene que tomar la isla de Jarg para conseguirlo, lo hará. Si decide llevar a cabo una invasión en las costas (de Irán), eso ocurrirá. Pero esa decisión todavía no se ha tomado”, refirió la fuente.
Netanyahu también apuesta por atacar a Irán por tierra
Entretanto, el aliado de Trump y titiritero final de esta guerra, Netanyahu, se muestra cada vez más favorable a una operación terrestre en Irán, claro está, con los estadounidenses poniendo el grueso de los soldados. Empeñado en un segundo frente de la guerra de Irán en el Líbano, Israel quiere asegurarse de que el régimen iraní no sobrevive a esta crisis. Por eso, en estos momentos, las acciones israelíes parecen encaminadas a provocar una respuesta lo más desmesurada posible de Irán haciendo inevitable, en represalia, una invasión.
Este domingo, Netanyahu llegó a decir que “ya es hora” de que otros países se sumen a la ofensiva contra Irán, en recuerdo de aquella coalición internacional que invadió el vecino Irak.
"No se puede hacer una revolución desde el aire", subrayó Netanyahu esta semana. Y si son los soldados estadounidenses o los de otros países los que ayuden por tierra a encender esa “revolución”, Israel se encargará de brindar el apoyo, desde la distancia que le permiten sus misiles y drones, contra las infraestructuras y zonas densamente pobladas de Irán. A fin de cuentas es lo que aprendió a hacer muy bien en Gaza y lo que está haciendo actualmente en el Líbano, sea cual sea el precio en vidas civiles.


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