Trump quiere pactar con Xi Jinping pese a las brechas en torno al comercio, Rusia y Taiwán
El presidente de EEUU se reúne este jueves con el líder chino enfrentados por Rusia y Taiwán, pero con expectativas de alcanzar un pacto comercial entre Washington y Pekín.

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Tras el alto el fuego en Gaza logrado con sus presiones a Israel y ante la falta de avances en la guerra de Ucrania, que está resquebrajando la buena sintonía acariciada con Moscú en sus primeros meses de mandato, Donald Trump quiere dar a su cumbre bilateral con Xi Jinping este jueves una importancia muy especial. China es, de facto, el mayor rival de Estados Unidos, sin el lastre bélico que soporta Rusia, y el único capaz de desafiar su hegemonía económica global, especialmente en la región de Asia Pacífico, de ahí la necesidad de garantizar una sintonía entre los dos países a través de un acuerdo, siquiera verbal, entre sus presidentes.
Así, parece posible cierta tregua en la guerra comercial desatada a principios de año por la ofensiva arancelaria de Trump contra Pekín, que obtuvo una respuesta china muy contundente y de paso forjó cierto respeto por parte del jefe de la Casa Blanca hacia el líder chino. La conversación mantenida este lunes entre el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, y el jefe de la diplomacia china, apunta una frágil paz comercial que podrían suscribir Xi y Trump en Pusan. En esta ciudad surcoreana se reunirán los dos jefes de Estado tras participar en el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), que tendrá lugar en los próximos días en Gyeongju, a 90 kilómetros de aquella localidad portuaria.
Trump: la cumbre con Xi "va a salir muy bien"
"Vamos a ir a Corea del Sur y al día siguiente me reuniré con el presidente Xi. Como probablemente ya habrán oído, y me sorprendería que alguien no lo supiera, será una reunión muy, muy importante y creo que va a salir muy bien", afirmó este martes Trump en Tokio, durante una reunión con empresarios japoneses.
El presidente estadounidense llegó a Japón tras participar en Malasia en la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), como etapa intermedia antes de acudir a la reunión de la APEC y verse en Pusan con Xi Jinping. La Casa Blanca no ha descartado que, tras el encuentro con el presidente chino, Trump pudiera verse las caras con el líder norcoreano, Kim Jong-un, en Panmunjom, en la Zona Desmilitarizada que separa ambas Coreas desde 1953.
Ese lugar ya fue escenario de una cumbre entre Trump y Kim en el anterior mandato del presidente estadounidense. Ambos se reunieron entonces en tres ocasiones: en Singapur, en junio de 2018; en Hanoi, en febrero de 2019, y en Panmunjom, en junio del mismo año. Este lunes, Trump afirmó que estaba "cien por cien dispuesto" para una nueva cumbre con el líder norcoreano, pero los anfitriones surcoreanos no ven nada claro ese posible encuentro.
China, asunto prioritario para Trump
Antes de que eso pueda ocurrir, la prioridad es China y son muchos los cabos que atar con Xi y muy importantes para la propia seguridad geopolítica y económica internacional. Aunque la tensión comercial entre EEUU y China se rebajó tras el acuerdo "preliminar" que delegados de ambos países firmaron el fin de semana pasado en Kuala Lumpur, en el marco de la cumbre del ASEAN, la volubilidad de Trump marca con incertidumbre cualquier encuentro internacional que celebre.
Los dos países quieren estabilizar los aranceles respectivos que se impusieron meses atrás, tras la primera estocada lanzada por Trump en abril. Un anuncio de la prórroga de esos aranceles sería de gran calado para las economías de los dos países y repercutiría igualmente en el comercio internacional.
Asimismo, aprovecharán para abordar otros asuntos económicos de gran calado. Entre ambos países hay puntos de fricción notables, como la decisión de China de imponer una moratoria a la importación de soja procedente de EEUU, que ha derivado en auténtico pánico para ese importante sector agrícola estadounidense.
También está pendiente la firma de un acuerdo que permite a la china TikTok seguir operando en Estados Unidos sin que ello perjudique a su matriz china, ByteDance, a la que la Administración Trump acusa de ser una amenaza para la seguridad nacional de su país. Igualmente, está el tema del fentanilo, la droga sintética que se ha convertido en una plaga en EEUU y que es fabricada por los cárteles narcotraficantes mexicanos a partir de precursores químicos chinos. Se esperan avances entre Washington y Pekín para coordinar en este sentido la lucha antidrogas en torno a ese compuesto.
Las tierras raras, una espina entre Washington y Pekín
De una importancia estratégica es la cuestión de las tierras raras o minerales críticos chinos empleados en la fabricación de tecnología electrónica de última generación. China tiene buena parte del control mundial de la explotación de tierras raras. Recientemente, en medio de la guerra comercial desatada entre los dos países, Pekín anunció sus planes de restringir las exportaciones de esos elementos minerales, provocando la indignación de los fabricantes tecnológicos estadounidenses y de la Casa Blanca.
La reunión preparatoria celebrada en Malasia el pasado fin de semana entre chinos y estadounidenses permitió avanzar al respecto. El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, auguró que Trump y Xi podrían acordar un aplazamiento de los controles chinos a la exportación de tierras raras.
Según citó el canal de televisión CNN, Jamieson Greer, representante comercial estadounidense en esas conversaciones, presionó a los chinos para que ésta fuera la "última vez" que ambos países discutieran sobre las tierras raras. El propio Greer tuvo que admitir, sin embargo, que la cuestión de las tierras raras es un instrumento de presión en manos chinas y Pekín está dispuesto a ponerlo sobre la mesa de negociación las veces que sean necesarias.
Trump es aún menos fiable, incluso para Greer y Bessent, a quienes ha puesto en apuros en varias ocasiones, apostando por endurecer el pulso con China, por ejemplo, con la imposición de controles a la exportación de software de diseño de chips a China, que después hubo que renegociar contrarreloj.
Por eso, aunque es probable un consenso general entre Trump y Xi, no hay que obviar la posibilidad de algún desaguisado del presidente estadounidense durante la cumbre o en los días inmediatamente posteriores a la misma. Y Xi es también un contendiente correoso que también podría sacarse de la manga alguna disposición adicional para recordar que la pugna continuará hasta que los derechos chinos al libre comercio sean respetados totalmente, aún a riesgo de aplastar, como daños colaterales, las oportunidades de sus rivales comerciales.
Rusia y sus petroleras en la agenda de la cumbre
No obstante, hay otros oscuros nubarrones que podrían ensombrecer el encuentro entre Xi y Trump, o al menos desmerecerlo, al margen del choque de espadas comercial. Entre esas nubes que amenazan tormenta entre Pekín y Washington está la entente estratégica entre China y Rusia, con unas interacciones energéticas que desagradan a Washington y que Trump se encargó de sancionar la semana pasada.
Las sanciones impuestas por Trump a las dos mayores empresas rusas del petróleo, Rosneft y Lukoil, y a sus filiales supone un serio revés para las compras por parte de China del crudo y el gas rusos. De momento, las principales compañías petroleras chinas han suspendido la importación por mar de petróleo ruso y las cosas podrían ir a peor. Y China es el mayor comprador de crudo ruso.
Washington quiere que esta presión lleve a Pekín a interceder ante Moscú para que el Kremlin pare la guerra en Ucrania. Trump está empeñado en conseguir una tregua en ese conflicto, como hizo en Gaza con Israel. Pero al igual que en ese enclave palestino, donde Tel Aviv ya ha roto el alto el fuego, en Ucrania las cosas no son sencillas. El presidente ruso, Vladímir Putin, no acepta órdenes de nadie y consejos de muy pocos. Sí, quizá, de Xi Jinping, pero sobre todo porque entre China y Rusia hay suscrita una asociación estratégica que ninguno de los dos países va a romper por satisfacer a Trump.
El fantasma de una invasión de Taiwán con apoyo ruso
Y es aquí donde emerge el asunto de Taiwán, el mayor escollo geopolítico entre Estados Unidos y China.
Esta confrontación tuvo un pico al filtrarse semanas atrás un documento que afirma que Moscú estaría asistiendo a Pekín en unos supuestos preparativos para invadir Taiwán, la isla rebelde que en 1949 se desgajó de la China continental recién tomada por las fuerzas comunistas. EEUU es el principal aliado de la antigua isla de Formosa, a la que no reconoce oficialmente, pero sí considera como un bastión económico y militar para frenar el ímpetu chino en Asia-Pacífico.
Ese documento corresponde a un equipo de expertos denominado Royal United Services Institute (Instituto Real de Servicios Unidos, RUSI) que dicen haber contrastado y demostrado su veracidad. Cita archivos rusos sobre un programa de modernización de las fuerzas armadas chinas asistido por Rusia, transferencia de tecnología militar y equipos bélicos rusos avanzados, por ejemplo, para utilizar en un desembargo aerotransportado. Aunque no se cita expresamente a Taiwán, la alusión es evidente.
Todo ello en virtud de un supuesto acuerdo firmado en 2023, cuando la guerra de Ucrania ya llevaba más de un año en marcha. Fue entonces cuando en el Pentágono se empezó a hablar de que China podría lanzar su invasión de Taiwán en 2027 o, a más tardar, en 2030. Aunque Pekín rechaza una intervención armada en la isla rebelde, sin embargo, no la ha desechado por completo y así lo han subrayado algunos de sus dirigentes.
Según el think tank británico responsable de la filtración, lo más inquietante es el desconocimiento del alcance real de la cooperación militar entre Pekín y Moscú. Algunos detalles muestran que esa cooperación está acelerándose en lo que se refiere a la planificación de operaciones aerotransportadas a gran altitud para comandos que penetren profundamente en territorio enemigo. La experiencia rusa en Ucrania y el reconocimiento de los errores cometidos en las primeras etapas de la invasión lanzada en febrero de 2022 son aspectos muy reveladores del documento.
La alarma sobre la alianza entre Rusia y China favorece precisamente a Moscú. No se trata solo de desviar la atención hacia el potencial de una crisis en Extremo Oriente. La principal intención es mostrar el alcance de las "medidas asimétricas" que puede adoptar Rusia y su capacidad para llevar la inestabilidad a escenarios muy distantes del actual teatro bélico, una clave a tener en cuenta en posibles negociaciones sobre Ucrania.
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