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Un ataque que amenaza el proceso de reformas

El atentado hace temer retrocesos en la lucha por la democracia

TRINIDAD DEIROS

En un Marruecos inmerso en un proceso de cambio que, por primera vez en los 11 años de reinado de Mohamed VI, alumbra una esperanza de transición democrática, el atentado de Marrakech ha traído a la memoria de los marroquíes la masacre del 16 de mayo de 2003 en Casablanca.

Porque con las 45 personas que murieron aquel día se enterró también la voluntad democratizadora del régimen de Mohamed VI. En medio de la conmoción provocada por los atentados, el ala dura del régimen, encarnada en la cúpula de su aparato de seguridad, sacó partido de la tragedia. Al amparo del miedo, logró que, cinco días después de la matanza, el Parlamento sancionara casi por unanimidad una ley antiterrorista cuya aprobación había sido postergada antes durante meses por su carácter liberticida.

Una vuelta de tuerca represiva siguió a los atentados de 2003 en Casablanca

Esta norma fue la que ofreció el marco legal para una vuelta de tuerca represiva que se tradujo en miles de detenciones, en juicios abyectos y en el uso generalizado de la tortura. En el mar de chabolas de Sidi Moumen en Casablanca, de donde procedían los suicidas, policías a bordo de furgonetas llegaban y se llevaban a todos los varones mayores de 16 años; a todo el que llevara barba; a todos los vecinos de los terroristas.

La reacción del régimen marroquí en 2003 sienta un peligroso precedente ahora. Mohamed Neshnash, coordinador de la Organización Marroquí de Derechos Humanos (OMDH) y veterano militante socialista, aseguraba ayer estar "inquieto" y se preguntaba, en conversación con Público, sobre quién sale "beneficiado" de este atentado.

"Los sectores más retrógrados se oponen al cambio", asegura un experto

"Este ataque nos ha sorprendido en un momento en el que abordamos una fase de reformas, cuando la juventud se ha echado a la calle de forma pacífica y justo cuando el rey acaba de amnistiar a presos políticos, algunos de los cuales son islamistas. El atentado no beneficia a los integristas, algunos a la espera de ser liberados, ni a los demócratas, puesto que puede amparar los retrocesos".

En su opinión, los únicos que pueden obtener réditos del ataque son "los sectores conservadores que quieren torpedear el progreso, pero el marroquí ya no es un pueblo sumiso y esto no va a paralizar las reformas".

El catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid y experto en Marruecos Bernabé López García cree también que este atentado "puede hacer mucho daño" al proceso de reformas. El riesgo es que lo que López García define como "búnker" del poder marroquí su ala dura aproveche esta masacre para "intentar que la revolución popular se quede en un 15%".

"Nada es casual y existe una reacción al proceso de cambio por parte de los sectores del poder más retrógrados", concluye el profesor.

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