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Bill Clinton se gusta en el papel de guerrillero

Empezó en Iowa criticando a Obama por su postura sobre Irak y siguió en New Hampshire machacando inconsistencias

I.P.

Es una faceta que no se le conocía. La de guerrillero electoral. Empezó en Iowa, criticando a Barack Obama por su postura sobre Irak (“un cuento de hadas”), siguió en New Hampshire, machacando inconsistencias.

Continuó en los casino de Nevada y ahora va de puerta en puerta en Carolina del Sur, recordando su larga amistad con la comunidad afroamericana. Bill Clinton está irreconocible.

Al principio no se le veía mucho por la campaña. Metió la pata un par de veces, sobre todo al decir que se había opuesto a la guerra de Irak (cuando su mujer votó a favor) y aunque en los mítines atraía a mucha gente y empezaba con “Hillary esto” y “Hillary lo otro”, tenía la dichosa manía de recordar su presidencia, una arriesgada estrategia cuando se aboga por el cambio.

Pero ahora Bill ha encontrado su papel: destilar el veneno y dejar el mensaje para Hillary. Una versión demócrata de “poli malo, poli bueno”.

El ex mandatario ha llegado a tal punto de protagonismo que Obama, durante su encontronazo televisivo con la candidata el pasado lunes, reconoció no saber “contra quien estoy compitiendo”.

El tiempo lima las asperezas. Ocho años de Bush han dejado el escándalo Lewinsky y el traumático intento de impeachment en un recuerdo anecdótico, incluso nostálgico. Clinton, que tuvo sus altibajos con el partido, es extremadamente popular entre el electorado demócrata.

El nuevo papel tiene su precio. Hace dos días Clinton dimitió como asesor en el banco de inversión de uno de sus amigos, el multimillonario, Ron Burkle, debido a sus conexiones con el  emirato de Dubai. Pero mientras, se lo pasa bien. “Me gustó ver a Barack y a Hillary luchar de esta forma”, dijo en Greenville, (Carolina del Sur) a la mañana siguiente al debate, “me pareció divertido”.

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