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Los candidatos republicanos en EEUU: entre el extremismo, el populismo y el oportunismo

Los aspirantes del Partido Republicano a la Casa Blanca se enfrentan este sábado en Carolina del Sur. Ted Cruz, Marco Rubio y John Kasich pugnan por aglutinar el voto anti Donald Trump en un proceso de primarias que ha roto los esquemas tradicionales.

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Un hombre vestido con un disfraz de elefante, el símbolo de los republicanos. - REUTERS

Para los candidatos republicanos, las primarias de Carolina del Sur de este sábado y los caucus de Nevada del día 23 son dos citas cruciales que pueden contribuir a clarificar la competición a la espera de la gran cita del Supermartes del 1 de marzo en la que se celebrarán primarias en 12 Estados, incluido Texas con 155 delegados, más el caucus republicano de Alaska. Por el momento, los votantes están configurando un panorama de cierto paralelismo entre los dos grandes partidos: en ambos casos se perfila una competición entre un candidato outsider populista y un candidato insider experimentado.

Si en el bando demócrata esta competición bipolar está clara desde el principio, en el republicano las cosas están lejos de clarificarse todavía. Es cierto que la figura de John Kasich ha irrumpido con cierta fuerza después de New Hampshire, donde consiguió una segunda plaza, tras Donald Trump, que casi supo a victoria.. Pero no es menos cierto que queda todavía mucha competición y muchos candidatos en liza. Pese a lo sucedido en New Hampshire, Ted Cruz y Marco Rubio siguen por delante de Kasich en número de delegados. Todas las encuestas dan como ganador a Trump tanto en Carolina del Sur como en Nevada y tras él, Ted Cruz y Marco Rubio siguen siendo los preferidos, aunque Kasich podría dar alguna sorpresa y Jeb Bush se resiste a desaparecer de la escena.

Los republicanos tienen hasta el 14 de marzo para encontrar un candidato que sea capaz de aglutinar todo el voto anti-Trump

No hay que olvidar tampoco un dato técnico que resulta crucial: hasta el 14 de marzo, las primarias republicanas siguen el sistema de reparto proporcional de los delegados entre los candidatos, pero a partir del 15 de marzo se regirán por el sistema winner takes all, es decir, que con una mayoría simple el candidato que llega en cabeza se lleva todos los delegados del estado. Por tanto, los republicanos tienen hasta el 14 de marzo para encontrar un candidato que sea capaz de aglutinar todo el voto anti-Trump o, de lo contrario, podría ocurrir que Trump, aun sin tener el apoyo de una gran mayoría de los electores republicanos (en New Hampshire solo obtuvo el 35%), acabe consiguiendo la nominación. Un último detalle: el 15 de marzo serán las primarias de Florida (el Estado de Marco Rubio) y de Ohio (el Estado de John Kasich), además de en otros emplazamientos. En Florida los republicanos repartirán 99 delegados y en Ohio 66, en ambos casos el ganador se lo lleva todo. Habrá que estar muy atentos.

En todo caso, lo que sí parece innegable es que las primarias republicanas en esta ocasión están rompiendo con los esquemas tradicionales. La costumbre dentro del partido republicano era que el candidato del establishment, situado en el centro-derecha (aunque ese centro-derecha pueda parecernos muy de derechas desde una perspectiva europea), ocupase desde el principio un lugar privilegiado en las encuestas y en los medios merced a una sólida base financiera y al apoyo de relevantes personalidades del partido. Y frente a él, el resto de los candidatos, y especialmente los outsiders, competían entre sí para ver cuál de ellos podía llegar a plantar cara al "ungido".

Trump, el populista

En este ciclo electoral ese esquema ha saltado por los aires desde el principio cuando el outsider, Donald Trump, sin necesidad de apoyo financiero exterior, pues se está costeando la campaña con su fortuna personal, y gracias a su dominio de los medios, se ha convertido en el centro del debate y en el punto de referencia de los demás candidatos. ¿Cómo lo ha conseguido? Básicamente manejando con desparpajo unas pocas ideas muy populistas, que se podrían resumir en el rechazo de lo que llama politics as usual (que llevado a nuestro propio contexto podríamos traducir como "la vieja política"). Desde fuera, Trump puede parecer un histrión y sus propuestas ridículas, sin embargo, en amplias capas de la población, especialmente en la depauperada ex clase media blanca, su mensaje simple basado en "recuperar la grandeza de América" cala hondo. Es lo que suele pasar con el populismo. No es un fenómeno nuevo.

Donald Trump, tras un mitin en Sumter, Carolina del Sur. - AFP

Cruz, el extremista

A pesar de que su resultado en New Hampshire ha sido discreto (11,7%), no podemos perder de vista al senador de Texas Ted Cruz. Cruz es probablemente el miembro del Senado situado más a la derecha y sus propuestas no son menos peligrosas que las de Trump. Cruz. Con su lenguaje de telepredicador, ha sabido capitalizar el importante voto evangélico. ¿Qué se puede pensar de un candidato que comenzó su discurso como vencedor en Iowa diciendo que la gloria le corresponde a Dios y recordando que la nominación no la van a decidir ni los medios, ni el establishment de Washington, ni los lobbies? Quizás algunos piensen que Cruz debe estar exhausto tras combatir a tan poderosos enemigos, pero él lo dejó muy claro: "No estamos cansados en absoluto, estamos inspirados".

Ante el auge del populismo y del extremismo, ¿qué están haciendo los líderes del Partido Republicano y los grandes donantes que representan a los principales intereses económicos del país? Inicialmente, todo parecía indicar que su "chico" era Jeb Bush, gobernador de Florida y hermano del inefable George W., sin embargo, el poco tirón popular de este candidato, que no es capaz de quitarse de encima la etiqueta de aburrido, y el peso negativo que el apellido Bush supone ahora mismo, parecen descartarlo como candidato oficioso del aparato.

La silueta de Ted Cruz se refleja en una pancarta de su candidatura. - AFP

Kasich, el experimentado

Tras meses de búsqueda infructuosa del mirlo blanco que desde dentro del partido republicano le pudiese disputar la hegemonía a Trump, parece que el gobernador de Ohio, John Kasich, segundo en New Hampshire con un 15,8% de los votos, podría desempeñar dignamente ese papel. Kasich es lo opuesto de Trump en todos los sentidos: es un político "normal", posee una dilatada experiencia y, lo que es más importante, tiene un conocimiento real de los problemas, frente a un Trump cuyo profundo desconocimiento de las más elementales cuestiones de gobierno es simplemente aterrador.

Como presidente del Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes durante la era Clinton, Kasich propició el acuerdo para la aprobación de la Ley de equilibrio presupuestario. Como gobernador de Ohio, ha aceptado en su Estado la aplicación de la Affordable Care Act (Obamacare). Por estas y otras actuaciones es considerado como un moderado y no goza de la simpatía del Tea Party. Puede, además, presumir de unos buenos datos de empleo en su Estado y de haber logrado la reelección en 2014 con una amplia victoria. Ohio es, además, un swing state, es decir, un Estado en el que las elecciones presidenciales suelen ser muy disputadas, además de ejercer una gran influencia en la región industrial de los Grandes Lagos. Por tanto, su presencia en el ticket tendría un carácter estratégico.

John Kasich habla con un grupo de periodistas antes de un acto de campaña. - EFE

Rubio, el oportunista

El otro candidato de Florida, el senador Marco Rubio, tras su relativamente buen resultado en Iowa (tercera posición, empatado a 7 delegados con Trump), pareció surgir como una posible solución de recambio desde dentro del partido para intentar parar a Trump y a Cruz. Sin embargo, su resultado en New Hampshire ha sido bastante discreto (10,6%). En todo caso, Rubio no lo está haciendo nada mal recaudando fondos y podría tener su momento el 15 de marzo cuando se celebren las primarias en Florida.

Si hay algo que define a Rubio es su capacidad de adaptación, según algunos, o su falta de escrúpulos, según otros, para adoptar la ideología que mejor le convenga de cara a alcanzar el poder. Siendo un candidato inicialmente ligado al Tea Party, ha ido moderando sus posiciones progresivamente siempre que ha sido necesario. Desde ese punto de vista, el oportunista Rubio es el candidato perfecto de los grandes intereses empresariales.
Otro punto a su favor es que Florida es el swing state más poblado y que, en caso de una contienda ajustada, puede dar la victoria a un candidato o a otro, tal y como sucedió en 2000 con Bush frente a Gore. Para los republicanos resulta una opción estratégica que en el ticket definitivo haya un candidato de Florida, ya sea en la primera posición o en la segunda.

Marco Rubio en un parón publicitario durante un acto de campaña televisado por la CNN. - REUTERS

Carson, el último en liza

En el último lugar en número de delegados obtenidos hasta ahora se sitúa Ben Carson, neurocirujano retirado y único afroamericano en liza, que sigue relativamente bien situado en las últimas encuestas nacionales (en torno al 10%). Nadie le considera un candidato serio, por su falta de experiencia política ─nunca ha desempeñado un cargo público─ y su evidente falta de conocimiento en asuntos de gobierno, pero eso quizás en estos momentos no es un hándicap para las bases republicanas "echadas al monte" y Carson está capitalizando bastante bien el voto ultrarreligioso.

A medida que vaya avanzando la carrera y algunos candidatos vayan abandonando, los delegados obtenidos por ellos van a quedarse huérfanos y van a poder decidir su apoyo a los candidatos que permanezcan en la competición. Es muy probable que la influencia del Comité Nacional y de los grandes donantes se deje sentir en ese proceso y eso podría acabar beneficiando a Kasich o a Rubio, frente a Cruz o Trump. En cualquier caso la contienda en está ocasión está más abierta que nunca y no se descarta que haya que esperar hasta la propia convención, que se va a celebrar en julio, para decidir la nominación.

*El autor es profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Valladolid. Ha sido investigador visitante en el Washington College of Law (American University) y en la Universidad de Toronto.