El 'compromiso de Sevilla' para cooperación: defensa del multilateralismo sin concreción presupuestaria
Sevilla acoge la próxima semana la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo.
"La brecha entre las aspiraciones de desarrollo sostenible y la financiación [alcanza los] cuatro billones de dólares al año". El texto recoge buenas intenciones, pero no mecanismos efectivos para recaudarlos.

Sevilla-
La IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo, que se celebrará la próxima semana en Sevilla (FfD4 en sus siglas en inglés), llega en un momento en que el presidente de EEUU, Donald Trump, está en el camino de adaptar a su medida las reglas del juego y los entendimientos internacionales: todo ello a costa de dejar de atender por la vía de la cooperación y de la financiación al desarrollo los grandes retos globales de este tiempo. Las anteriores ediciones se celebraron en Addis Abbeba (Etopía, 2015); Doha (Qatar, 2008) y Monterrey (México, 2002).
"La emergencia climática, la crisis de la democracia que recorre el planeta, las amenazas sobre la agenda feminista, la escalada bélica que arrasa con la vida y provoca desplazamientos forzados, así como el aumento del hambre o de las múltiples desigualdades no pueden esperar. El mundo necesita una mayor voluntad política que se traduzca en compromisos y la movilización de recursos necesarios para materializarlos".
Así, con estas palabras resume la coordinadora de organizaciones para el desarrollo, que agrupa a 92 ONG (Organizaciones No Gubernamentales) y asociaciones, el escenario que afrontan los líderes —no estarán todos— que participarán en la conversación global de Sevilla, que culmina el jueves 3 de julio.
Diplomáticos y Gobiernos han venido negociando un texto, llamado compromiso de Sevilla —que hasta el cierre de la conferencia aún puede sufrir cambios, según fuentes gubernamentales—. Este documento consta de 66 puntos de acuerdo —según su último borrador de 16 de junio pasado— y rompe varias lanzas por el multilateralismo, en un contexto en que esta cuestión adquiere la máxima importancia, tras la deriva autorreferencial y belicista de EEUU, con amplios recortes de la solidaridad. Sin embargo, no recoge concreción presupuestaria ni los mecanismos para lograr los recursos que reclaman las ONG.
"No podemos permitirnos un retroceso en la cooperación multilateral. Estos desafíos globales superan con creces la capacidad de respuesta de cualquier Estado por sí solo. Para abordarlos, reafirmamos nuestro firme y continuo compromiso con el multilateralismo, la cooperación internacional y la solidaridad mundial, basados en el respeto mutuo y la acción colectiva. También reafirmamos nuestro firme compromiso con el derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas", se lee en el punto quinto del documento.
El texto está plagado de planteamientos de actuación de los que, en su mayoría, van en la dirección que las ONG y la sociedad civil señalan. Pero no es suficiente. Estas reclaman "voluntad política para pasar de las palabras a los hechos" e incluso algunas, a la vista de los acontecimientos y del borrador, pronostican que esta conferencia será una "oportunidad perdida".
El documento aporta una cifra mareante, la misma que manejan las ONG: "La brecha entre nuestras aspiraciones de desarrollo sostenible y la financiación para alcanzarlas ha seguido ampliándose, especialmente en los países en desarrollo, alcanzando un estimado de cuatro billones de dólares anuales".
Para conseguirla, el compromiso de Sevilla es, de momento, eso, un compromiso. No recoge mecanismos efectivos para recaudarlos. El texto en inglés está plagado de futuros —haremos, invertiremos, promoveremos...— y de verbos como reafirmamos, nos comprometemos, reconocemos....
Por ejemplo, el borrador recoge: "Decidimos lanzar un ambicioso paquete de reformas y acciones para cerrar esta brecha financiera con urgencia y catalizar inversiones en desarrollo sostenible a gran escala. Adoptaremos medidas concretas para mejorar el espacio fiscal, abordar los desafíos de la deuda de los países en desarrollo y reducir el costo del capital. Proporcionaremos y movilizaremos financiación adicional, innovadora, adecuada, asequible, predecible y accesible de todas las fuentes, reconociendo las ventajas comparativas de la financiación pública y privada".
En esa misma línea, añade: "Nos comprometemos a continuar la reforma de la arquitectura financiera internacional, mejorando su resiliencia, coherencia y eficacia para responder a los desafíos y crisis presentes y futuros".
Y más: "Movilizar recursos públicos nacionales adicionales y garantizar su uso eficaz y eficiente para lograr un impacto en el desarrollo sostenible requerirá una acción nacional decisiva para fortalecer los sistemas fiscales, promover su progresividad, desarrollar resiliencia financiera a largo plazo y alinearlos con el desarrollo sostenible".
Fiscalidad
Las ONG consideran que el "dinero existe", pero que "está escondido y no llega a quien lo necesita". El foco está claro dónde hay que ponerlo: "La cooperación para el desarrollo no es ajena al actual marco económico y político mundial que perpetúa las desigualdades múltiples entre los países y dentro de ellos. Los países del norte global poseen tanto los recursos para proporcionar apoyo financiero y técnico, como la responsabilidad moral de ayudar a superar estas desigualdades globales".
"Se necesitan 4 billones de dólares cada año para garantizar derechos y… ¿dónde están? Cuando más se necesita la paz… los gastos militares y las subvenciones fósiles se lo comen todo. En 2024 el mundo gastó 2,7 billones en armas y siete billones en subvencionar combustibles fósiles. ¿De verdad no se podría invertir mejor ese dinero? Se calcula que hay 25 billones de dólares escondidos en guaridas fiscales, sin pagar impuestos. Mientras tanto, millones de personas no tienen acceso a servicios básicos como agua potable, comida o educación. No se recauda, no se invierte. Resulta sorprendente comparar esa enorme cantidad de dinero escondida en guaridas fiscales con la brecha anual para cumplir la Agenda 2030, es decir, para garantizar una vida digna a toda la población mundial", constata la coordinadora de ONG.
Al respecto, el compromiso de Sevilla reconoce fallas —"las normas tributarias internacionales existentes a menudo no responden plenamente a las diversas necesidades, prioridades y capacidades de los países en desarrollo"—, pero una vez más, nada concreto, más allá de buenas intenciones.
"En un mundo globalizado y cada vez más digitalizado, los esfuerzos nacionales deben complementarse con la cooperación internacional, incluyendo una cooperación fiscal internacional inclusiva y eficaz, una mayor capacidad para recaudar ingresos y medidas sólidas para prevenir y combatir la evasión fiscal, los flujos financieros ilícitos y la corrupción", se lee en el punto 26 del documento.
Y en el 27: "Promoveremos la progresividad y la eficiencia en todos los sistemas fiscales para abordar la desigualdad y aumentar la recaudación. Promoveremos sistemas tributarios progresivos en los países, cuando corresponda, y reforzaremos los esfuerzos para combatir la evasión y la elusión fiscal de las personas con un alto patrimonio y garantizar su tributación efectiva, con el apoyo de la cooperación internacional, respetando la soberanía nacional. También promoveremos un gasto público eficaz y equitativo".
Las ONG lo tienen claro: "Solicitamos avances para la cooperación internacional en materia de fiscalidad efectiva de las personas físicas con grandes patrimonios. El propósito es lograr un estándar global de tributación mínima a las personas más ricas (milmillonarias o ultrarricas) con el horizonte de llegar al 1% más rico y más allá. Esta medida lograría recaudar cantidades importantes (250.000 millones de dólares, inicialmente), lo que sería clave para la redistribución de ingresos y para reducir la concentración de riqueza".
Deuda
Otra de las reivindicaciones históricas de la sociedad civil es la deuda, que, para las ONG, "es una losa que ahoga a millones de personas": "Más de 60 países dedican más dinero a pagar deuda que a la educación o la salud de su gente. En África subsahariana, la deuda está alcanzando niveles de hace más de 20 años. ¿Cómo llamamos a esto? ¿Crisis o abuso?"
El compromiso de Sevilla recoge 81 veces la palabra deuda y dedica a ello un capítulo entero titulado Deuda y sostenibilidad de la deuda: "En medio de sucesivas crisis, desastres, crisis climáticas y otras perturbaciones, los desafíos de la deuda soberana se han convertido en uno de los mayores obstáculos para alcanzar el desarrollo sostenible", reconoce.
"Si bien —prosigue el texto— los prestamistas multilaterales han aumentado los préstamos concesionales en respuesta a estas perturbaciones, muchos países en desarrollo enfrentan elevadas cargas del servicio de la deuda y costos de endeudamiento, lo que limita gravemente su margen fiscal, su capacidad para abordar la pobreza y la desigualdad, e invertir en el desarrollo sostenible. Si bien se han logrado ciertos avances en la reforma de la arquitectura de la deuda soberana, existe un amplio margen de mejora. Cuando los países buscan reestructurar su deuda, las reestructuraciones a menudo son tardías y demasiado largas".
Añade el borrador del compromiso de Sevilla: "Dado que la deuda, cuando se gestiona con prudencia, es una herramienta importante para financiar inversiones en desarrollo sostenible, debemos implementar una arquitectura de deuda orientada al desarrollo que fomente la toma y concesión de préstamos responsables; apoye a los países en desarrollo para reducir su costo de capital y mejorar su margen fiscal; logre reestructuraciones eficientes, justas, predecibles, coordinadas, oportunas y ordenadas; y se base en una mayor transparencia e información sobre la deuda, así como en un análisis sólido y transparente de la sostenibilidad de la deuda soberana, lo cual es crucial para el buen funcionamiento y la fijación de precios justos de los mercados de deuda".
Después, empero, el texto deja el asunto en manos del G-20, el FMI y el Banco Mundial: "Para restablecer la sostenibilidad de la deuda de los países y continuar trabajando para que las reestructuraciones de la deuda sean oportunas, ordenadas, eficaces, justas, negociadas de buena fe, predecibles y coordinadas, alentamos al G20 a seguir fortaleciendo el marco común para los tratamientos de la deuda".
"El sistema —lamenta la coordinadora de ONG— está diseñado para beneficiar a quienes tienen el poder y ya ganan. Las soluciones propuestas por instituciones como el FMI o el G20 son casi siempre insuficientes, cortoplacistas y favorecen aún más a los acreedores que cobran, no a las personas deudoras quienes sufren la deuda", analiza la coordinadora de ONG.
Más duro es Rodrigo Blanca Quesada, de Ecologistas en Acción: "El acuerdo mantiene un sistema a la medida del G20, el FMI y el Banco Mundial, basado en préstamos y principios voluntarios, insuficiente y desregulado: los financiadores, también privados, no tienen límites respecto a las condiciones que vinculan a los préstamos, poniendo en peligro derechos y prioridades esenciales para la vida, como la educación, la sanidad o la preservación de los ecosistemas".
"Las deudas histórica ilegítimas u odiosas que pesan sobre los países del Sur global siguen sin ser reconocidas. Al tiempo que continúa siendo mayor la riqueza que se transfiere desde los países empobrecidos hacia los opulentos, en servicio de deuda y en materias primas, que lo que reciben en ayuda al desarrollo o en inversión directa. El actual modelo es una trampa de deuda y extractivismo, una forma más de colonialismo".
El 0,7%, la gran promesa incumplida
"50 años dando largas. Desde 1970, los países ricos prometieron dedicar el 0,7% de su riqueza a la cooperación. En la práctica, esa deuda con los países empobrecidos ya suma 7,2 billones de dólares. Deberíamos preguntarnos quién debe a quién", expone con meridiana claridad la coordinadora de ONG. Esta es la gran promesa incumplida.
El compromiso de Sevilla se limita a recoger al respecto: "Reafirmamos la importancia de la ayuda como componente clave de la cooperación internacional para el desarrollo [...] y reconocemos la urgencia de realizar esfuerzos sostenidos para revertir las tendencias a la baja e instamos a los países desarrollados a ampliar y cumplir sus respectivos compromisos oficiales de desarrollo, incluido el compromiso de larga data de la mayoría de los países desarrollados de alcanzar las metas del 0,7%.
En estos momentos, solo cuatro países europeos —Dinamarca, Luxemburgo, Noruega y Suecia— cumplen o superan el 0,7% para cooperación, según la coordinadora de ONG. La media europea se sitúa en un 0,47%.
Los últimos datos, además, reflejan, en efecto, caídas: "Los fondos destinados a la defensa de los derechos humanos, la salud, la educación, la igualdad o la alimentación de las personas en situación de mayor vulnerabilidad han descendido por primera vez en ocho años. Los países donantes destinan tan solo un 0,33% para Ayuda Oficial al Desarrollo, muy lejos del compromiso asumido hace décadas para alcanzar el 0,7%"
La coordinadora alerta que, de hacerse realidad el anuncio de recortes por parte de varios países, singularmente EEUU, el descenso podría ser aún más pronunciado. "Las consecuencias, en un contexto mundial de graves y complejas crisis, serían incalculables", asegura la coordinadora.
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