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La corrupción salpica al Gobierno de Merkel

Un traficante de armas denuncia donaciones ilegales

GUILLEM SANS MORA

Pasados los primeros cien días, el segundo Gobierno de Angela Merkel deriva entre unas rebajas fiscales pospuestas por imposibles y escándalos de donaciones a los partidos que forman la coalición. Las nuevas acusaciones resucitan el fantasma de las cuentas negras de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en los noventa, mientras el nuevo socio, el Partido Libre Democrático (FDP), alimenta la sospecha de servir a sus grupos de apoyo.

Los liberales de Guido Westerwelle aceptaron en 2008 y 2009 una donación de 1,1 millones de euros de la empresa Substantia AG. El mecenas proliberal que regaló al partido la mayor suma de su historia fue el barón August von Finck, cuya familia posee la cadena de hoteles Mövenpick. La donación se registró correctamente pero, para la oposición, la cosa tiene un regusto corrupto. Lo primero que hizo el FDP en el Gobierno fue bajarles el IVA del 19% al 7% a los hoteles. Igual de correcta fue la donación en diciembre pasado de 100.000 euros a la CDU por parte de Schoeller Holdings, inversor naútico con una rama de hostelería.

La CSU, el partido hermanado de la CDU en Baviera, está ahora preocupada por donaciones del pasado. El bávaro Karlheinz Schreiber, ex vendedor de tanques y barcos de guerra, declaró ayer en un tribunal de Augsburgo que el partido mantuvo una caja negra en Suiza en la que depositó 1,4 millones de marcos (en euros la suma es aproximadamente la mitad) en 1991.

Extraditado por Canadá y acusado de evasión fiscal e instigación al fraude, Schreiber es la figura clave de un escándalo de una comisión de 200 millones de marcos por la venta de tanques alemanes a Arabia Saudí, facilitado por el Gobierno del canciller democristiano Helmut Kohl. Este amigo de los conservadores bávaros declaró ayer a través de su abogado que con el dinero "se hicieron pagos a partidos políticos alemanes y a políticos de estos partidos".

Schreiber es la figura clave de un escándalo de una comisión de 200 millones de marcos

Para disfrazar estos pagos, la CSU usó nombres de personas fallecidas. Este truco ya hundió a la CDU en 1999, cuando el partido en Hesse disfrazó de "herencias judías" algunas donaciones ilegales.

En un balance de los primeros cien días de esta legislatura, se le pueden atribuir cualidades proféticas al periodista holandés que incomodó a Merkel en su primera rueda de prensa tras el triunfo electoral del 27 de septiembre del año pasado. Rob Savelberg, corresponsal de De Telegraaf, preguntó a la canciller cómo podía confiar la gestión de las finanzas públicas de 82 millones de alemanes a una persona que admitió hace unos años haber recibido una maleta con 100.000 marcos.

Se refirió a Wolfgang Schäuble, ex tesorero de la CDU, y ahora ministro de Hacienda. "Porque esa persona tiene mi confianza. Siguiente pregunta", replicó Merkel. Schäuble no ha contado nunca qué fue de la maleta.

Los planes del ‘lobby’ nuclear ante un triunfo de Angela Merkel y los liberales de Guido Westerwelle ya se conocían antes de las elecciones, mientras que las presiones de otros grupos han ido surgiendo poco a poco para acabar colgando al Gobierno la acusación de clientelista. El acuerdo de coalición entre democristianos y liberales parece una lista de regalos para farmacéuticos, arrendatarios, empresarios de transportes o inversores financieros. El liberal Philip Rösler, ministro de Sanidad, ha nombrado como jefe de departamento a Christian Weber, hasta ahora vicedirector de la asociación de aseguradoras privadas de salud y considerado su principal ‘lobista’. Rösler planea dar más peso a los seguros privados en una reforma del sistema de salud.

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