La cumbre entre Trump y Putin acercará a EEUU y Rusia pero el fin de la guerra de Ucrania es cosa de Moscú
El presidente ruso acepta reunirse con Trump próximamente, pero el Kremlin deja claro que es Moscú el que marcará los tiempos para poner fin a la guerra de Ucrania.

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El juego en las sombras entre Rusia y Estados Unidos sobre Ucrania empieza a salir a la luz. Pero no significa que vaya a dar frutos en breve. El Kremlin confirmó este jueves que el presidente ruso, Vladímir Putin, ha aceptado un encuentro con el mandatario estadounidense, Donald Trump, propuesto por la Casa Blanca, y del que incluso ya se sabe el momento y lugar donde tendrá lugar.
El mandatario estadounidense ha reiterado su voluntad por poner fin a "la guerra de (Joe) Biden", su antecesor en el cargo y a quien culpa de dejar que este conflicto estallara. Sin embargo, Trump no esconde su frustración por su incapacidad para doblegar a Putin y llevarlo a negociar con Kiev a fin de poner fin a la guerra de forma clara y decisiva.
El Kremlin lo está dejando claro de palabra y hecho desde hace meses, cuando Trump empezó a insistir en la necesidad de parar la invasión comenzada en febrero de 2022: será Rusia la que marque los tiempos de la negociación y no cejará en los objetivos militares y geoestratégicos aún pendientes en Ucrania.
De momento, aunque Putin también parece dispuesto a reunirse, en un formato más abierto en el que Trump aparezca de mediador, con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, éste vuelve a ser el segundón de este proceso. Trump lo utilizó para intentar convencer a Putin de que EEUU podría volver a apoyar militarmente a Ucrania con la fuerza de Biden. Pero el líder ruso no se tragó el cebo.
El Kremlin considera que esta guerra requiere en primer lugar un acuerdo entre superpotencias, esto es, entre Trump y Putin, y el armisticio ya llegará si antes lo perfilan en reuniones previas equipos rusos y ucranianos. Zelenski se ha dado cuenta de la trama y por eso este mismo jueves reclamó la presencia de sus mejores aliados, los europeos, y en concreto alemanes, británicos, italianos y franceses, en las conversaciones que pudiera mantener con Putin y Trump.
El inminente encuentro entre Trump y Putin fue la propuesta que este miércoles llevó a Moscú el representante especial de la Casa Blanca para conflictos como éste o el de Gaza, Steve Witkoff. El enviado estadounidense se reunió con Putin y, aunque no hubo ningún anuncio al concluir su visita, las cartas ya estaban echadas.
¿Se verán las caras Putin y Trump la próxima semana?
Según confirmó el asesor del Kremlin para política internacional, Yuri Ushakov, la fecha “aproximada” para la reunión bilateral “se fijó para la próxima semana, pero las partes están empezando a prepararse para esta importante reunión y es difícil predecir cuántos días llevarán sus preparativos”. Es decir, podría haber retrasos en el encuentro. Ushakov también indicó que ya se acordó también el lugar de la reunión.
La última vez que se vieron las caras Trump y Putin fue en junio de 2019. El presidente ruso tuvo un encuentro con Biden al cabo de dos años en Ginebra. Después, Rusia invadió Ucrania y la relación entre el Kremlin y la Casa Blanca devino en confrontación. En lo que va de año, los dos mandatarios han hablado media docena de veces, con el trasfondo de Ucrania en esos contactos.
Incluso antes de su victoria en las presidenciales celebradas en noviembre del año pasado, Trump había prometido finiquitar la guerra de Ucrania en 24 horas. Después, tras la jura de su cargo el 20 de enero, alargó ese plazo a varias semanas, después cien días y finalmente hubo de reconocer que con los rusos había topado y que estos jugaban en un tablero diferente y con fichas distintas.
A la melosidad diplomática cercana al servilismo de Zelenski (que le llevó a ser despreciado por Trump en la emboscada política que le tendió en febrero en la Casa Blanca), Putin contrapone una parquedad evasiva muy difícil de asumir por el líder republicano. En realidad, el presidente ruso quiere constatar que, si bien EEUU es clave para alcanzar la paz en Ucrania, solo Rusia podrá poner la fecha de su conclusión, más aún cuando lleva la iniciativa militar y se ha apoderado de una quinta parte del país invadido.
La intención manifestada por el propio Putin es conseguir la conquista total de las cuatro regiones invadidas (Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón), la renuncia total de Kiev a integrarse en la OTAN, además de otras demandas que son repudiadas por Zelenski y el resto de los ucranianos.
La cumbre con Trump, prioridad para Putin. Con Zelenski, no
Los contactos mantenidos en las últimas horas por Zelenski y algunos dirigentes europeos, como el canciller alemán, Friedrich Merz, o el presidente francés, Emmanuel Macron, han resaltado su demanda de garantías de seguridad para su país en caso de negociación. Zelenski y sus aliados europeos también han apostado por la presencia de Europa en unas conversaciones de paz multilaterales.
Pero de momento solo está concretada la reunión entre Putin y Trump, y aunque la parte rusa no ha descartado un encuentro al más alto nivel con Zelenski, planteado también en Moscú por Witkoff, no parece que tal diálogo cara a cara vaya a producirse pronto. Ushakov indicó que el Kremlin dejaba esa posibilidad “sin comentarios”.
Putin también manifestó este jueves sus “peros” a una reunión trilateral en la que participe Zelenski: “Ya he dicho muchas veces que, en general, no tengo nada en contra. Es posible, pero para que esto suceda deben crearse ciertas condiciones. Lamentablemente aún estamos lejos de ello”, afirmó. Una de las demandas de Zelenski, que rechaza Rusia para la celebración de esa cumbre trilateral, es la aceptación por Moscú de un alto el fuego previo.
Representantes rusos y ucranianos se han reunido ya en Estambul animados por EEUU en tres ocasiones este año, en mayo, junio y julio. El único avance conseguido estuvo en el intercambio de prisioneros, dadas las diferencias abismales en las posturas de las dos partes. La distancia es astronómica especialmente en lo que se refiere a la remota posibilidad de que Ucrania pueda recuperar el 20% de su territorio anexionado por Rusia.
Aranceles y submarinos nucleares para asustar a Rusia
La reunión entre Putin y Trump puede tener gran importancia para la evolución del conflicto. Sin embargo, esta convocatoria ha estado marcada por las últimas presiones de Trump para conseguir un alto el fuego a toda costa, que al menos le permita al presidente estadounidense salvar la cara ante la negativa rusa a dar un paso consistente hacia el fin de la guerra.
Por eso, el presidente estadounidense dio un ultimátum a Putin, que termina este viernes, para que avanzara de alguna forma hacia la paz. La amenaza es castigar con aranceles secundarios del cien por cien a los países que están beneficiándose del petróleo y gas rusos más baratos, después de que el comienzo de la invasión llevara a los clientes europeos de Moscú a romper gran parte de los acuerdos para el suministro con los hidrocarburos rusos.
Esta amenaza de Trump de castigar con sanciones a los amigos de Moscú para que reduzcan sus compras del gas y el crudo rusos afectaría sobre todo a China y la India. De momento, ya este último país ha sido “castigado” con una subida arancelaria adicional del 25% precisamente por comprar petróleo barato a Rusia. Washington ya había impuesto un gravamen del 25% a las importaciones procedentes de la India para reducir el déficit comercial bilateral.
Como respuesta “asimétrica”, Putin recibió este jueves al asesor de Seguridad Nacional de la India, Ajit Doval, quien se encuentra en Moscú para abordar posibles acciones comunes dentro de la asociación estratégica que rige las relaciones de los dos países y ante a la represalia sancionadora de EEUU por la compra de crudo ruso.
La Casa Blanca cree que una adecuada presión económica sobre Rusia obligará al Kremlin a ser más receptivo a una negociación en Ucrania. Pero si bien es cierto que el daño del conflicto sobre la economía rusa ha sido significativo, la reconversión y reorganización del tejido productivo de la Federación Rusa para poner en marcha los engranajes de una auténtica economía de guerra, sumado a la riqueza en recursos naturales que no ha sido dañada por esta crisis, dan a Moscú una ventaja que no tiene Kiev. Tal economía de guerra permite al Kremlin atender a las amenazas arancelarias y de otras sanciones de Trump con una mueca de escepticismo.
Pero si bien la cúpula de poder rusa puede aguantar una notable presión económica, lo que no va a tolerar es una amenaza en sí. Cuando Trump anunció hace unos días que desplegaba un par de submarinos nucleares hacia las costas rusas, el Kremlin sonrió con desdén ante el potencial militar real de ese paso, pues un sumergible de ese tipo, dotado con los misiles balísticos más poderosos y de mayor alcance, da igual que esté a 300 que a 3.000 kilómetros de las ciudades de la Federación Rusa para tener el mismo poder de disuasión.
Una cumbre con aires de Guerra Fría
Sin embargo, ya solo el hecho de que Trump hiciera tal movimiento fue interpretado por Moscú como un gesto de amenaza, al mejor estilo de la Guerra Fría. Rusia respondió con el anuncio de que levantaba la moratoria al despliegue de misiles de corto y medio alcance que adoptó en 2019 tras abandonar el Tratado Internacional sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF) de eliminación de ese tipo de armas firmado en 1987 por la Unión Soviética y Estados Unidos.
Precisamente, en su primer mandato (2017-2021) Trump renunció al INF, por lo que la decisión rusa tenía igualmente un sentido simbólico. Si Washington enarbola armas atómicas como elemento disuasorio, debe recordar que Rusia es otra superpotencia nuclear.
“En una guerra nuclear no puede haber vencedores. Este es, seguramente, el principal postulado por el que nos guiamos”, afirmó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.
Con ese postulado y otros heredados de esa Guerra Fría que no concluyó tras la caída de la URSS, sino que simplemente se ralentizó, acudirá Putin a la cumbre con Trump. Y lo que realmente le fastidia al líder estadounidense, es eso precisamente: que haya países como Rusia o China que no tiemblan ante las cruzadas arancelarias más propias de potencias coloniales ni ante las amenazas a su propia seguridad de las que es tan ducho en enarbolar Trump.

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