Delcy Rodríguez sacrifica a figuras clave del chavismo y se rodea de perfiles tecnocráticos
Desde que la presidenta encargada juró como el cargo, el 5 de enero, el Ejecutivo ha realizado cambios en la cabeza de 14 ministerios.

A dos meses y medio del ataque y secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha realizado este miércoles 18 de marzo la mayor remodelación del gobierno desde que sustituyó a Maduro al frente del Ejecutivo venezolano. Los cambios afectan a siete ministerios —Defensa, Trabajo, Transporte, Energía Eléctrica, Hábitat y Vivienda, Cultura y Educación Universitaria—, a la Guardia de Honor Presidencial, a la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y a la Vicepresidencia Sectorial de Obras Públicas.
Desde que Delcy juró como encargada, el 5 de enero, el Ejecutivo ha realizado cambios en la cabeza de 14 ministerios, cuatro viceministerios, una vicepresidencia sectorial y el Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), lo que supone casi la mitad del gabinete heredado de Maduro. Un giro progresivo en el que Rodríguez se ha rodeado de figuras de corte pragmático más que ideológico, sacando de la ecuación a pesos pesados del chavismo madurista como Vladimir Padrino López, hombre fuerte dentro de la Fuerza Armada nombrado por Maduro hace doce años; el empresario Alex Saab, señalado como testaferro del presidente y removido en enero; o el propio Tarek William Saab, que renunció como fiscal general el pasado 25 de febrero tras casi una década en el cargo y fue reubicado primero como defensor del Pueblo encargado y ahora en una misión cultural bajo control directo de la Presidencia y de perfil reducido.
La última pieza en caer, Padrino López, se encontraba fuertemente cuestionado por las fallas de seguridad del 3 de enero, cuando fuerzas especiales estadounidenses penetraron en Fuerte Tiuna —el mayor complejo militar del país— y capturaron a Maduro sin encontrar resistencia más allá del último anillo de seguridad presidencial, formado mayoritariamente por guardias cubanos. El hombre que durante doce años garantizó la lealtad castrense al proyecto bolivariano, que se negó a sumarse al golpe contra Chávez en 2002 y que llegó a definir a sus subordinados como "soldados socialistas, revolucionarios y antiimperialistas", no pudo impedir ni anticipar la operación que descabezó al gobierno. Nombrado por Maduro el 24 de octubre de 2014 tras las masivas protestas de aquel año, Padrino se había convertido en el ministro de Defensa con mayor permanencia en el cargo en la historia de Venezuela. Bajo su mandato, los militares llegaron a controlar cerca de un tercio de los ministerios, la petrolera PDVSA, las aduanas, la empresa minera Camimpeg y el estratégico Arco Minero del Orinoco. Sobre él pesan sanciones estadounidenses desde 2018 y una recompensa de 15 millones de dólares por cargos de narcotráfico.
En su lugar, Rodríguez ha designado al general Gustavo González López, un hombre de inteligencia vinculado al entorno de los hermanos Rodríguez (Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, y la propia Delcy). González López dirigió el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) en dos períodos —de 2014 a 2018 y de 2019 a 2024—, fue ministro de Interior entre 2015 y 2016 y comandante de la Milicia Bolivariana entre 2011 y 2013. El 6 de enero, apenas tres días después del ataque estadounidense, Delcy ya lo había colocado al frente de la Guardia de Honor Presidencial, órgano encargado de velar por su seguridad. El movimiento del miércoles lo sitúa en la cúpula militar, confirmando que la presidenta encargada prioriza el control de inteligencia sobre el perfil doctrinario que representaba Padrino. González López, también sancionado por Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea por violaciones de derechos humanos, es descrito por analistas venezolanos como un cuadro leal a la familia Rodríguez.
Prima la lealtad y el carácter tecnocrático frente a la ideología
Esa lógica ya quedó de manifiesto en los primeros nombramientos de la era Delcy. El 6 de enero designó a Calixto Ortega —expresidente del Banco Central, ingeniero con formación en finanzas en las universidades estadounidenses de Rice y Columbia— como vicepresidente sectorial de Economía. Semanas después lo puso al frente del ministerio que venía ocupando Alex Saab, desde hace semanas desaparecido de la escena pública. El 2 de febrero nombró a Félix Plasencia, excanciller y diplomático de carrera formado en estudios internacionales con posgrados en Europa, como encargado de coordinar las negociaciones con Trump y, tras la normalización de las relaciones diplomáticas, como nuevo Embajador ante Washington. Ambos pertenecen a lo que en Venezuela se conoce como "el chavismo ilustrado", figuras con mundo, con formación técnica y con experiencia en interlocución con actores internacionales. Perfiles que contrastan con la vieja guardia militar e ideologizada que rodeaba a Maduro.
La remodelación del miércoles profundiza esa tendencia. Ana María Sanjuán, psicóloga social y analista política cercana al círculo intelectual de Delcy y Jorge Rodríguez, asume Educación Universitaria. Carlos Alexis Castillo, especialista en derecho laboral con doctorado en la Universidad Central de Venezuela y posgrado en la Complutense de Madrid, toma las riendas de Trabajo, una cartera donde se anticipan reformas de calado en la legislación laboral. Jacqueline Faría, ingeniera civil y vieja operadora del chavismo con experiencia en varias carteras, llega a Transporte en medio de protestas recientes en Caracas por el aumento del pasaje. Raúl Cazal, periodista y escritor con trayectoria en editoriales del Estado, sustituye en Cultura a Ernesto Villegas –otro viejo operador del chavismo que pasará a ocupar el cargo de defensor del Pueblo–.
La relación Estados Unidos sigue avanzando a un ritmo vertiginoso
La remodelación tiene lugar mientras la relación entre Caracas y Washington sigue alcanzando cotas impensables hace solo unas semanas. El 5 de marzo, el Departamento de Estado anunció el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas y consulares con Venezuela, rotas desde 2019. Ese mismo día, el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, visitó Caracas acompañado de dos docenas de empresas y Shell firmó acuerdos petroleros y gasíferos con PDVSA.
El 14 de marzo, la bandera estadounidense fue izada en la embajada en Caracas por primera vez en siete años, en lo que Laura Dogu, jefa de la misión diplomática, calificó como "el comienzo de una nueva era". Burgum llegó a afirmar que Venezuela había experimentado "más cambios positivos en dos meses que quizás en los últimos 20 años".
En ese contexto, la remoción de figuras sancionadas y señaladas por Washington como Padrino —y la anterior de Alex Saab, sobre quien pesaban cargos de lavado de dinero en Estados Unidos— se lee también como una señal hacia la Casa Blanca. Delcy construye un gabinete funcional a la triple exigencia del momento: mantener la gobernabilidad interna, avanzar en la apertura económica que demanda Trump y consolidar su propio poder frente a otras sensibilidades del chavismo.
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