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Diamantes cultivados a gran escala

Una nueva técnica desarrollada por investigadores estadounidenses permite obtener diamantes de gran tamaño, calidad, brillo y transparencia

J. Y.

Aunque hace ya tiempo que la ciencia arrebató a la naturaleza los secretos de los diamantes, la geología aún se reserva el privilegio de producir grandes cristales sin taras.

Al menos, hasta ahora. Una nueva técnica desarrollada por investigadores de la Institución Carnegie de EEUU permite obtener diamantes de gran tamaño, calidad, brillo y transparencia, no solamente para la industria de las gemas, sino para todas aquellas aplicaciones tecnológicas que aprovechan la dureza, resistencia, claridad o aislamiento eléctrico de este material, como cuchillas o componentes electrónicos de precisión.

La síntesis de diamantes es un área de investigación muy activa en el campo de la nanotecnología. El proceso de deposición química de vapor (CVD, por sus siglas en inglés) permite depositar carbono procedente de fuentes orgánicas variadas en finísimas estructuras de diamante recubriendo un sustrato, o bien crear diminutos cristales aislados. Recientemente, científicos mexicanos obtuvieron diamante empleando tequila como fuente de carbono.

La producción de grandes cristales aislados es un asunto diferente. Los científicos han tratado de emular las condiciones naturales de formación de estas gemas en el interior de la Tierra, a gran presión y temperatura. Para evitar que el diamante se convierta en grafito, se emplean presiones de hasta 60.000 atmósferas, pero el proceso es caro, lento y limita el tamaño y la cantidad de piedras que pueden obtenerse.

El nuevo estudio, dirigido por Russell Hemley y publicado en PNAS, emplea CVD a baja presión para fabricar cristales “sin límite de tamaño”, incluso de “miles de quilates” y de alta calidad. Un acabado a 2.000ºC transforma los cristales marrones que rinde la CVD en incoloros o ligeramente rosados.

Además de las aplicaciones tecnológicas, los científicos piensan también en la industria gemológica. No en vano las grandes corporaciones de este sector, como la surafricana DeBeers, han invertido grandes recursos en estos estudios. Pero los autores advierten de que no será fácil dar gato por liebre: la estructura de sus cristales permite distinguir los diamantes naturales de los sintéticos.

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