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Dnipro, la ciudad ucraniana que se acostumbró a la vecina guerra del Donbás: "Esperemos que Rusia no avance"

Mientras diplomáticos, servicios de inteligencia y la prensa mundial alertan de una inminente invasión rusa a Ucrania, los habitantes del centro-este del país sienten que tienen la guerra cerca desde 2014, pero siguen adelante con su vida. 'Público' lo cuenta desde la ciudad de Dnipro.

Búnker en Ucrania
nterior de un búnker soviético acondicionado en la actualidad para albergar a más de 200 personas en caso de guerra con Rusia. Juan Teixeira

La ciudad de Dnipro es la más importante del centro-este de Ucrania, la guerra del Donbás está a unos 200 kilómetros, en la frontera con Rusia, un conflicto que se desató en 2014, y sigue vivo, entre el Estado ucraniano y las milicias prorrusas apoyadas por Vladimir Putin. Dnipro, donde se habla mayoritariamente ruso, está en la teórica línea del avance ruso hacia el interior del país, el que pronostican desde hace semanas medios de comunicación y algunos expertos. Y tiene lógica porque esta ciudad es uno de los principales centros industriales de Ucrania.

Allí se mantiene la fábrica Yuzhmash, fundada en 1944 y una de las pocas instalaciones industriales estratégicas que sigue activa tras el fin de la Unión Soviética. Si bien es aún competitiva a nivel mundial, está pasando por su peor momento histórico. Este enorme complejo del sector aeroespacial acogía en tiempos de la URSS más de cien mil trabajadores, fabricaba los misiles que debían portar las cabezas nucleares para supuestamente atacar a EEUU durante la Guerra Fría y vivió de colaborar con el programa espacial ruso. Ahora quedan apenas unos pocos encargos para la industria espacial norteamericana, Elon Musk incluido.

Ucrania ha vuelto a la palestra de la actualidad por los rumores de guerra inminente, tal y como proclaman diplomáticos, servicios de inteligencia y la prensa mundial, pero los ciudadanos de a pie, en la ciudad de Dnipro, lo viven de otra manera, o al menos así lo han revelado algunos residentes de esta ciudad a Público.

"Espero que no ocurra" la invasión rusa a Ucrania o que la guerra llegue hasta Dnipro. Es la frase más escuchada cuando se pregunta a los habitantes de esta ciudad sobre esa eventualidad. Los más jóvenes, adolescentes y veinteañeros, no llegan ni a eso porque para esta generación no hay diferencia entre guerra y paz. Las autoridades de Kiev llevan desde 2014 hablando de que la guerra ruso-ucraniana es un hecho, desde que los rusos ocuparon la península de Crimea y en el Donbás se organizaron las milicias prorrusas, pero ni siquiera están rotas las relaciones entre los dos países.

Las víctimas del Donbás

El conflicto del Donbás ha causado miles de muertos desde entonces, la mayoría en el propio Donbás, pero también en otras regiones. La de Dnepropetrovsk, cuya capital es Dnipro, es la más afectada fuera de la propia zona de la guerra. De los más de 13.000 muertos en este conflicto, más de 600 son de la región, y en el cementerio militar de Dnipro hay más de 300 víctimas, de las cuales, unas 90 siguen sin identificar. Otros 10 cuerpos sin vida están identificados al 99% por su ADN, pero sus familias no reconocen su muerte y se aferran a la esperanza de que estén prisioneros y un día vuelvan a casa. Es un problema psicológico, explica Yulia, trabajadora del Ayuntamiento de Dnipro, y quién en 2014 y 2015 ayudó como voluntaria a las tropas ucranianas que combatían en la vecina Donbás.

Las secuelas de este conflicto son extensas. En el caso de Vadim participó en la guerra y fue hecho prisionero por tropas que él cree que eran soldados regulares rusos, lo asegura así por el acento de sus captores. Fue liberado en un intercambio de prisioneros, pero ni olvida ni perdona. A Vadim no le preocupan los nuevos rumores de guerra porque para él este conflicto no ha parado desde 2014. Ahora trabaja en el museo de la guerra del Donbás, el primero de este tipo en Ucrania. A su juicio, en este momento las fuerzas ucranianas están mucho mejor equipadas que en 2014 para afrontar cualquier amenaza bélica pero, aun así, considera que hará falta la ayuda internacional en caso de que "Putin ataque de nuevo con todas sus fuerzas".

Alena, de 27 años, se siente engañada. Les dicen que nadie va a atacar Ucrania, pero ella no les cree. Para esta joven, la clase política ucraniana utiliza el conflicto "para poder seguir haciendo lo que les plazca" sin interesarse realmente por los ciudadanos. Su desencanto por la política es el mismo que el de muchos otros ucranianos ruso hablantes, pues creen que no hay opción que defienda sus intereses.

La brecha social

En Dnipro hay también una comunidad judía importante, de unas 40.000 personas que no para de crecer, sin preferencias políticas (en teoría) y que sabe defender sus intereses. Para Zelig Brez, presidente de la comunidad judía de esta ciudad, Vladimir Zelenski, un comediante convertido en 2019 en presidente de Ucrania, es un hombre muy sabio. Esta comunidad ha construido el mayor centro judío del mundo, un enorme complejo de siete torres, con acabados en mármol traído de Israel, que rodean la principal sinagoga del país. Una buena parte de la financiación para la construcción de este complejo vino de Igor Kolomoskiy, el que fuera el principal promotor de Zelenski en sus tiempos de actor y showman.

Brez deja claro que los judíos no quieren que Dnipro pase a dominio ruso y advierte de que si tienen que defender la ciudad, lo harán. Preguntado sobre cómo puede convivir su comunidad con elementos nacionalistas de este país que vanaglorian a los voluntarios ucranianos en la SS alemana durante la Segunda Guerra Mundial, Brez reconoce que es una tendencia preocupante en toda Europa, pero que en Dnipro todos los grupos étnicos conviven en total armonía. Mientras tanto, su comunidad se ha convertido prácticamente en un holding, tiene un hotel, centro de exposiciones, tiendas y siguen ampliando activos. Cuentan con un centro de salud propio y planean construir un hospital privado. Uno de sus últimos éxitos es haber vacunado contra el covid-19 al 40% de los ciudadanos de Dnipro.

Pero mientras los judíos celebran su buen momento económico, muchos otros en Dnipro ven cómo su economía va en detrimento. Los trabajadores de Yuzhmash son el mejor ejemplo, añoran cuando fabricaban los misiles militares y se lamentan de que ahora sus principales programas se encuentran "congelados". Y esta suspensión puede convertirse en una cancelación a futuro si se cancela la colaboración con Rusia. Este no es un hecho aislado, pues casi toda la industria ucraniana se encuentra en una situación de mayor o menor crisis debido a las discrepancias con el Kremlin.

Dnipro representa muy bien a esa Ucrania que vive ajena a la voz de alarma mundial por la supuesta "inminente guerra" con Rusia. Esa Ucrania donde ni la política, ni el idioma que hablan, importa tanto como la ausencia de perspectivas económicas, oportunidades para los jóvenes o el desencanto con la clase política.

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