El dólar flaquea por la escalada arancelaria y la indisciplina fiscal de Trump
El valor del billete verde americano entra en barrena al retroceder un 10% tras la errática política económica de la versión Trump 2.0, que ha abandonado la estrategia del dólar fuerte en medio de una sucesión de críticas que alertan de que, en esta ocasión, ha iniciado su declive global.

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"En esta ocasión, es realmente diferente, el dólar ha entrado en una fase de desajuste de valor estructural". Quien así expresa la caída libre que ha experimentado el billete verde americano desde la toma de posesión presidencial de Donald Trump es Kenneth Rogoff, execonomista jefe del FMI, profesor de Harvard y autor de Nuestro Dólar, Su Problema, un ensayo que subtitula de forma elocuente: una visión desde dentro de siete décadas turbulentas de finanzas globales y el camino por delante.
Rogoff es una persona non grata, incómoda en la versión Trump 2.0 que ha recreado Heritage Foundation en torno al Project 2025 para que el nuevo inquilino de la Casa Blanca pueda dar rienda suelta a las represalias ideológicas de lo que los conservadores llaman pensamiento woke progresista. Aunque, pese a las embestidas del movimiento nacional-populista que ha vuelto a encarnar el Grand Old Party (GOP) bajo la batuta trumpista, siga siendo uno de los economistas de mayor prestigio de EEUU. No precisamente bienvenido en el templo del MAGA (el lema de Trump, Make America Great Again), que se ha lanzado una cruzada contra lo que denominan dictadura woke que -dicen- ahora se quiere apropiar del dólar americano.
En este contexto de crispación bipolar en el que se ha asentado la sociedad estadounidense se enmarca el episodio de mayor devaluación del billete verde en los mercados cambiarios que, en apenas cuatro meses del segundo mandato de Trump, ha vivido la peor etapa de pérdida de peso de su historia reciente.
Este decálogo ayuda a entender que, en esta ocasión, el descenso acumulado del 10% de su cotización frente a la cesta de monedas internacionales que sirve de referencia cambiaria es un fenómeno estructural.
1.- El dólar ya estaba en declive (…) Y Trump acelerará el proceso. Es el guion que sigue Rogoff, que asegura que la caída libre del dólar se explica en la "insensata mentalidad" del mandatario norteamericano, que "ha hecho estragos en las economías global y estadounidense". A su juicio, "entre sus víctimas estará la supremacía" de la divisa de EEUU. Pese a que, a buen seguro, será todavía la moneda dominante durante "un par de décadas".
2.- Varios parámetros demuestran que el retroceso de su valor es estructural. El dólar no solo es el indiscutible patrón cambiario. Desde el mandato del también republicano Richard Nixon (el único presidente americano con el triste honor de haber abandonado voluntariamente la Casa Blanca (en este caso, para evitar un impeachment o proceso de destitución contra él por el caso Watergate y por haber mentido al pueblo americano nada más iniciar su segunda legislatura, una doble ironía trumpista del destino) cuando sacó al dólar del patrón oro, puso aranceles del 10% al mundo e introdujo controles temporales a los precios. En este más de medio siglo -corría el año 1971- el dólar nunca había sufrido tanta humillación cambiaria.
Hay una serie de barómetros que sirven para calibrar el estado de su hegemonía monetaria. Es la divisa en la que se negocia el barril de crudo y la práctica totalidad de las materias primas, una chequera que sigue gobernando con mano de hierro, la que más se usa en las transacciones comerciales, aún con amplio dominio, pero con menor intensidad -en especial, desde que EEUU vetó el dólar como moneda de cambio al Kremlin por la invasión de Ucrania- y la más empleada por los bancos centrales que atesoran en sus arcas divisas exteriores para capear hipotéticas turbulencias financieras o ataques con devaluaciones masivas hacia sus monedas.
Es en este último mayorazgo donde más se ha resentido su liderazgo, al pasar de dominar el 80% de la cesta monetaria global al 57% de esas reservas internacionales. Además del 54% de la cuota exportadora y del 88% de las transferencias globales al inicio de la versión Trump 2.0, según el equipo financiero de Atlantic Council. Frente al 20%, 30% y 31% que le corresponde al euro. Ambas muy por delante de la libra, el yen y el renminbi, la divisa que cotiza en mercados cambiarios por el yuan chino.
3.- La cotización más baja desde 2021. La pasada semana, el dólar volvió a resentirse de otro arrebato tarifario de Trump. Cuando los mercados respiraban por el positivo reencuentro negociador en Londres entre EEUU y China, el presidente americano volvió a anticipar su intención de registrar nuevos aranceles recíprocos. Por lo visto, con independencia del diálogo bilateral abierto con la mayor parte de los países.
La incertidumbre comercial empujó al Índice Bloomberg Dollar Spot a descender hasta el nivel cambiario más bajo desde julio de 2021. Después de que los inversores mostraran cierto alivio por unas presiones de precios menos intensas de las esperadas, Vasileios Gkionakis, analista en Aviva, admite que "revela una erosión de confianza en los activos estadounidenses" y retarda la esperada rebaja de tipos de la Reserva Federal más allá de verano, según los últimos designios de consenso en el mercado.
4.- Números rojos achacables a los aranceles. La lectura bursátil identifica desde hace meses que la contracción, finalmente de 2 décimas, del PIB en el primer trimestre tiene como causa de origen único la escalada arancelaria. Antes navegaba, durante la segunda mitad del mandato de Joe Biden, a velocidad de crucero y con una inflación persistente, pero a la baja, lista para que la Reserva Federal rebajara tipos. Ahora, el Gobierno de Trump importa tensión de precios por su proteccionismo comercial y presiona a la autoridad monetaria saltándose dos de los principios rectores más dogmáticos de la doctrina neoliberal. También se enfrasca en una política presupuestaria indisciplinada de rebaja de impuestos y subida de gastos federales, preferentemente en el feudo militar.
5.- Pérdida de la Triple A por displicencia presupuestaria. La agencia Moody’s acaba de retirar a EEUU su última triple A, nota crediticia que otorga la excelencia y facilita el acceso crediticio a los mercados de capital. Ha sido la última de la triada de firmas de calificación que dominan los ratings soberanos y corporativos. Standard & Poor’s lo hizo en 2011 por la factura que se llevó el sistema bancario tras el colapso financiero de 2008 y Fitch Rating en 2023 por el traspaso a las arcas del Tesoro de los costes del billonario programa de estímulo fiscal liberado para sacar a la mayor economía de la pandemia.
El dólar, como toda moneda, permanece sensible a la política económica y la de Trump no es de su agrado. Contiene -dicen los analistas de Moody’s- señales de suma preocupación que llevará el déficit al 9% del PIB en 2035 y a la deuda federal -solo la soberana-, que quedó establecida al término de 2024 en el 98% del PIB, a sumar otros 10 puntos en ese periodo. Moody’s aprovechó la rebaja de nota para enfatizar que la deuda total -federal, empresarial y de hogares- ya supone el 124% del PIB, más de 36,4 billones de dólares. Repuntará otros 10 puntos, alerta la agencia.
6.- A Trump no le salen las cuentas. Su pomposa denominación de ley fiscal -One Big Beautiful- aumentaría el PIB anual entre 2025 y 2034 un 0,6%, pero reduciría los ingresos del Tesoro en 4,1 billones de dólares, el tamaño de la economía de India, quinta del mundo, y contribuiría al temor lanzado por Moody’s sobre la insostenible senda presupuestaria de la Administración Trump.
Por si fuera poco, los ingresos por aranceles no solo no cubrirán la merma recaudatoria de su otra medida estelar, una nueva rebaja de impuestos a las rentas personales y los beneficios empresariales de mayor calado que la que firmó en 2017 -su afamada Tax Cuts and Jobs Act, aún en vigor-, sino que parece que se quedará lejos de poder financiar una parte sustancial de la misma.
En abril, la escalada arancelaria dotó a las arcas del Tesoro de 16.500 millones de dólares, un récord con trampa, después de varios decenios de gravámenes a la importación bajos por los acuerdos de libre comercio. Todos procedentes del sector privado y, principalmente, del arancel base del 10% que se mantiene operativo durante los 90 días de tregua ordenada por la Casa Blanca para negociar las tarifas recíprocas: del 25% sobre el acero y el aluminio -un clásico en las guerras comerciales americanas que luego elevó al 50%- y del gravamen a los automóviles.
En mayo, los cálculos oficiales hablan de ingresos de 22.300 millones, según avanza la Oficina Presupuestaria del Congreso.
7.- Un riesgo de infarto a punto de suceder. Ray Dalio, una de las voces con más predicamento de Wall Street, detecta "peligro de infarto" por la ingobernable gestión de una deuda que podría precipitar otro colapso crediticio si Washington no aborda ajustes que chocan frontalmente con una coyuntura en recesión y una filosofía presupuestaria que apuesta por gastos en Defensa y rebajas tributarias. Tax Foundation, think tank independiente, comparte esta teoría y dibuja una hoja de ruta pedregosa.
Los aranceles desde mayo de 2025 hasta el mismo periodo de 2034 se encargarían se sumar 2,1 billones de dólares al Tesoro, cantidad muy alejada de los 5,3 billones que le restarían los recortes impositivos. Tanto como el PIB de Alemania o Japón dentro de dos años. Todo ello añadiría déficits de 521.000 millones de dólares anuales, esencialmente por el repunte de fondos militares y para el control de la migración.
8.- Trump no inició la caída del dólar, pero se ha convertido en su acelerador. Es otra frase de Rogoff que ilustra a la perfección las secuelas de la doctrina MAGA. Trump no ha hecho todavía una defensa convincente de la política del dólar fuerte que ha regido los destinos de EEUU desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Le resulta crucial para corregir el voluminoso y estructural déficit comercial de un mercado con elevada demanda del exterior. Pero, sobre todo, lo que ha trastornado la seguridad monetaria del billete verde hasta perder su estatus de refugio inversor -como alertan analistas como Yves Bonzon, Chief Investment Officer (CIO) del banco suizo Julius Baer- es una receta comercialmente proteccionista y contraria a la tesis neoliberal de defender el libre tránsito de bienes, servicios y capitales y la disciplina fiscal. Pese a que se manifiesten favorables a una baja presión impositiva.
Rogoff y Bonzon también comparten que el llamado "excepcionalismo estadounidense" -dícese de un fenómeno de ciencia ficción que asegura que invertir en Wall Street ofrece mayores cotas de beneficios que en cualquier otra plaza bursátil del planeta- se ha tomado una siesta que tiene visos de ser duradera.
9.- Los bonos del Tesoro justifican la debilidad monetaria norteamericana. Los bonos a 30 años, los que mejor detectan la confianza en el futuro a largo plazo de la economía de EEUU, registran unos rendimientos del 5%. Demasiados riesgos en el clima inversor, que han contagiado durante la mayor parte de los cuatro meses de gestión de la Administración Trump a las acciones, a los bonos corporativos y a otros vehículos financieros. Aunque en mayo el S&P 500 llegó a los 6.000 puntos, cota descartada por el mercado. Solo por la posibilidad de un acuerdo con China y la UE y por las expectativas de una cierta claudicación de Trump sobre su política comercial. Nada más lejos de la realidad, como se comprobó la pasada semana con su insistencia en marcar el nivel de los aranceles recíprocos.
10.- ¿Es la hora del euro? Philippe Legrain, exasesor económico de la presidencia de la Comisión Europea e investigador de la London School of Economics, cree que los inversores buscan desde el retorno de Trump, "desesperadamente", alternativas seguras a los bonos americanos, por lo que la UE, en general, y el BCE y la zona del euro, en particular, se enfrentan a una oportunidad sin precedentes para emitir eurobonos y reforzar la influencia del euro.
Mutualizar los bonos en torno al bund alemán, como piden en sus informes sobre competitividad y mercados de capitales los antiguos primeros ministros italianos Mario Draghi y Enrico Letta, "es una decisión audaz" que otorgaría a Europa "una mayor autonomía crediticia" y al euro un "valor exterior" capaz de competir con un dólar en estado moribundo.
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