La revuelta contra los macrocentros de datos se cuela en la campaña de las 'midterms' y pone en un aprieto a Trump
El 38% de los estadounidenses vive a menos de ocho kilómetros de distancia de al menos una de estas instalaciones.

Washington--Actualizado a
El senador independiente Bernie Sanders y la congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez iniciaron el año pasado una gira contra los oligarcas tecnológicos. El tour, que hizo parada en los condados que fueron cruciales para la derrota en 2024 de la candidata demócrata Kamala Harris frente a Donald Trump, buscaba crear una nueva gran mayoría progresista en torno a la idea de luchar contra los gigantes de Silicon Valley.
Ahora, esa abstracción contra la que arremetían Sanders y Ocasio-Cortez ya tiene cuerpo: centros de datos gigantes que, allí donde se instalan, compiten con la población local por el agua y la electricidad. Estas instalaciones que se extienden a lo ancho del país son el epicentro de la carrera por el desarrollo de la IA que libran Estados Unidos y China. Asimismo, son uno de los grandes motores del desarrollo económico estadounidense en los últimos años, y por el cual la Administración de Donald Trump sigue apostando.
Pero también son una fuente de malestar para muchos estadounidenses. Especialmente para aquellas comunidades que viven en las inmediaciones de estos búnkeres cableados. Cuando uno de estos gigantes opacos aparece, algunos municipios sufren caídas de la presión del agua y hay vecinos que han empezado a denunciar un empeoramiento de su salud debido al zumbido de baja frecuencia que emiten los ordenadores.
En los estados con una alta concentración de centros de datos, como Virginia, los precios de la electricidad se han disparado hasta un 267% en los últimos cinco años, según señala el EESI. Las empresas de servicios públicos trasladan estos incrementos a las facturas de los consumidores para compensar los gastos adicionales de desplegar rápidamente nuevas infraestructuras, con líneas eléctricas y transformadores capaces de sostener la demanda de estos centros tecnológicos.
Mientras tanto, las grandes tecnológicas que usan los servidores, como Meta, Anthropic, OpenAI, Amazon o Google, no hacen más que ver cómo se revalorizan sus compañías en el mercado.
La rapidez con la que se extienden los centros de datos es proporcional a la transversalidad del rechazo que generan
En Estados Unidos hay más de 3.000 centros de datos para la IA que funcionan las 24 horas los siete días de la semana, tal como refleja un recuento elaborado por el Pew Research Center. A estas instalaciones hay que sumar los otros 1.500 proyectos que ya están en construcción. El mismo estudio estima que, actualmente, el 38% de los estadounidenses viven a ocho kilómetros de al menos un centro de datos. La proporción sube hasta el 42% si también se tienen en cuenta los centros de datos que se proyecta construir.
La rapidez con la que se extienden los centros de datos por el territorio es proporcional a la transversalidad del rechazo que generan entre los votantes. Una encuesta de Gallup publicada en mayo de este año señala que 7 de cada 10 norteamericanos se oponen a la construcción de centros de datos en su área local. Si se desgrana por afiliación política, la animadversión a estas instalaciones alcanza el 59% entre los demócratas, el 39% entre los republicanos y el 48% entre los votantes independientes.
La heterogeneidad de este malestar y su vinculación con uno de los temas clave de cara a las elecciones de noviembre -el coste de la vida- ha hecho que el debate sobre la ampliación de los centros de datos asome en la campaña de las midterms. La semana pasada, la gobernadora de Nueva York, la demócrata Kathy Hochul, aprobó una moratoria de un año para la construcción de nuevas instalaciones. La medida situó la problemática en el centro del debate público, que hasta el momento se ha visto inundado por la guerra de Irán, la subida del precio de la gasolina y las últimas declaraciones de Trump.
A cuatro meses de las elecciones, la animadversión contra estos centros de datos ha generado un movimiento de denuncia que se configura en torno a una idea muy simple: la comunidad local que sufre los perjuicios físicos, contra las grandes tecnológicas que se lucran económicamente. Dentro del mundo MAGA, grandes tótems como Steve Bannon también se han pronunciado abiertamente en contra de la IA y estas instalaciones por la posible destrucción de puestos de trabajo.
Desde el otro extremo del espectro político, Sanders avanzó su propia propuesta sobre cómo gestionar el desarrollo de la IA. El pasado mes de junio, el senador por Vermont propuso en un artículo publicado en The New York Times la creación de un fondo soberano para dar a los ciudadanos una propiedad compartida y, por tanto, el control sobre la expansión de la IA y sus beneficios. Además, también pedía aplicar una moratoria a escala nacional.
El relato que se está materializando en torno a los centros de datos es muy similar al que querían tejer Sanders y Ocasio-Cortez con su tour contra los oligarcas. Con la pequeña diferencia de que ahora es un problema tangible. A cuatro meses de las elecciones de medio mandato, el malestar que generan estos centros puede ser un elemento clave para construir grandes mayorías en las urnas.



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