Trump, un año de asalto al sistema democrático estadounidense
'Público' analiza los siete aspectos clave de este año de mandato: el asalto a la democracia, los intentos de reescribir la historia, la guerra arancelaria, la deportación de más de 620.000 personas, la militarización, la persecución ideológica de instituciones como Harvard o Columbia y las campañas imperialistas.

Washington-
Un año después de regresar a la Casa Blanca, Donald Trump ha sumido el país en una crisis constitucional que solo se puede equiparar con la guerra de Secesión. El asalto al sistema democrático del presidente amenaza con conducir el experimento americano por el derrotero del autoritarismo.
Así ha cambiado el país bajo las aspiraciones absolutistas del republicano:
1. Asalto a la democracia
Nada más regresar al poder, Trump se encargó de purgar la administración de todos aquellos funcionarios que pudieran representar un freno a sus planes y los sustituyó por lealistas. El gran rostro de los recortes fue Elon Musk -quien al final rompió su bromance con Trump- con el desmantelamiento de la agencia de ayuda al desarrollo USAID. A partir de entonces, Trump ha convertido el Departamento de Justicia en su ministerio de venganzas personales y ahora intenta tomar el control total del Pentágono, mientras persigue a los senadores demócratas que recordaron al Ejército que no tiene la obligación de obedecer órdenes inconstitucionales.
El Congreso, controlado por la mayoría republicana, ha renunciado a buena parte de sus competencias ante la sed feroz de Trump por acumular cada vez más poder. La sumisión del legislativo es un reflejo del control del republicano sobre el partido. Aunque a finales de este primer año de presidencia se han visto algunas grietas por el caso Epstein, el reciente fracaso de la votación del Senado para bloquear futuros ataques militares a Venezuela es un síntoma de cómo las dos cámaras siguen plegadas a Trump.
La mayoría conservadora del Supremo, por el momento, ha dado manga ancha al presidente en sus aspiraciones absolutistas. Aun así, aún no se ha pronunciado sobre el fondo de algunas causas, como los aranceles o la orden ejecutiva con la que intentaba revocar la ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense, recogida en la Enmienda 14 de la Constitución. Que esté postergando la sentencia en casos tan claros como el de la ciudadanía no es buena señal.
Más allá de todos los conflictos de intereses entre las acciones políticas del magnate y los negocios de su familia, Trump también ha usado el Departamento de Justicia para aplicar venganza contra sus enemigos políticos: abrió investigaciones contra la fiscal del caso de fraude fiscal de Nueva York, Letitia James; contra el exdirector del FBI James Comey; y ahora contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell.
2. Reescribir la historia
El presidente decretó en mayo que se debía "restaurar la verdad" en los museos del Smithsonian, siendo el primer mandatario que se atrevía a meter mano en la institución. Ahora, el texto en la pared junto a un nuevo retrato del presidente que se exhibe en la National Portrait Gallery ya no menciona los dos impeachments que sufrió en su primer mandato. También ha eliminado otras referencias históricas.
Aunque la primera acción de gobierno para reescribir la historia en su favor fue el indulto a los asaltantes del Capitolio. Trump concedió un perdón "total, completo e incondicional" a los más de 1.500 condenados o encausados por participar en el asalto al Congreso el 6 de enero de 2021. Más allá de negar uno de los días más oscuros de la democracia estadounidense, el indulto también sienta un precedente de impunidad entre los seguidores del magnate. El pasado 6 de enero, en el aniversario del asalto, la Casa Blanca lanzó una nueva web que reconstruía históricamente el día y definía a los asaltantes como "manifestantes pacíficos" que fueron provocados por las fuerzas de seguridad.
3. Guerra arancelaria
Trump ha sacudido los mercados con su guerra comercial. Para la memoria queda la imagen de Trump presentando al mundo su tabla arancelaria con los impuestos universales a todos los rincones del mundo, incluidos los pingüinos de las islas antárticas Heard y McDonald. El magnate hizo de los aranceles su principal arma diplomática antes de pasar a la fuerza militar este 2026. Y de hecho ya ha vuelto a amenazar con usarlos contra aquellos países que se opongan a su anexión de Groenlandia.
China, México y Canadá han sido algunos de los grandes blancos del presidente —fueron los tres primeros a los que golpeó con aranceles del 25%—, pero aun así buena parte de los ataques comerciales no han sido más que eso: ataques. Tras llegar a escalar hasta la absurda cifra del 145% para Pekín, los aranceles en vigor son del 40%, después de que ambos gobiernos alcanzaran una tregua. Ahora el Supremo está pendiente de dictaminar si la mayoría de los aranceles que Trump ha aplicado son ilegales, tal y como decidió el tribunal de apelaciones en agosto al considerar que abusó del poder de emergencia para declararlos.
4. Campaña antiimigración
La promesa estrella de la campaña fue deportar a los más de 10 millones de personas sin papeles que se estima que viven en Estados Unidos. El republicano ha desplegado una campaña de terror contra la comunidad migrante que ha acabado extendiéndose a todas las personas racializadas del país a raíz de la sentencia del Supremo que permite las detenciones por perfil racial. Más de 170 ciudadanos estadounidenses han sido detenidos en el marco de estas operaciones y 32 personas han muerto bajo custodia del ICE durante 2025.
Trump ha autorizado redadas dentro de escuelas e iglesias, ha invocado la ley de enemigos extranjeros y ha desplegado macrooperaciones de ICE en distintas ciudades del país. Y aun así, no ha sido capaz de cumplir la cifra de un millón de deportaciones al año que se había fijado. El 19 de diciembre, cuando llevaba prácticamente 11 meses de presidencia, el Departamento de Seguridad Nacional dijo que se habían realizado más de 622.000 deportaciones. Ahora, el asesinato en Minneapolis de Renee Nicole Good —una ciudadana blanca— a manos de un agente del ICE ha puesto el foco sobre el terror que desde hace meses impera en el país.
5. Militarización
Trump ha convertido al ICE y la Guardia Nacional en sus principales brazos armados para intimidar bastiones demócratas. El cuerpo de control migratorio ha caído en un terreno gris en el que se ha convertido en la policía política del presidente. La nueva administración ha iniciado una campaña de reclutamiento que ya ha logrado duplicar el número de agentes y prevé para los próximos cuatro años un presupuesto a la altura del de un ejército.
La Guardia Nacional ha pasado de recibir miradas de aprobación y admiración por parte de los estadounidenses por su labor en los desastres naturales a ser vista como un cuerpo hostil en las calles donde es desplegada unilateralmente. En Washington los soldados siguen patrullando las calles pese a que en noviembre un juez federal dijo que era ilegal. En Los Ángeles envió a los reservistas contradiciendo la voluntad del gobernador de California, en una de las muchas acciones inconstitucionales que carga a sus espaldas.
6. Persecución ideológica
La persecución ideológica primero comenzó como una campaña de presiones contra la Universidad de Columbia por las manifestaciones propalestinas y rápidamente se extendió a toda la educación superior con otros objetivos como Harvard. Trump ha presionado para intentar interferir en las decisiones lectivas de los centros, ya sea con recortes de fondos (como en Harvard y Columbia) o con intentos de soborno que muchos centros han rechazado. El Gobierno estableció las publicaciones propalestinas en las redes sociales como un criterio para denegar visados a estudiantes extranjeros y luego solicitudes en general.
El punto culminante fue la detención por parte del ICE de los estudiantes Mahmoud Khalil y Rumeysa Ozturk por su participación en las manifestaciones propalestinas. Ahora, el Gobierno ya exige a todos los extranjeros que quieran venir al país permitir la revisión de sus redes sociales para comprobar no solo si tienen publicaciones propalestinas, sino cualquier tipo de contenido "antiamericano". Además, Trump ha designado al "antifascismo" como organización terrorista. La Casa Blanca afirmaba que Good, asesinada a manos del ICE, había sido víctima de su "ideología de izquierdas".
El presidente también está atacando a los medios de comunicación tradicionales con demandas millonarias. El caso más exponencial de esta cruzada fue la suspensión temporal del programa del humorista Jimmy Kimmel por un gag sobre Trump y Charlie Kirk, el influencer de extrema derecha asesinado. También ha atacado a los grandes despachos de abogados que han presentado casos contra las políticas de su Gobierno. Al menos ocho firmas han sido blanco directo del Ejecutivo. Algunas han cedido y han llegado a acuerdos para evitar represalias.
7. Imperialismo
El acercamiento a Rusia, en un giro sin precedentes de la política exterior de Estados Unidos, y las presiones a Ucrania solo eran el inicio de lo que vendría después. La bronca a Volodímir Zelenski en el Despacho Oval se ha convertido en la tónica de las relaciones internacionales de Trump. Solo respeta a aquellos que considera fuertes, es decir, Rusia y China. En cuanto al genocidio palestino, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha encontrado en Trump un socio excelente. A comienzos de 2025 el republicano anunciaba sus planes para convertir la Franja en un resort, y el año terminó en Gaza con un alto el fuego que Israel ha seguido incumpliendo. Aun así, Trump ya ha anunciado un gobierno de tecnócratas para la segunda fase del plan para el final de la ocupación en Gaza.
El aspirante al Nobel de la Paz —cuya medalla ahora ya tiene en su colección gracias a la humillante dádiva de María Corina Machado— ha bombardeado siete países: Yemen, Irán, Irak, Siria, Somalia, Nigeria y el último, Venezuela. La imagen de la intervención militar en Caracas es la de Maduro capturado con los ojos vendados y los oídos tapados. Trump mantiene en el aire posibles nuevos ataques a Irán y tiene como próximo objetivo Groenlandia. En el radar de la hiperactiva campaña imperialista también están México, Cuba y Colombia.


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