Trump convierte a la demócrata Ilhan Omar en su enemiga número uno
La investigación que ha abierto Justicia contra la congresista de origen somalí es la acción más agresiva que el presidente estadounidense ha emprendido contra sus numerosos enemigos políticos.

Washington D. C.-
En reiteradas ocasiones, Donald Trump ha pedido que la congresista demócrata Ilhan Omar, de origen somalí, sea deportada. Ahora el presidente estadounidense parece decidido a usar todo ese odio para pasar de la palabra a la acción. La semana pasada, agentes antiinmigración del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) registraron la casa de la legisladora en Washington en el marco de una investigación del Departamento de Justicia contra ella. La orden nunca llegó a hacerse pública, pero estaba vinculada al proceso legal por el cual Omar, de 44 años, adquirió la ciudadanía en el 2000.
Fuentes gubernamentales revelaron a The Wall Street Journal que la investigación abierta contra Omar por parte de la Administración Trump tiene como objetivo construir un caso sobre cómo obtuvo la ciudadanía para demostrar que cometió fraude en su momento y así poder deportarla a Somalia de vuelta.
Omar abandonó Somalia con su familia cuando era una niña en los 90, en plena guerra civil del país. Durante un tiempo se asentaron en un campamento de refugiados en Kenia hasta que luego pudieron entrar a Estados Unidos a través del programa de refugiados del país, y, posteriormente, Omar obtuvo la naturalización. El registro de la casa de la congresista demócrata en Washington tuvo lugar después de que el DHS hiciera público que durante los últimos meses había estado investigando a la congresista por el proceso migratorio de su familia.
Entre los objetos que requisaron los agentes del DHS estaba el teléfono móvil de Omar, ordenadores personales y su pasaporte. Solo Omar y su marido estaban presentes en el registro cuando sucedió. Además, las autoridades han emitido más de una docena de citaciones para Omar y su familia; entre otros casos, se están investigando incluso los trámites migratorios de la familia de Omar.
La congresista demócrata hacía tiempo que estaba en el radar del presidente estadounidense, quien en reiteradas ocasiones la había atacado por su origen somalí. Probablemente, Omar sea una de las congresistas que más bilis ha recibido por parte de Trump: en los últimos años la ha llamado basura, ha pedido en mítines su deportación e incluso difundió el bulo de que estaba casada con su hermano.
Omar volvió a convertirse en uno de los principales blancos de Trump el pasado mes de enero, cuando empezó la macrooperación de ICE en Minnesota que se saldó con dos ciudadanos estadounidenses muertos a manos de los agentes antiinmigración. La congresista por Minneapolis salió en defensa de sus vecinos y la comunidad somalí, que fue el principal blanco de las redadas ordenadas por la Casa Blanca.
Una lista que se ensancha
Rápidamente, la congresista demócrata ha escalado prácticamente a la posición número uno de la lista negra de Trump. La persecución de quienes considera enemigos políticos es algo que el presidente estadounidense se ha tomado muy en serio desde que regresó al poder. Aunque nunca a un nivel tan extremo como querer intentar deportar a alguien.
Omar no es la primera enemiga política que sufre una redada en su casa. El exasesor de Seguridad Nacional John Bolton contó con una visita sorpresa del FBI en su residencia en las afueras de Washington en agosto del año pasado. Bolton siempre ha sido uno de los blancos de Trump desde que partió peras con él durante su primera presidencia.
La instrumentalización del Departamento de Justicia, con ahora su antiguo abogado, Todd Blanche, al frente, también le ha facilitado abrir la veda. El exdirector del FBI James Comey también ha sido objetivo de numerosas investigaciones con las que Trump ha intentado condenar penalmente a Comey. La tirria que el republicano siente por Comey se debe a que en 2017 hizo público ante el Congreso que existía una investigación sobre una posible injerencia rusa para ayudar a que Trump ganara las presidenciales de 2016.
La fiscal general de Nueva York, Letitia James, también ha sido víctima del ajuste de cuentas del magnate a través de investigaciones. El año pasado la letrada fue imputada por mentir en una solicitud hipotecaria. Tres fiscales llevaban la investigación, dos de los cuales fueron colocados en el cargo por el mismo presidente y, para más inri, uno de ellos, Lindsey Halligan, es una antigua abogada personal de Trump.
James fue quien logró imputar cargos por fraude fiscal al republicano y su familia con relación a los negocios inmobiliarios realizados en 2022. El senador demócrata de California, Adam B. Schiff, es otro de los que ha caído bajo la artillería del presidente. Fue uno de los primeros congresistas que en 2019 ayudó a sacar adelante el primer impeachment contra Trump. Para ponerlo en el blanco, el magnate ha usado la misma estrategia que también ha lanzado contra la gobernadora de la Fed, Lisa Cook, para intentar destituirla: acusarlo de fraude hipotecario.


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