Trump vuelve a castigar a sus bases rurales al comprar carne a Argentina
El presidente de Estados Unidos ha convertido a los agricultores y ganaderos en un daño colateral de sus políticas comerciales.

Washington-
Donald Trump sabe que la carne de ternera amenaza con convertirse en uno de los problemas de una administración que prometió rebajar el carro de la compra. Actualmente, el precio medio de unos 400 gramos de ternera molida (una libra) es de 6,32 dólares, según los últimos datos de la Reserva Federal del Banco de Saint Louis. El coste se ha incrementado un 14% desde que Trump llegó al Despacho Oval y la solución que el presidente ha encontrado al problema ha enfurecido a los ganaderos estadounidenses, quienes apoyaron al republicano en la campaña electoral.
En los últimos meses el mismo presidente ha expresado su frustración con los altos precios que los consumidores estadounidenses ven en el supermercado, y ha prometido un "acuerdo" para "volver a bajarlos". La solución a corto plazo es comprar 80.000 toneladas métricas de carne a Argentina, uno de sus grandes aliados en Latinoamérica con Javier Milei al frente del país.
La compra pretende disminuir las importaciones de carne de Brasil, uno de los grandes exportadores de ternera a Estados Unidos, y al que Trump ha castigado con aranceles del 50%, además de aumentar la oferta dentro del mercado doméstico. Por no decir que supone otra inyección de dinero para la economía de Argentina, después de que el Tesoro estadounidense saliera al rescate del peso argentino con un swap financiero de 20.000 millones de dólares.
Con una inflación que ronda el 3% y con las consecuencias de los aranceles empezando a notarse, la compra de toneladas de carne argentina probablemente no ayude mucho a bajar los precios rápidamente. Una medida que, en cambio, sí que tendrá un fuerte impacto en los ganaderos estadounidenses, que ya viven asfixiados con la reducción de sus rebaños por el efecto inflacionista en la alimentación de las vacas y las constantes sequías en los campos. Actualmente, el tamaño de los rebaños está en sus números más bajos desde los años 50.
Un ganadero de Kansas, Kyle Hemmert, decía a The New York Times que la decisión de Trump "es una auténtica patada en los huevos. Vamos, presidente Trump, ¿esto realmente es la política de America First? No lo es".
La Asociación Nacional de Ganaderos de Carne de Vaca de Estados Unidos, que hasta ahora ha estado apoyando la guerra comercial del presidente, se revolvió contra su anuncio de comprar carne argentina. En un comunicado el pasado 20 de octubre, el director ejecutivo, Colin Woodall, criticaba el plan: "La Asociación Nacional de Ganaderos y sus miembros no pueden apoyar al presidente mientras este socava el futuro de los agricultores y ganaderos familiares al importar carne argentina en un intento por influir en los precios".
Al poco, Trump respondía indignado al comunicado en Truth Social. "Los ganaderos, a quienes aprecio mucho, no entienden que la única razón por la que les está yendo tan bien, por primera vez en décadas, es porque impuse aranceles al ganado que ingresa a Estados Unidos, incluyendo un arancel del 50% a Brasil", escribió. Y añadía: "Sería bueno que lo entendieran".
Los ganaderos y las áreas rurales del país constituyeron una de las grandes bases de apoyo a Trump durante las pasadas elecciones, creyendo que la promesa del America First traería mayor promoción del producto nacional. En los condados mayormente rurales, el republicano recibió un abrumador apoyo que se situaba en una media del 78%.
Ahora, con los ranchos mermados, se encuentran con que la solución de Trump es importar carne argentina. La inyección de 20.000 millones del Tesoro a Buenos Aires tampoco sentó bien en el sector, que considera que el Gobierno debería hacer más para apoyarlos en un momento complicado. "Desgraciadamente, somos el daño colateral de todo lo que está pasando", se quejaba un granjero en la MSNBC, que denunciaba cómo la reducción de la producción ganadera también impacta en los agricultores, ya que una parte de su producción está destinada a alimentar al rebaño.
Los agricultores, especialmente los que cultivan soja, ya han sentido los efectos negativos de las políticas arancelarias de Trump. La guerra comercial con China ha hecho que Pekín deje de comprarles para buscar nuevos proveedores en Latinoamérica. Otra de las consecuencias que están sufriendo a causa de Trump es la falta de mano de obra en el campo: muchos de los temporeros y trabajadores eran personas sin papeles, las cuales o bien ya han sido deportadas o bien han dejado de ir a trabajar por miedo a las redadas. En junio, el mismo Trump lo reconoció públicamente después de que tanto los agricultores como la hostelería se quejaran del impacto que estas tenían e instruyó a los agentes de inmigración para que frenaran las operaciones en esos sectores.

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