Trump presiona a Zelenski para que ceda territorios ante una próxima reunión a tres bandas con Putin
Los líderes europeos buscan un compromiso de Washington de seguridad para Ucrania

Antònia Crespí
Washington DC--Actualizado a
Garantías de seguridad para Ucrania, pero a cambio de "posibles intercambios de territorios" con Rusia. Este ha sido el planteamiento de Donald Trump a los líderes europeos y al presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la reunión multilateral celebrada en la Casa Blanca este lunes. El mandatario estadounidense confía en que habrá una reunión a tres, en la que por primera vez el presidente ruso, Vladímir Putin, se sentaría en la misma mesa con el ucraniano. Una condición que durante todo este tiempo ha estado rechazando Moscú.
Zelenski ha optado por cambiar de estrategia en esta segunda visita a Washington y ha decidido mostrar docilidad ante Trump. El ucraniano parece apostarlo todo a la improbabilidad de que llegue a materializarse esta reunión y se ha mostrado abierto ante los líderes europeos a la posibilidad de discutir las cesiones territoriales en ese encuentro.
Trump ha interrumpido la reunión multilateral con los europeos para llamarse con Putin, algo que no estaba previsto hasta después de que finalizara la reunión. Al terminar las conversaciones, que se han alargado por dos horas, fuentes de la Casa Blanca han informado de que tanto los líderes europeos como Zelenski seguirían en Washington para seguir hablando de manera informal sobre las garantías de seguridad para Ucrania.
Mientras Trump no dejaba de hacer promesas vagas sobre un eventual final de la guerra, los europeos han centrado su estrategia en conseguir que Washington se comprometa firmemente con las garantías de seguridad para Ucrania. De una u otra manera, cada uno de los dirigentes ha subrayado la cuestión.
"Creo que las naciones europeas asumirán buena parte de la carga", dijo Trump sobre las garantías de seguridad, aunque no descartó la implicación de Estados Unidos. "Les ayudaremos", añadió. Se trata de un cambio significativo respecto a la posición que Washington había mantenido durante los últimos meses, cuando el presidente estadounidense había querido desentenderse del conflicto y de cualquier posibilidad de enviar efectivos estadounidenses para ayudar a las tropas de paz. En abril, el Pentágono anunció que retiraría 10.000 soldados ubicados en el sur de Polonia, un enclave crucial para el apoyo logístico a las tropas ucranianas.
Giorgia Meloni, quien tiene buena sintonía con Trump, ha insistido al republicano en que lo más importante ahora mismo son las garantías de seguridad. "Para la paz y el diálogo debemos estar unidos para defender la seguridad de nuestra nación", dijo la primera ministra italiana, que se sentó a la izquierda del estadounidense. Al otro lado, a su derecha, estaba Emmanuel Macron, con quien Trump también mantiene muy buena relación. Aprovechando su posición, el dirigente francés también insistió en la necesidad de un alto el fuego, aunque durante la reunión bilateral con Zelenski, Trump lo descartaba como condición necesaria para poner fin al conflicto.
El canciller alemán, Friedrich Merz, fue un paso más allá y reclamó un alto el fuego en Ucrania como condición previa para la celebración de un encuentro trilateral. "No me puedo imaginar que la próxima reunión tenga lugar sin un alto el fuego", respondió Trump, aunque pocos minutos antes había sostenido exactamente lo contrario: que no era imprescindible ninguna tregua para conseguir la paz en el conflicto ucraniano.
Zelenski busca ganarse a Trump
Zelenski se ha vuelto a sentar este lunes en la misma silla donde hace seis meses fue acorralado y aprehendido a gritos por Donald Trump y su vicepresident JD. Vance. A pesar de que el ambiente aún está más cargado después de que el presidente estadounidense haya exigido a Kiev que renuncie a Crimea y a la adhesión a la OTAN, el ucraniano se ha esforzado para intentar ganarse al republicano después de ver como ha vuelto a acercarse al presidente ruso Vladímir Putin.
La chaqueta y camisa negra que vestía Zelenski condensan seis meses de presiones por parte de Washington, a quien no le ha temblado el pulso a la hora de chantajear y presionar Kiev cuando le ha sido conveniente. El presidente ucraniano ha encajado con una sonrisa todas las vaguedades de Trump sobre el futuro de la guerra y las supuestas garantías de seguridad para Kiev.
El presidente estadounidense sigue sin ser capaz de poner un horizonte al conflicto, pero ha asegurado que "vamos a conseguir una paz duradera". "He terminado seis guerras y pensaba que esta sería la más fácil, pero no lo es. Es duro", ha añadido el presidente, en un evidente guiño al Nobel de la Paz que tanto ansía, y tanto se le resiste.
La aprobación de la parroquia MAGA ante un Zelenski dócil también se ha hecho oír entre la prensa. El comunicador Brian Glenn, pareja de la trumpista Marjorie Taylor Greene, ha elogiado al ucraniano con sorna: "Me encanta tu traje". El pasado mes de febrero, Glenn le reprochó a Zelenski ir vestido con ropa militar. Ni al presidente ni a sus foros les gustaba la ropa marcial, pues es un vivo recuerdo de que el país está en guerra y que Trump sigue fracasando en su promesa de poner fin al conflicto en cuestión de horas.
Zelenski, ha llegado a la Casa Blanca con el apoyo de la comitiva europea. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente francés, Emmanuel Macron; el canciller alemán, Friedrich Merz; el primer ministro británico, Keir Starmer; la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, están también en Washington este lunes para intentar reforzar al ucraniano en un cara a cara con Donald Trump que no se presenta nada favorable para Kiev. Después de renunciar al alto el fuego como condición necesaria para un acuerdo de paz en Ucrania - y así regalar más tiempo a Rusia para que consolide la ocupación - el presidente estadounidense exigía esta mañana a Zelenski que entregue Crimea y renuncie a entrar a la OTAN si quiere poner fin al conflicto.
"Él puede acabar con la guerra con Rusia de forma casi inmediata, si quiere, o se puede continuar peleando", escribía el republicano en Truth Social. "Recordad cómo empezó. Que no recupere la Crimea que Obama le regaló hace doce años y que Ucrania no entre a la OTAN". Una vez más, Trump volvía a tratar a Ucrania como única responsable de la invasión que está sufriendo por parte de Rusia. Kiev no solo tiene que aguantar ser excluida de la mesa grande donde Trump ha sentado a Moscú como el principal interlocutor del conflicto, sino que además tiene que sufrir la culpabilización del conflicto.
A la comitiva europea, Trump también le enviaba un aviso antes de la reunión. "Sé exactamente lo que estoy haciendo, y no necesito el consejo de gente que ha estado trabajando en estos conflictos durante años y nunca ha sido capaz de hacer nada para detenerlos. Son gente 'estúpida', sin sentido común, inteligencia o entendimiento, y solo hacen que el actual desastre Ucrania-Rusia sea mucho más difícil de arreglar", escribía el magnate.
El mensaje es claro, o Zelenski renuncia a Crimea (ocupada por Rusia desde 2014) y a su adhesión a la OTAN, o no habrá paz. En la memoria de Kiev está el corte de suministro económico y militar estadounidense de la pasada primavera, así como el apagón de inteligencia, para forzarla a aceptar las exigencias rusas y firmar con Washington el acuerdo de explotación de tierras raras y otros recursos naturales. Tampoco se escapa al recuerdo la emboscada en el Despacho Oval en febrero, cuando Zelenski fue acorralado a gritos por Trump y su vicepresidente JD Vance. De hecho, los europeos han viajado hoy también con la esperanza de evitar una escena similar.
El enfado con el presidente ruso Vladímir Putin por seguir frustrando sus ansias de lograr el premio Nobel se esfumó rápidamente en Alaska. El exagente del KGB logró volver a Trump de su parte y también resquebrajó el puente que los europeos habían logrado volver a tejer con Washington. En cuestión de días las tornas han vuelto a girarse y Trump ha dejado de ser un árbitro sesgado para convertirse prácticamente en el vocero de Moscú. Todo ello ante la impotencia de una Europa que sigue sin ser capaz de suplir el suministro económico y armamentístico de Estados Unidos a Kiev. Si Zelenski no acepta las exigencias de Trump y este vuelve a retirarle el apoyo militar, los Veintisiete no tienen capacidad aún para compensar el vacío.
Pero la entrega de Crimea no parece que vaya a ser la única cuestión territorial que se toque en las conversaciones de este lunes. Rusia también quiere la retirada ucraniana del Donbás (este del país) a cambio de congelar el resto del frente. El secretario de Estado, Marco Rubio, apuntaba que esto se podría hacer con algunas concesiones por parte de Rusia también.
Después de la reunión de Alaska, el enviado especial, Steve Witkoff, - quien también participó en las conversaciones- explicó a la CNN que el viernes Putin aceptó unas "garantías robustas" de seguridad para Ucrania, semejantes al principio de defensa colectiva de la OTAN. Estas serían ofrecidas por Washington y sus aliados europeos. “Logramos la siguiente concesión: que Estados Unidos pudiera ofrecer una protección similar a la del artículo 5”, decía Witkoff. El presidente ucraniano celebró la propuesta estadounidense como una “decisión histórica”, pero recordó que las garantías deben ser “prácticas” y servir para “proteger por tierra, mar y aire”.
Aun así, está por ver cómo se materializan estas garantías de seguridad, que siempre han parecido tener pies de barro. Rubio ya matizó las palabras de Witkoff y aseguró que Moscú aún tiene que dar el visto bueno a la idea.
En febrero, tanto Francia como el Reino Unido ya se ofrecieron a enviar tropas de paz ante un eventual alto el fuego. Ahora, ambos países han propuesto una “fuerza de tranquilización” para la etapa posterior a la paz, con París como centro de mando.





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