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Los egipcios se lanzan a la calle contra el régimen de Mubarak

Mueren dos manifestantes y un policía en las protestas por la corrupción y la represión. Miles de personas se organizan a través de redes sociales de internet para imitar las revueltas de Túnez

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La onda expansiva de las protestas de Túnez llegó a las calles de El Cairo, Alejandría, Ismailiya, Suez, Mansura, Tanta y otras grandes ciudades egipcias. Imitando a los tunecinos, los egipcios protestaron por la carestía de la vida, el desempleo, la corrupción y el régimen autoritario del presidente Hosni Mubarak, que aplasta a la oposición, especialmente cuando es de naturaleza islamista. La represión policial dejó dos manifestantes muertos en la ciudad de Suez. La televisión estatal anunció la muerte de un agente de policía en las protestas de El Cairo.

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La marcha más numerosa tuvo lugar en la capital, donde unas 20.000 personas recorrieron las calles céntricas gritando consignas contra el presidente y su hijo Gamal, que según algunos analistas será el próximo rais egipcio.

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La policía antidisturbios reprimió las concentraciones que en gran parte se habían convocado utilizando las redes sociales de internet durante los últimos días. En Suez, además de los dos muertos, otras 60 personas resultaron heridas por inhalar gases lacrimógenos.

"Túnez es la solución", decía una pancarta ante el Tribunal Supremo

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Entre las consignas más coreadas de las que gritaron los manifestantes destacaban "Fuera Mubarak", "Gamal, di a tu padre que los egipcios os odian", "Túnez, Túnez", "Mubarak, Arabia Saudí te espera", así como eslóganes contra la corrupción.

Los manifestantes huyeron a la carrera de las fuerzas de seguridad pero en algunas ocasiones llegaron a plantarles cara. En la plaza Tahir, un grupo de manifestantes atacó un vehículo policial armado con un cañón de agua del que sacaron a su conductor. Los agentes atacaron con varas de madera a los manifestantes que intentaban romper los cordones policiales.

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Otro grupo se concentró en la capital frente al Tribunal Supremo con pancartas que decían: "Túnez es la solución".

Todavía es pronto para saber si las protestas se incrementarán en los próximos días, aunque de momento parece difícil que puedan poner fin a los 30 años de gobierno de Mubarak, quien a sus 82 años todavía no ha desvelado si volverá a presentarse a las elecciones presidenciales que se celebrarán este año.

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El hecho de que las protestas se produjeran simultáneamente en varias ciudades dio a la jornada un carácter peculiar que no se había visto desde que Mubarak llegó al poder, en 1981.

Los manifestantes pedían a la policía que se unieran a ellos

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En Alejandría, en el norte del país, un grupo de personas arrancó un cartel con la imagen de Mubarak y su hijo Gamal. "Lo de hoy ha sido un aviso importante al sistema. Lo novedoso es que las nuevas generaciones están usando nuevas herramientas", afirmó a Reuters el analista Nabil Abdel-Fattah.

Las autoridades dificultaron el acceso a Twitter, aunque la red social transmitió un número limitado de mensajes. En uno de ellos se pedía a los policías que se unieran a los manifestantes.

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Lo que está en juego en Egipto es el sistema autoritario actual, pero aunque la manifestación fue en gran parte convocada por el exiguo movimiento liberal Kifaya (Basta), cuyas pancartas eran visibles en numerosos puntos, los liberales poseen una fuerza real casi insignificante al lado de los islamistas.

La única alternativa factible al régimen autoritario egipcio son los islamistas

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La única alternativa factible al autoritarismo de Mubarak es el islamismo. La mayoría de los egipcios saben que están ante esa disyuntiva y eso puede explicar por qué las manifestaciones sólo fueron relativamente multitudinarias y no masivas. Sin embargo, habrá que seguir con atención cómo se desarrollan las protestas en los próximos días para conocer sus consecuencias reales.

No obstante, lo ocurrido en Túnez en las últimas semanas ya ha repercutido en Oriente Próximo, aunque sea de una manera limitada, al menos hasta ahora. Las protestas reflejan una voluntad de cambio de la población, pero todavía es pronto para saber si esta intención cristalizará y en qué dirección lo hará.

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Por ahora parece que cada cual tira en una dirección distinta y mira por sus propios intereses. En el siempre delicado norte de la península del Sinaí, por ejemplo, también se registraron protestas en las que se exigió la liberación de delincuentes comunes e islamistas de la zona que se encuentran encarcelados.

Gamal Mubarak
El hijo menor del octogenario presidente es el mejor situado. Gamal, de 47, es vicesecretario general del Partido Nacional Democrático de Mubarak. Es visto con buenos ojos por Washington pero no resulta carismático entre la población egipcia. Su imagen de millonario recién llegado de Londres tampoco ayuda.

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Omar Suleimán
El jefe de los servicios secretos es apreciado por la vieja guardia de Mubarak. El problema es que a sus 75 años sería un candidato transitorio más que el hombre en el que asentar el régimen. Su papel puede ser más decisivo a la hora de elegir al sucesor.

Amr Musa
El secretario general de la Liga Árabe se ha distanciado del régimen en los últimos años. Musa, de 74 años, es popular entre los egipcios por sus críticas a EEUU (aliado estratégico) e Israel.

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Mohamed el Baradei
El ex director del Organismo Internacional de la Energía Atómica es el candidato preferido por los académicos y liberales. Sin embargo, la imagen de El Baradei, de 68 años, es más popular fuera que dentro de Egipto, donde no cuenta con ningún partido ni plataforma política que le apoye. 

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