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Egipto no tendrá tercera revolución

El recurso a las armas situaría a Egipto en una posición muy difícil social y económicamente

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Muchos islamistas egipcios confiaban en llevar a cabo una tercera revolución que muy probablemente ya no tendrá lugar, al menos a corto o medio plazo. Es más, los militares que dieron el golpe el 3 de julio se encuentran ahora en una difícil tesitura que con toda seguridad les conducirá a mantenerse en el poder indefinidamente, y en estas circunstancias es prácticamente imposible que se lleven a cabo las elecciones prometidas para dentro de seis meses.

Lo más inquietante es el camino que tomarán los islamistas. Los Hermanos Musulmanes renunciaron a la violencia a mediados de los años sesenta, y una y otra vez han insistido en que las armas no son su objetivo. Si se levantaran contra el régimen no cabe duda de que estaríamos ante una sangrienta guerra civil que obligaría al ejército a actuar a fondo durante muchos años.

Ahora bien, Egipto tiene una larga tradición de violencia islamista que han firmado organizaciones pequeñas, ajenas a los Hermanos Musulmanes. Estos grupos radicales sí que podrían recurrir a las armas después de ver que los resultados de las urnas han sido aplastados por los militares en connivencia con los mubarakistas y los liberales, estos últimos apoyados muy significativamente por las potencias occidentales.

El recurso a las armas situaría a Egipto en una posición muy difícil social y económicamente. El turismo caería en picado y el estado tendría dificultades para hacer frente a sus tareas. Afortunadamente para el régimen, existen numerosos países árabes del Golfo que están dispuestos a ayudarle generosamente, como se ha demostrado en las semanas posteriores al golpe.

Durante las pasadas seis semanas, Estados Unidos ha mantenido una actitud comprensiva con los militares, y aunque han condenado explícitamente lo ocurrido esta semana en El Cairo y en otras ciudades del país, los americanos disponen de poco margen de maniobra para echarse atrás en un momento tan complicado como el presente, habida cuenta de que siguen sin calificar de 'golpe de estado' la intervención militar.

Los israelíes están más que satisfechos con el golpe de los militares egipciosMuy interesante es el comportamiento de Israel. Aunque la cúpula política guarda silencio, los israelíes están más que satisfechos con el golpe, y funcionarios de segunda fila así lo han comentado en público y en privado. No en vano, la primera decisión que tomaron los militares egipcios fue destruir la inmensa mayoría de los túneles que servían a Hamas para introducir subrepticiamente bienes en la franja de Gaza.

Un día antes de los luctuosos hechos del miércoles 14 de agosto en el El Cairo, Ehud Barak hizo una encendida defensa del régimen y pidió abiertamente a la comunidad internacional que apoye el golpe. Barak ha desempeñado cargos relevantes en Israel, incluidos los de primer ministro, ministro de la Defensa y jefe del ejército.

Lo ocurrido esta semana es un gran fracaso del régimen militar, pero también es un revés para la diplomacia occidental que ha tratado sin éxito de mediar entre las partes. Especialmente es un fracaso para el departamento de Estado, que necesita una sacudida urgente antes de que pueda hacer más daño en Oriente Próximo.

El departamento de Estado no ha aprendido nada de las lecciones de hace una década en Afganistán e Iraq y sigue empeñado en llevar la democracia a la región al coste que sea, que esta siendo muy alto, ignorando la situación económica, social y religiosa de esos países. Esa nefasta política que iniciaron los neoconservadores republicanos, unos auténticos visionarios en el peor sentido de la palabra, sigue vigente hoy sin que la administración demócrata la haya corregido.

Lo que vemos estos días es un regreso al pasado puesto que cuanto más cambia la situación más se parece a la que hubo en Egipto desde principios de los años cincuenta, con Nasser, pasando por Sadat y hasta el 2011 con Mubarak. La ley marcial vuelve a imperar y no se ve una salida satisfactoria de la crisis.

No hay que descartar que las carnicerías del miércoles respondan a un plan deliberado del ejército para conservar el poder. En nuestros días existen medios antidisturbios muy avanzados para disolver concentraciones multitudinarias como las cairotas, métodos que no se han utilizado. Muchos de los centenares de muertos y heridos presentaban disparos en la cabeza y en el pecho, según los sanitarios, lo que abunda en la idea de que la masacre pudo ser premeditada.

Las concentraciones de los islamistas las plazas de Rabaa al Adawiya y Al Nahda han sido escrupulosamente pacíficas y el régimen, no obstante, las ha encontrado amenazadoras. La presencia de decenas de millares de personas en las calles de manera permanente es algo que interfiere con el gobierno del país, de ahí que el régimen seguramente no las tolerara, con lo cual no se puede descartar que la crisis se deteriore aún más, aunque no parece muy posible que degenere hasta una guerra civil.

Sería un error de los Hermanos Musulmanes recurrir a la violencia. No parece que este vaya a ser el camino que tomen, aunque en gran parte dependerá de cómo se gestione la crisis. Está claro, sin embargo, que el proceso político que se inició con la caída de Mubarak en febrero de hace dos años sufrirá una parálisis, y que el futuro de Egipto es bastante incierto.

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