EEUU y Rusia dejan a Ucrania sin margen de maniobra tras las negociaciones de Riad
La pinza de Trump y Putin se cierra sobre Zelenski, que solo obtiene un pacto de mínimos sobre seguridad en el mar Negro, mientras la tregua definitiva queda aún muy lejos.

Madrid-
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, se muestra cada día más nervioso ante el cerco que le están tendiendo el mandatario estadounidense, Donald Trump, y su colega ruso, Vladímir Putin. Ucrania se está quedando sin salidas en la guerra contra Rusia, que gana tiempo para lograr la capitulación del país invadido. Incluso pese a los pasos a la desesperada de sus aliados europeos que insisten en desplegar sus tropas en Ucrania, sean cuales sean las condiciones bélicas.
Zelenski ha denunciado en las últimas horas nuevos ataques rusos, contra infraestructuras energéticas y en el mar Negro para descalificar a Moscú, pero al tiempo Kiev no ha cesado de mandar a sus propios drones sobre objetivos de ese mismo tipo en Rusia y en esa cuenca marítima.
Es lógico el nerviosismo de Zelenski, Las negociaciones a tres bandas celebradas en Arabia Saudí entre el domingo y el martes por los estadounidenses con ucranianos y rusos, por separado, le han dejado muy mal sabor de boca. Los negociadores han logrado un débil acuerdo sobre "navegación segura" en el mar Negro, para el transporte sin peligro de cereales, que en realidad ya se estaba cumpliendo con intermitencias, y poco más.
Sin embargo, de las negociaciones de Riad no ha salido nada en claro sobre el destino de los territorios ucranianos anexionados por Rusia, una patata caliente que nadie se atreve por ahora a abordar. Salvo Moscú, que ya ha indicado que no solo no renunciará a un solo kilómetro cuadrado de las tierras ocupadas, sino que además exige las zonas de estas regiones que aún permanecen bajo control del ejército ucraniano.
Por eso, para salvaguardar la unidad territorial ucraniana y reivindicar la devolución futura de lo invadido, Zelenski quiere una tregua total que facilite el despliegue de esa fuerza internacional liderada por Reino Unido y Francia, quienes están dispuestos a comprometer a sus soldados como un escudo humano que impida cualquier futuro avance bélico ruso.
Pero Moscú no cae en la trampa y se niega rotundamente a la presencia en Ucrania de tropas extranjeras y menos aún de los aliados europeos de Kiev.
Pese a la posición rusa y a las reticencias también de Washington, que quiere el fin de la guerra cuanto antes y no una contienda a mayor escala, Londres y París avanzan imparables hacia la creación de esa armada de "voluntarios" que podría acercar demasiado la posibilidad de esa conflagración con Moscú.
Compromisos endebles y contrapartidas rusas sustanciosas
En sendos comunicados emitidos por EEUU tras las reuniones con ucranianos y rusos, Washington menciona el acuerdo con los contendientes para "garantizar la navegación segura, eliminar el uso de la fuerza y evitar el uso de buques comerciales con fines militares en el mar Negro".
También se pusieron de acuerdo para evitar los ataques contra infraestructuras energéticas de Ucrania y Rusia, algo que se había ya comprometido en una anterior propuesta estadounidense de tregua el 18 de marzo, pero que ni rusos ni ucranianos han cumplido ni parece que tengan intención de cumplir.
Pero lo más importante es que Rusia, con este acuerdo extraño, sale favorecida, pues EEUU se comprometió a ayudar a Moscú a restablecer su participación en el mercado mundial de exportaciones agrícolas y de fertilizantes, así como su acceso a puertos y sistemas de pago para tales transacciones.
Como muestra de buena voluntad hacia Ucrania, la Casa Blanca prometió "ayudar" en el intercambio de prisioneros de guerra, en la liberación de civiles y en el retorno de los niños ucranianos llevados a Rusia. Buenos propósitos, aunque ninguno de ellos vaya a inclinar la balanza de la guerra hacia el lado ucraniano.
EEUU apostó en Riad por una "paz duradera", pero ésta sigue tan lejos como hasta ahora o más. Moscú consigue prerrogativas de Washington destinadas a suavizar las sanciones impuestas por Occidente tras la invasión de Ucrania, y nadie obliga a Putin a devolver los territorios ucranianos anexionados a Rusia en septiembre de 2022, ni siquiera parte de ellos. Al contrario, dado que la guerra le es favorable a Moscú, el ejército ruso consigue tiempo para completar sus conquistas.
El tiempo corre a favor de Rusia
"El tiempo corre de nuestra parte y trataremos de aprovecharlo al máximo", declaró un diplomático ruso al diario opositor The Moscow Times. Para ello, los correosos negociadores del Kremlin tiran y aflojan con matices que al final acaban de envolver a los mediadores estadounidenses y acorralar a los ucranianos.
De hecho, lo que han supuesto de facto estas negociaciones de Riad es el espaldarazo tácito de Washington a Moscú para que continúe de momento sus avances en el campo de batalla y culmine así las conquistas de las regiones de Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón. Putin no puede renunciar ya a estos territorios anexionados y que están formalmente vinculados constitucionalmente a la Federación Rusa. Significaría consentir la "secesión" de esos cuatro territorios de Rusia.
Una alternativa para Rusia es su eventual ataque a las regiones ucranianas de Dnipropetrovsk y Sumy, para después, sobre la mesa de las negociaciones, tratar de intercambiarlas por las zonas de Jersón y Zaporiyia aún controladas por Ucrania, indicó el citado diplomático.
Pero esta opción es muy complicada, porque la mayor presión militar que está ejerciendo el ejército ruso es en la zona de Donetsk, contra las ciudades que aún izan en esa región del Donbás la bandera ucraniana. Ni siquiera la ciudad portuaria de Odesa, en el mar Negro y antaño una de las áreas rusófonas de Ucrania reclamadas por Moscú, es una opción por las dificultades que supondría su conquista.
Por eso resulta extraña la insistencia en Europa de que Rusia es una amenaza contra los países de la Unión Europea cuando sus esfuerzos bélicos están muy restringidos a Ucrania y ni aún así puede lograr la conquista de las zonas de este país que quisiera el Kremlin.
El manido miedo a los rusos
Es evidente que el "miedo a los rusos" es el pretexto que la Comisión Europea dirigida por Ursula von der Leyen está utilizando para apostar por la carrera de armamentos en Europa, con el beneplácito de buena parte de los Gobiernos europeos.
Y como punta de lanza de esa apuesta por el rearme en Europa figura esa coalición de voluntarios liderados por Francia y Reino Unido que se quiere desplegar en Ucrania. Tal posibilidad pondría ante los ojos de la opinión pública europea una capacidad militar que hasta ahora solo quedaba en manos de la OTAN.
Este jueves, el presidente francés, Emmanuel Macron, acogerá en París una reunión de líderes de 31 países que tratarán acerca de la paz y seguridad en Ucrania. En ese foro se abordará con más detalle la fuerza y capacidad de la ayuda militar presencial a Ucrania, esté o no bajo la bandera de un contingente de paz.
Aunque las fuerzas de interposición europeas vayan a estar constituidas por tropas de determinados países, sobre todo británicas y francesas, el Elíseo ha pedido una contribución más amplia para ayudar a esa formación militar, como logística, armamento o intendencia.
Entre los países que han confirmado su asistencia a la reunión militarista de París están Alemania, España, Suecia y Finlandia, y por supuesto Gran Bretaña. Esta será la tercera reunión de este tipo, tras la celebrada también en la capital francesa el 17 de febrero y la videoconferencia del 2 de marzo. Además ha habido reuniones de jefes de Estado Mayor y altos cargos militares.
Alto riesgo de confrontación por el militarismo europeo
Ahora queda por ver bajo qué circunstancias se llevaría a cabo ese despliegue, que, en cualquier caso, es un desafío directo a Moscú y también a la Administración del presidente Trump, pues, en el mejor de los casos, puede enquistar la guerra en Ucrania y, en el peor, conducir a una guerra abierta entre los aliados europeos de Kiev y Moscú, precisamente lo que siempre ha intentado provocar Zelenski.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, subrayó este martes la "inconsistencia" de los planes europeos y recordó que "se contradicen directamente con la Administración de Donald Trump".
Si las tropas europeas son distribuidas en Ucrania con un alto el fuego parcial, el choque con Rusia será inevitable, ya lo ha dicho el Kremlin. Si son desplegadas en el contexto de un armisticio, Moscú podría reclamar que fueran cascos azules de la ONU los estacionados en Ucrania.
En cualquier caso, una de las demandas que ha hecho Rusia como innegociable de cara a una negociación de paz es la renuncia de Ucrania a integrarse en la OTAN. Los EEUU de Trump de momento han rechazado tal incorporación, mientras que la reclaman muchos países europeos miembros de la OTAN. Por eso, si hay tropas de países de la OTAN en Ucrania, aunque no estuvieran protegidas por el paraguas de la Alianza Atlántica, Moscú considerará este paso como una declaración de guerra y, como mínimo, prolongaría indefinidamente la contienda.
Una guerra que diez o veinte mil soldados europeos no podrían cambiar. Solo el concurso de varios cientos de miles podría darle la vuelta al curso de la conflagración. En tal caso, quizá habría que recordar, como ha hecho el Kremlin desde que empezó el conflicto y ante la posibilidad de su extensión, que Rusia es una superpotencia nuclear, la primera en armas atómicas del planeta y que las utilizará si así lo considera, como indica su renovada doctrina nuclear.



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