Europa resiste las amenazas de Trump para que se una a la guerra contra Irán en el estrecho de Ormuz
Los aliados rechazan las presiones de EEUU, una demanda que evidencia la debilidad del presidente estadounidense para contener la crisis.

Madrid-
Francia, Alemania, Reino Unido, España, Japón y Australia, entre otros países de Europa y la cuenca del Pacífico, han dejado claro que no enviarán fuerzas armadas al estrecho de Ormuz, como ya exige sin contemplaciones EEUU para compartir gastos y muertos en esta guerra orquestada por este país e Israel contra Irán. Teherán ha bloqueado de facto, con minas y ataques contra buques, ese paso marítimo por el que pasa el 20% del petróleo mundial y gran parte del gas, pero eso no es óbice para sumarse a una coalición militar que involucre a medio mundo. La alta representante para Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Kaja Kallas, fue tajante este lunes: "La guerra de Irán no es la guerra de Europa".
Reunidos en Bruselas, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE abogaron por la "distensión" y la "desescalada", y desecharon la idea de participar en él, siquiera indirectamente, a través de la ampliación del área de acción de la misión Aspides que tiene Bruselas en Oriente Medio para proteger la navegación en el mar Rojo ante los eventuales ataques de los rebeldes hutíes de Yemen.
Tampoco es este tipo de participación "pacífica" la que quiere Donald Trump de sus "aliados" europeos. El presidente estadounidense apuesta por una gran coalición internacional que combata en los mares de Oriente Medio, comparta los ingentes gastos que está dedicando Washington a esta guerra, desatada incluso sin consultar al Congreso de su país, y que asuma las responsabilidades de un conflicto que puede desencadenar una crisis internacional de proporciones ciclópeas.
En suma, Trump quiere repetir la coalición que, liderada por EEUU, invadió Irak en 2003. Aunque la guerra de hace 23 años se desencadenó con las mentiras de Washington sobre las armas de destrucción masiva que acusaba de poseer al régimen de Sadam Husseín, ese ataque a Irak contaba con el visto bueno del Congreso estadounidense y de parte de la comunidad internacional. La guerra desencadenada ahora por EEUU e Israel contra Irán y, de rebote, contra el Líbano solo obedece a los intereses de la Casa Blanca y de Tel Aviv y fue organizada sin consultar a nadie.
Trump quiere repetir la coalición que, liderada por EEUU, invadió Irak en 2003
La guerra de Trump contra EEUU
Unos intereses, los de Trump, al servicio del expansionismo supremacista israelí impulsado en Gaza, Líbano y ahora Irán por el primer ministro judío, Benjamin Netanyahu, que ya están soliviantando a muchos sectores de la sociedad estadounidense, ante la gestión caótica de la crisis, el daño que esta guerra está produciendo a la economía mundial (también a la estadounidense), y por la conversión de EEUU en el matón internacional a mayor gloria de su presidente, de Israel y del bolsillo de los lobbies que lo apoyan.
A diferencia de los oligarcas estadounidenses del crudo y el gas licuado, enriquecidos por el corte de suministros de hidrocarburos desde el Golfo Pérsico, y de los éxitos que suma Netanyahu a su hegemonismo regional, con la eventual ocupación de parte del Líbano y la destrucción de los arsenales de su archienemigo Irán, por el contrario, los estadounidenses se están empobreciendo, la confianza en Trump cae vertiginosamente y el daño al partido Republicano es cada vez mayor. En esta situación, las elecciones de medio término que en noviembre renovarán toda la Cámara de Representantes y parte del Senado de EEUU pueden convertirse en la debacle final republicana.
Europa se aparta del órdago de Trump en Irán
Esta estrategia errática es rechazada con una voz cada vez más alta por los aliados europeos de EEUU, que, como ocurrió con la cruzada arancelaria de Trump o su intención de apoderarse de Groenlandia, de nuevo recurre a la amenaza directa a sus socios. Ante la imposibilidad de desbloquear el estrecho de Ormuz con los medios navales de EEUU y el elevado coste que supone tal despliegue, Trump exige a sus aliados que contribuyan al esfuerzo bélico o se atendrán a las consecuencias.
Trump ha ido al grano ante el creciente desagrado europeo por el curso que está tomando la guerra. El jefe de la Casa Blanca ha amenazado a sus aliados de la OTAN con "un futuro muy malo" si no prestan al Pentágono su ayuda militar para abrir el estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, sin considerar en absoluto que el bloqueo iraní es la respuesta a la ofensiva lanzada por Trump y Netanyahu el 28 de febrero.
"Es apropiado que las personas que son beneficiarias del estrecho ayuden a asegurarse de que no sucede nada malo allí", afirmó en una entrevista a Financial Times, en referencia a los países europeos, a China y sus aliados en Extremo Oriente que dependen del crudo del Golfo Pérsico. "Si no hay respuesta o si es una respuesta negativa, creo que será muy malo para el futuro de la OTAN", advirtió Trump.
Trump dejó caer otra velada amenaza a los aliados que no se "entusiasmaban" con sus planes bélicos en Ormuz
Este lunes, dejó caer otra velada amenaza a los aliados que no se "entusiasmaban" con sus planes bélicos en Ormuz. "Muchos países me han dicho que están en camino, algunos con entusiasmo y otros no. Algunos países a los que hemos protegido durante muchos años no han mostrado tanto entusiasmo, y el nivel de entusiasmo para mí importa mucho", arremetió.
Europa no quiere una guerra sin fin
Aunque la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, había propuesto inicialmente esa idea de despachar los navíos europeos de la misión Aspides a la zona de Ormuz, en todo momento quiso dejar negro sobre blanco que la guerra de Irán quedaba "fuera del ámbito de actuación de la OTAN". Finalmente, los ministros de Exteriores de la UE desecharon esa ampliación del marco de acción de Aspides, siquiera con un componente eminentemente defensivo. "Europa no tiene ningún interés en una guerra sin fin", sentenció Kallas.
La operación EUNAVFOR Aspides, creada hace dos años, cubre desde el mar Rojo hasta el Golfo Pérsico y buena parte del noroeste del océano Índico. Su función es ofrecer protección a los navíos mercantes tras la escalada de los ataques de los hutíes de Yemen contra la navegación en el mar Rojo en represalia por la invasión israelí de Gaza en 2023.
Kallas: "Europa no tiene ningún interés en una guerra sin fin"
Grecia, que lidera la misión Aspides, fue este lunes muy claro: "No existe ninguna posibilidad de intervención de nuestro país en una posible operación en el estrecho de Ormuz", dijo un portavoz del Ejecutivo griego.
Otros gobiernos europeos ya se habían manifestado abiertamente contrarios a integrar esa coalición militar exigida por la Casa Blanca. Así el ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, declaró que su país no participará en una misión para asegurar el tráfico por el estrecho de Ormuz. "No participaremos en la confrontación", aseveró Wadephul en una entrevista a la radiotelevisión pública ARD.
El ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, fue tajante ante las intenciones de EEUU después de haber provocado esta guerra: "¿Qué espera Donald Trump que hagan un puñado o dos de fragatas europeas que no pueda hacer la poderosa Marina de EEUU?". Y añadió sin reparos: "Esta no es nuestra guerra".
La ministra francesa de Fuerzas Armadas y Asuntos de Veteranos, Catherine Vautrin, señaló que su país tampoco contempla el despliegue de sus barcos en esa zona. "No está previsto enviar buques franceses al estrecho de Ormuz en esta etapa", agregó. "Francia no es parte de esta guerra", explicó la ministra.
España en contra de un despliegue europeo
El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, también rechazó una intervención militar en Ormuz. "La solución puramente militar nunca trae democracia, ni estabilidad, ni prosperidad económica. Esa es la posición que tiene que tener la Unión Europea. Desde luego, esa es la posición de la política exterior de España", afirmó Albares antes de comenzar este lunes el Consejo de ministros de Exteriores de la UE en Bruselas.
Albares lanzó un llamamiento a ambas partes en conflicto: "No hay que hacer nada que añada todavía más tensión, más escalada. Lo que hay que hacer es que cesen los bombardeos, que cesen los lanzamientos de misiles, sobre todo los países de Oriente Medio", comentó. El titular español de Exteriores insistió en la necesidad de que la UE hable con una única voz en materia defensiva "para no verse arrastrada a otros escenarios y guerras en las que no hemos sido ni consultados ni informados".
Más ambiguo fue el primer ministro británico, Keir Starmer, quien, aunque instó este lunes a colaborar en la apertura del estrecho de Ormuz a fin de contener los efectos del parón del trasiego de combustibles, reconoció que no era una tarea simple. En cualquier caso, Starmer evitó aludir al llamamiento de Trump para conformar una coalición militar internacional.
En Asia no quieren mancharse las manos de sangre
También se manifestaron en contra de participar en un despliegue militar en el estrecho de Ormuz dos de los países aliados de EEUU en la cuenca del Pacífico, Australia y Japón. La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, descartó esa posibilidad y subrayó que su Gobierno no tiene planes para incorporar sus navíos a esa eventual fuerza conjunta liderada por EEUU. En el caso australiano, la ministra de Transporte, Catherine King, descartó tajantemente el envío de ayuda militar a Ormuz. "Sabemos lo importante que es, pero no es algo que nos hayan pedido ni a lo que vayamos a contribuir", añadió.
Corea del Sur tampoco mostró entusiasmo alguno en participar en la guerra junto a EEUU. Un portavoz de la Presidencia de Corea del Sur, Lee Kyu Yeon, explicó que Seúl solo daría su respuesta "tras suficientes discusiones" con Washington y "con un tiempo adecuado para la deliberación". Es decir, nunca.
Curiosamente, otro de los países a los que pidió Trump que ayudaran a despejar el estrecho de Ormuz de la presencia iraní fue China, que tiene en Irán uno de sus principales proveedores de crudo. Y no solo Irán. A través del estrecho de Ormuz pasa el 45% del petróleo que compra China.
A través del estrecho de Ormuz pasa el 45% del petróleo que compra China
Pekín ha optado también por no apoyar esa coalición y apostar por la mesa de las negociaciones. Prefiere tratar semejantes cuestiones cara a cara, por ejemplo, cuando Trump visite China dentro de dos semanas, siempre y cuando la situación internacional o la actitud incierta del presidente estadounidense no den al traste con su cumbre con el líder chino, Xi Jinping.
Y China observa
En cualquier caso, en Washington no ha gustado mucho la posición china sobre la guerra. Pekín ha pedido el cese inmediato de los ataques y ha insistido en el papel de la diplomacia "de los jefes de Estado", que "juega un papel estratégico irremplazable", aseguró un portavoz chino en alusión directa al viaje del mandatario estadounidense a China, previsto entre el 31 de marzo y el 3 de abril.
China ha propuesto intermediar entre EEUU e Irán para promover una desescalada militar. Pero al tiempo, Pekín aprende la lección de lo que está ocurriendo en Oriente Medio. Las fuerzas armadas de EEUU han demostrado sus puntos débiles, con su incapacidad para aplastar a Irán, al tiempo que el Pentágono vacía sus arsenales. Incluso se han tenido que trasladar a Oriente Medio parte de los medios militares estadounidenses de Extremo Oriente y todo eso lo observa China, enfrentada con EEUU en torno a Taiwán, la isla irredenta.
Las dudas continuadas de Trump en este conflicto han evidenciado también una fragilidad en la cadena de mando estadounidense muy importante. Debilidad agravada por la supeditación de EEUU a Israel, que, al igual que el resto de errores, estudia China con atención y con el pensamiento puesto en Taiwán.






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