Trump ve más cerca la paz en Ucrania, pero la disputa sobre las anexiones rusas impide un acuerdo
La cumbre de Berlín terminó sin avances para la paz en Ucrania pese al optimismo de Trump, con la pugna territorial y el tenaz desafío europeo a Rusia como escollos insalvables.

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La aceptación por la Casa Blanca de unas garantías fuertes de seguridad para Ucrania una vez termine la guerra con Rusia envalentonó a los asistentes europeos a la cumbre de Berlín. Los aliados de Kiev, liderados por Alemania, Francia y Reino Unidos, cerraron este fin de semana y el lunes filas con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, y reclamaron el despliegue de tropas aliadas en Ucrania protegidas por Washington, rechazaron la cesión a Moscú de las regiones ocupadas y reclamaron al Kremlin el pago de indemnizaciones de guerra con sus activos financieros en Europa.
Con este panorama, y pese al mensaje rimbombante de Trump, nada parece haber avanzado hacia el armisticio que todos dicen querer, pero por el que ninguno quiere hacer el correspondiente sacrificio, ni ucranianos ni rusos ni menos aún los europeos, empeñados en tocar las campanas a rebato sobre una agresión de Rusia en los próximos años, mientras son incapaces de abrir negociaciones con Moscú, siquiera en la sombra. Al contrario, la posición europea no ha variado apenas desde antes de que Trump lanzara su famoso plan de paz de 28 puntos y que fue rechazado especialmente por Bruselas.
De momento, este martes Rusia ya advirtió que no devolverá un solo metro cuadrado del territorio conquistado y no admitirá fuerzas extranjeras en Ucrania, por mucho que lo exijan Zelenski y sus amigos europeos. Esta madrugada, Zelenski confirmó lo que habían coreado un día antes las potencias europeas reunidas en Berlín: "No queremos entregar nuestro Donbás", en referencia a las regiones de Lugansk y Donetsk ocupadas por Rusia al igual que buena parte de Jersón y Zaporiyia, invadidas en la guerra que comenzó el 24 de febrero de 2022.
Y Trump lo sabe, pese a su exagerado optimismo tras las reuniones en Berlín el domingo y el lunes entre sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, su leal yerno, con el presidente ucraniano y representantes europeos. “Creo que ahora estamos más cerca que nunca” de la paz, afirmó ufano el presidente estadounidense en un acto en la Casa Blanca.
Trump no acaba de ver todo el cuadro
Aseveró el líder republicano que sus "aliados en Europa" le están dando un "apoyo enorme" y que "ellos también quieren que esta guerra llegue a su fin". Agregó, ya rozando la excentricidad dialéctica, que igualmente lo desean los rusos, aunque “a veces lo quieren y otras no, y lo mismo ocurre con Ucrania. Así que tenemos que lograr que se pongan de acuerdo”.
Pese a sus alabanzas, Trump sabe perfectamente que ninguno de los contendientes en esta guerra va a ser el primero en dejar en tierra sus drones y sus misiles, y que sus diferencias son aún abismales. También es consciente del papel nada constructivo de una Europa empeñada en ese doble juego de halagar a Washington en el cara a cara, como este lunes con Wilkoff en Berlín, para a continuación, en la cumbre exclusivamente europea que acogió a última hora la capital alemana, poner nuevos palos en la rueda del diálogo con Moscú y desafiar no solo al Kremlin sino a la propia estrategia de Trump.
No se sabe qué le dijeron los líderes europeos con los que Trump habló el lunes, pero sus palabras y lo reiterado por los representantes de la Unión Europea y Reino Unido en su reunión de Berlín entraron la pasada noche en abierta contradicción, pese a la aparente buena voluntad de Washington.
De momento, EEUU accede a dar garantías de seguridad a Ucrania
EEUU se ha comprometido con unas garantías de seguridad que darán a Ucrania el soporte que podría tener cualquier país de la OTAN (sin pertenecer a ella) si se aplicara el artículo 5 de la Alianza. Es decir, los aliados de Ucrania considerarían una agresión rusa contra Kiev como una ofensa también contra ellos mismos. Esas garantías aportadas por Estados Unidos incluirían asimismo mecanismos de disuasión y desescalada militar.
Sin embargo, el proceso de negociación no ha avanzado apenas nada en lo más importante, esto es, el destino de los territorios ucranianos ocupados y anexionados por Rusia. A pesar de que Trump ya le ha dado a entender a Kiev por activa y por pasiva que la cesión de una parte de su territorio es inevitable, Zelenski sigue insistiendo en que no renunciará a esa quinta parte del país invadida por las fuerzas rusas, incluida la península de Crimea anexionada en 2014, cuando se produjo, en buena parte por el intervencionismo de Bruselas y Washington en Kiev, el germen de la actual crisis.
Y Europa lo respalda. Bruselas y Londres apuestan por una tregua que permita desplegar sus tropas en Ucrania para forzar a Moscú a detener la guerra que está ganando militarmente. Con dificultades, pero de forma inexorable, esas ganancias territoriales podrían ser mucho mayores de aquí a un año. Por eso, el despliegue europeo no se realizaría una vez firmada la paz definitiva, sino antes y con un escudo de EEUU, algo que la Casa Blanca no contempla de momento, pues llevaría a cruzar todas las líneas rojas con Rusia.
La declaración de Berlín, una bofetada a Rusia
En la declaración de Berlín firmada en la noche del lunes por el anfitrión, el canciller alemán, Friedrich Merz, los presidentes de Francia y de Finlandia, Emmanuel Macron y Alexander Stubb, las primeras ministras de Dinamarca y de Italia, Mette Frederiksen y Giorgia Meloni, los primeros ministros de Polonia, el Reino Unido, Suecia, Noruega y Países Bajos, Donald Tusk, Keir Starmer, Ulf Kristersson, Jonas Gahr Store y Dick Schoof, así como los jefes de la Comisión Europea y el Consejo Europeo, Ursula von der Leyen y António Costa, respectivamente.
La declaración es sorprendente, pues aunque destaca que se han dado "avances significativos" en la estrategia de Trump para avanzar hacia el fin de la contienda y se habla de una "fuerte convergencia entre EEUU, Ucrania y Europa" en el objetivo de que esa paz sea “justa y duradera”, los firmantes apuestan por la adopción de unas medidas que los rusos rechazan visceralmente.
Entre ellas está el refuerzo del ejército ucraniano, con armas y medios, que, en tiempos de paz deberá tener al menos 800.000 militares. Pero no solo. Los aliados de Kiev demandan el despliegue de "una fuerza internacional para Ucrania liderada por Europa, formada por contribuciones de naciones voluntarias en el marco de la Coalición de Voluntarios y apoyada por EEUU", tal y como señala la declaración. Este contingente tendría bajo su cometido asegurar "el espacio aéreo ucraniano y la protección de sus mares", e incluiría "operaciones dentro de Ucrania".
Es decir, habría aviones de combate, sistemas de misiles, drones y navíos de guerra europeos desplegados ante Rusia y, como teme el Kremlin, formando parte del contingente ucraniano-aliado que en cualquier momento podría intentar recuperar los territorios anexionados por Rusia y cuyo destino se estaría dirimiendo en los tribunales internacionales en caso de simple tregua.
La declaración exige igualmente "un mecanismo de monitoreo y verificación del alto el fuego liderado por EEUU, con participación internacional". Es decir, los sistemas más avanzados en contrainteligencia y vigilancia satelital del Pentágono al servicio del macroejército ucraniano-europeo. Con razón hace unos días el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, daba por seguro un conflicto militar con Rusia en menos de cinco años. Se le olvidaba concretar que la chispa de esa crisis podría estar en ese despliegue aliado en Ucrania.
Según el documento aliado suscrito en Berlín, las medidas de seguridad otorgadas por el despliegue extranjero "pueden incluir el uso de la fuerza, asistencia de inteligencia y logística, así como acciones económicas y diplomáticas". Tal lista de acciones solo podría garantizarse con la involucración estadounidense hasta un grado que seguramente no esté en los planes de Trump.
Sobre la disputa en torno a los territorios invadidos por Rusia en Ucrania, los aliados europeos de Kiev señalan que las decisiones deberán ser adoptadas por Kiev "una vez que las garantías de seguridad sólidas estén efectivamente en vigor". Es decir, una vez que se hayan desplegado en Ucrania tras un hipotético alto el fuego decenas de miles de soldados franceses, alemanes, británicos, polacos y de otros países blindados por EEUU, aunque no haya contingentes estadounidenses sobre el terreno. Ese potencial militar permitiría fortalecer la posición ucraniana para recuperar los territorios ocupados por Rusia.
Los europeos afirman en la declaración que apoyarán a Zelenski si quiere hacer un referéndum para decidir la cesión o no de los territorios ocupados por Rusia. Es evidente que si se celebra una consulta así con la OTAN o la Coalición de Voluntarios desplegada en Ucrania ni un solo ucraniano votará a favor de esa cesión de territorios a Rusia, y Zelenski tendrá todos los argumentos para intentar recuperar por la fuerza, con apoyo occidental, sus tierras perdidas.
Es por eso que Rusia reclama un acuerdo de paz definitivo y no una tregua previa, con el reconocimiento oficial por Ucrania y Europa de las conquistas rusas. Más aún cuando en el documento de Berlín se insiste en que "las fronteras internacionales no deben cambiarse por la fuerza".
Moscú no cederá sus conquistas
La respuesta de Rusia fue contundente este martes. El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, afirmó que Moscú no hará ninguna concesión territorial en las conversaciones para finiquitar la guerra de Ucrania.
Rusia no permitirá en ningún caso "la presencia de tropas de la OTAN en territorio ucraniano", tampoco de la Coalición de Voluntarios, que, afirmó Riabkov en una entrevista con el canal ABC, "es lo mismo" o "aún peor", pues un despliegue de fuerzas europeas bajo esta bandera "podría llevarse a cabo incluso sin los procedimientos habituales de la OTAN para tales contingencias".
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, remarcó las palabras de Riabkov y subrayó que Rusia quiere una paz definitiva, "no una tregua que dé respiro a los ucranianos y les permita prepararse para continuar la guerra". Y fue muy preciso: no habrá un armisticio hasta que se cumplan todas las demandas rusas, incluida la entrega de las partes del Donbás aún bajo control ucraniano. De lo contrario, dijo Peskov rotundo, “la guerra continuará en 2026”.
Es ante esta certeza de que la guerra continuará el año próximo, que el Gobierno ucraniano apremió este martes a sus aliados europeos a destinar al menos un 0,25% de su PIB a armar a Ucrania en 2026. Así lo reclamó el ministro de Defensa ucraniano, Denys Shmyhal, quien apuntó que Kiev necesita para los próximos meses 120.000 millones de dólares en defensa, de los que la propia Ucrania puede proveer la mitad. En este sentido, urgió a sus aliados a suministrar el resto del dinero, una demanda que se aleja un tanto de la apuesta de Trump para terminar la guerra estas Navidades.



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