Felipe VI y Mohamed VI, una relación más asimétrica que la de sus padres por el poder del rey alauita
El actual monarca español tiene menos peso político que Juan Carlos I mientras que el sucesor de Hassan II sigue estando en el centro de todos los poderes en Marruecos.
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Durante décadas, cuando España tenía algún asunto complicado con Marruecos, como los acuerdos de pesca, la situación del Sáhara o la migración, se apoyaba en el rey Juan Carlos I, que ya era amigo de Hassan II antes de llegar a la Zarzuela y que, además entonces, tenía más relevancia política en España que Felipe VI actualmente.
También cuando se trataba de negocios. Los bancos españoles no se instauraron en el país vecino hasta que intercedió Juan Carlos de Borbón a través de la embajada. De hecho, ambos reyes firmaron en 1991 el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre España y Marruecos.
Esa amistad entre Hassan II y Juan Carlos I, que se trataban como familia, más allá de lo protocolario sirvió para mantener un canal de comunicación con Marruecos cuando se producían choques diplomáticos bilaterales.
La relación entre las casas reales es ahora igualmente cordial, pero el peso político que tenía en España Juan Carlos I, sobre todo en las primeras décadas de su reinado, no lo ostenta Felipe VI. Mientras que en Marruecos el rey sigue siendo el centro de todos los poderes, incluso el religioso como comendador de los creyentes.
La relación asimétrica es evidente, entre otras causas porque Felipe VI tiene que tener el consentimiento del Ministerio de Asuntos Exteriores para todos sus movimientos. Motivo por el que todavía no ha visitado Ceuta y Melilla durante su reinado, algo que el Gobierno español sabe que molestaría a Marruecos. No obstante, tal y como informó Público, la postura de Moncloa que trasladan fuentes oficiales es que vería "con buenos ojos" la visita a Ceuta. Que no se opondría, aunque deja la decisión en manos del monarca.
Realmente, Felipe VI heredó una relación estratégica pero en un contexto diferente al de su padre. Marruecos se ha convertido en un país mucho más ambicioso y con una política exterior propia, apoyándose en grandes potencias como Estados Unidos e Israel, con quienes mantiene alianzas económicas y militares.
Además, aunque la relación entre las dos monarquías tiene continuidad histórica, la relación política entre España y Marruecos depende cada vez más de decisiones tomadas por el Gobierno.
Solo ante la gravedad de la tragedia actual en Ceuta, el Gobierno español barajó la posibilidad de que Felipe VI hablase con el rey alauita, pero hasta el momento las decisiones importantes, como el Sáhara, las ha tomado siempre el presidente Pedro Sánchez.
Precisamente, ahí reside la diferencia: el rey de España representa al Estado, mientras que Mohamed VI es el centro del núcleo donde se toman las grandes decisiones del Estado. Cuando Madrid negocia con Rabat no lo hace únicamente con un Gobierno, sino con un sistema político en el que la monarquía ocupa el centro del poder.
Majzén, núcleo de decisión y poder del Estado
Marruecos no puede entenderse mirando únicamente al Gobierno de turno, hay que mirar al Palacio. Para saber qué quiere Mohamed VI, hay que saber qué representa la Corona, cómo funciona el Majzén y dónde se encuentran los verdaderos centros de decisión del Estado. Precisamente esa es la diferencia esencial con la Corona española. En España, se supone que el rey es únicamente símbolo y árbitro constitucional. En Marruecos, el rey es también reconocido como el núcleo alrededor del cual se organiza el poder.
Si mañana el Gobierno marroquí quisiera tomar una decisión que afectase a España, ¿a quién tendría que convencer realmente: al primer ministro o al Palacio? Evidentemente a la Corona. Así entenderemos que cuando España negocia con Rabat sobre Ceuta y Melilla, la migración, el terrorismo o el Sáhara Occidental lo hace con miembros del Gobierno, que son nombrados por el rey o tienen directrices del Palacio.
Así aparece lo que conocemos por el Majzén, una estructura informal de poder que se articula alrededor del rey, ciertos consejeros reales, altos cargos de seguridad, militares y élites económicas y administrativas. Con frecuencia se pertenece a esta oligarquía de forma hereditaria o por proximidad con Palacio.
Dentro del país existen detractores del Majzén por su carácter antidemocrático pero también cuenta con defensores que lo consideran la base de la estabilidad, ya que consideran que garantiza la continuidad de la monarquía.
Diplomacia real
Solo hace falta echar un ojo a la fotografía del comunicado oficial de la reunión de noviembre de 2025 del Gabinete Real con los partidos sobre la iniciativa de autonomía del Sáhara para descubrir personas imprescindibles para el Palacio real, que la presidieron por orden de Mohamed VI.
Allí estaban Fouad El Himma, consejero real y el hombre político más importante del entorno del rey; Taieb Fassi Fihri, consejero real y antiguo ministro de Exteriores; el consejero real Omar Azziman, y el secretario particular del rey y figura clave de los negocios y activos reales, Mounir Majidi.
El Himma es fundamental en esta pirámide porque es la figura con conocimiento transversal de los asuntos del Estado. Creador además del partido que ha desbancado a los islamistas y que encabeza desde 2021 el poder en Marruecos, el Partido Autenticidad y Modernidad (PAM).
Realmente, excede el cargo de asesor, porque permite explicar cómo funciona el poder alrededor de Mohamed VI: acceso directo y personal al rey, política interna, Sáhara, seguridad y relaciones con otros centros de poder.
Su papel en las relaciones con España es fundamental. Hay incluso analistas que lo presentan como quien impulsó desde el Palacio la estrategia de ruptura con Madrid en determinados momentos de la crisis del Sáhara.
Por su parte, el mayor representante de la diplomacia e imagen visible internacional es el ministro de Asuntos Exteriores, elegido directamente por el rey, Nasser Bourita. Con una labor exhausta en la cuestión territorial, pero no está incluido en la lista de miembros del Majzén.
Aunque es una de la figuras más poderosas del Estado, pertenece al aparato institucional del Gobierno y no a Palacio. No obstante, es interesante su relación con el rey porque la política exterior marroquí es un terreno en el que la frontera entre Gobierno y Corona es especialmente estrecha. Sin embargo, detrás de esa política internacional está el consejero real Taieb Fassi Fihri.
Es una pieza interesante por España y el Sáhara, a pesar de ser menos conocido. Fue ministro de Exteriores y posteriormente consejero real. Hoy continúa apareciendo en reuniones estratégicas del Palacio. Fue ministro de Derechos Humanos, embajador en España y presidente del Consejo Nacional de Derechos Humanos.
Vigilancia e inteligencia
Junto a Fouad El Himma otro compañero de pupitre de Mohamed VI en el Colegio Real que tiene acceso directo al núcleo de decisión del Palacio es Yassine Mansouri, director de la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), la inteligencia exterior.
En cuanto a vigilancia ha tomado un creciente peso Abdellatif Hammouchi, director de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), la inteligencia interior, y de la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN), la policía nacional. Es decir, es uno de los hombres más poderosos del aparato de seguridad marroquí pero no conforma el Mazjén.
Su poder ha crecido enormemente desde los atentados de Casablanca de 2003. Y la relación entre Hammouchi, Mansouri y El Himma es especialmente interesante porque vislumbra que el aparato de seguridad tampoco es un bloque perfectamente homogéneo y padece tensiones internas.
Élite económica
El Majzén no es únicamente político o policial, y ahí entra en juego Mounir Majidi, secretario personal de Mohamed VI desde 2000 y presidente de Siger, el holding que articula los intereses empresariales de la Corona desde 2002. Nada es producto del azar, incluso el nombre, que proviene del latín "regis" (del rey) escrito al revés.
Lo cierto es que la relación entre el núcleo histórico del Palacio y las nuevas élites económicas ha crecido y ahí aparece el primer ministro Aziz Akhannouch como una de sus figuras más importantes.
Sin embargo, a pesar de ser el segundo hombre más rico en el país, después del rey, no es miembro del Majzén. Es un ejemplo de cómo el poder marroquí actual tiene varios centros conectados entre sí.
De tal manera que el Majzén no es un grupo o una oficina secreta, sino la zona de intersección de esas redes con el rey a la cabeza rodeado de sus consejeros, con la seguridad y vigilancia incluyendo a una élite económica y controlando al Estado formal, donde no solo están Bourita y Akhannounch, sino también Interior y el Parlamento.
Por eso cuando el Palacio aborda una cuestión considerada estratégica, como el Sáhara, puede convocar directamente a los partidos y colocar a sus propios consejeros en el centro de la operación.
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