Opinión
Figaredo y una señora gallega

Por David Torres
Escritor
-Actualizado a
Los políticos deben andarse con mucho ojo cuando pasean por la calle, porque la calle, por definición, es imprevisible. Frente a los safaris institucionales, los mítines recauchutados a base de claque y las ruedas de prensa coreografiadas, la calle muestra el lado selvático de la realidad, donde la gente anda sin bozal, sin filtros y a veces hasta sin modales. A Pedro Sánchez suelen mentarle la madre según asoma el hocico por un portal, mientras que a Ayuso le recuerdan una y otra vez la masiva eutanasia de abuelos durante la pandemia mediante un vistoso 7.291 estampado en carteles y camisetas. Calificativos cariñosos aparte.
En febrero de 2013, en previsión de lo que pudiera suceder, Mariano Rajoy compareció para dar explicaciones sobre el caso Bárcenas a través de una pantalla de plasma, como si los periodistas no estuvieran lo bastante domesticados a base de credenciales y fuesen a abuchearlo o a arrojarle zapatos a la cabeza. Mariano en diferido y en forma de simulación era todo un hallazgo, un primer paso hacia el teletransportador del Star Trek, pero dos años después, en diciembre de 2015, se le ocurrió salir del plasma durante la campaña electoral en Pontevedra y un joven radical aprovechó para romperle la cara, las gafas y la cuarta pared.
Nunca se sabe cuándo la democracia puede pasar de las papeletas a los hechos y decidirse a tomar la Bastilla por las bravas. Abascal fue este verano a Ceuta a sembrar vientos y tuvo que conformarse con recoger tempestades atrincherado en un hotel. Ni siquiera se atrevió a posar en un balcón con el casco de los Tercios, cuando antes le habían sacado una foto de navegante a lo Núñez de Balboa a bordo de un ferry de Balearia. Una muchedumbre enfurecida no hace distinciones ideológicas entre derecha e izquierda, y algo parecido les ocurrió a Elma Saíz, ministra de Inclusión; a Julio Basurco y Mohamed Mustafá, líderes de ¡Ceuta Ya!; y a Alvise Pérez, quien acudió a caldear los ánimos y por poco no le caldean los lomos.
Mucho más educada, también más efectiva, fue la comitiva popular que recibió a la delegación de Vox en el municipio gallego de Sada. Figaredo había ido a criticar las cuotas pesqueras impuestas por la Unión Europea, es decir, a defender la pesca de la caballa y la sardina después de su impetuosa defensa de la caza de migrantes uno a uno, pam, pam, pam. Lo que pescó, mayormente, fue una serie de adjetivos -más bien epítetos en su caso- que le fueron cayendo uno a uno, pam, pam, pam, como migrantes recién cazados, y que terminaron de definirlo para los anales. Y mira que Figaredo, durante sus actuaciones en el Congreso de los Diputados, se esfuerza en definirse por sí mismo con su voz de ocarina clueca y sus patillas de bandolero en paro, con sus gafas de contable y sus opiniones de negrero, pero al final quien lo ha retratado para la posteridad, de un plumazo, ha sido una señora gallega.
Da la impresión de que a Figaredo lo hayan fichado en Vox para despistar, mejor dicho, para concentrar en su persona todo el asco cerval y la repugnancia histórica que provoca la formación, que son mucho y mucha. No Abascal y sus pintas de jeque desubicado, no Buxadé y su disfraz de Mars Attack, sino Figaredo, un experto en el no cambio climático que denuncia la dictadura feminista y compara el aborto con la guillotina. Es un hombre de otro siglo, tan atrasado que hasta ahora yo creía que la mejor descripción de Figaredo estaba en una novela de Galdós: "Era un hombre chiquitín, atusado, limpio, que parecía un muñeco de porcelana vestido de paisano. Tenía las manos blancas y cortas, los pies de señorita, y andaba a pasos menudos, cuidando de no pisar los charcos. Su alma era un registro de contabilidad, y su cuerpo parecía haber sido encogido por el miedo a gastar demasiada tela en el traje". Esta semana una señora gallega ha corregido y aumentado la descripción con apenas ocho palabras. Enhorabuena.
Comentarios de nuestros socias/os
Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.