De la Flotilla de Gaza al Kurdistán: la profesora catalana que participa en causas internacionales
La catalana Ariadna Masmitjà, profesora de formación, hace años que dedica gran parte de su tiempo a recorrer el mundo militando en espacios que buscan construir alternativas al poder.

Barcelona-
Ha llegado hace poco tiempo de una gira por Latinoamérica, donde sobre todo ha pasado tiempo en Venezuela. Regresó a Catalunya pocos días antes de que Estados Unidos detuviera y deportara a su presidente, Nicolás Maduro. Esta ha sido su última aventura. Antes, sin embargo, se adentraba en la Global Summud Flotilla, participando de la misión humanitaria que buscaba romper el bloqueo israelí de Gaza, hasta pasar tres días en una prisión israelí, retenida por las fuerzas hebreas.
Para Ariadna Masmitjà el activismo internacionalista no es un apéndice teórico de la política, sino un hecho práctico que ella asume como una manera de vivir. Esta catalana de 38 años -es vecina de Manlleu, en Osona (Barcelona) y nació en 1987- lo ve como una herramienta política para entender cómo funciona el mundo y cómo se repiten, con formas diferentes, las "mismas dinámicas de dominación".
Es por eso que hace años que recorre territorios en conflicto para conocer de cerca proyectos comunitarios que desafían el orden establecido. Lo que encuentra, dice, es siempre el mismo patrón: allí donde el pueblo organizado empieza a decidir sobre su vida y sus recursos, aparece la represión, pero también proyectos estimulantes que pueden florecer.
Este hilo conductor atraviesa el Kurdistán, Venezuela y Palestina. Contextos muy diferentes, pero que pueden unirse por similitudes que la propia Masmi, como la llaman los amigos, ha podido vivir. El intento de construcción de soberanías populares que a menudo despierta una reacción violenta del poder, ya que de manera inherente esta construcción de soberanía horizontal disputa la hegemonía de la economía y la geopolítica.
Unas experiencias que, lejos de vivir como una suma de aventuras personales, interpreta como una consecuencia directa de los privilegios de haber nacido y vivido en Europa. "Donde te ha tocado vivir define mucho los privilegios que tienes", explica, y considera que vivir en territorios enriquecidos implica también una responsabilidad política ante la explotación sistemática de otros pueblos.
En Venezuela, su papel ha estado estrechamente vinculado al poder popular y a las comunas, según relata. Masmitjà participó como observadora internacional en una consulta popular celebrada el 23 de noviembre del año pasado. Un proceso de participación comunitaria en el que las propias comunas identifican necesidades concretas -desde la alimentación hasta los servicios básicos-, analizan oportunidades y debilidades y acaban decidiendo qué proyecto consideran más urgente desarrollar, con financiación directa del gobierno.
Este modelo, subraya, no sólo permite dar respuesta a problemas inmediatos, sino que refuerza una idea clave: que sean las comunidades organizadas las que tomen decisiones sobre su propia vida. "Mi vinculación con Venezuela es sobre todo con las comunas, con esos proyectos de base que dan poder al pueblo y que aspiran a que la hegemonía no sea una estructura vertical, sino la gente organizada”, afirma.
Luchas conectadas
Esta profesora de formación y miembro de la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), hace una lectura crítica clara del momento que vive Venezuela. Reconoce el impacto transformador del chavismo en sus inicios, que generó una alta alfabetización de la población, acceso a servicios básicos y el impulso de las comunas, pero también admite que la muerte de Hugo Chávez abrió una etapa de fragilidad, marcada por divisiones internas, corrupción y, sobre todo, por un bloqueo económico brutal impulsado por Estados Unidos. "El pueblo venezolano ha sufrido crisis muy fuertes, y la responsabilidad principal es del imperialismo norteamericano, aunque también hay errores internos", apunta.
"El pueblo venezolano ha sufrido crisis muy fuertes, y la responsabilidad principal es del imperialismo norteamericano"
Sin embargo, defiende que precisamente estas crisis han reforzado el proyecto comunal. Ante la "destrucción que generan las dinámicas capitalistas", dice, muchas comunidades han redescubierto en la autoorganización, el apoyo mutuo y la autoproducción una herramienta de supervivencia y de futuro. Un proceso que, según explica, había entrado en una fase especialmente potente justo antes de la detención y deportación de Maduro por parte de Estados Unidos. "Cuando las comunas cogen fuerza y el Gobierno se recupera económicamente, el ataque imperialista se reactiva", sostiene, vinculándolo también al interés por los recursos naturales, especialmente el petróleo.
Una lógica que, asegura, se repite en otros puntos del planeta. En Cuba, donde participó en una brigada por los 65 años del ICAP -Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos-, constató una situación económica muy complicada, marcada también por el bloqueo y por decisiones estratégicas fallidas, como la apuesta por el turismo justo antes de la pandemia. Sin embargo, destaca que el país se encuentra en un proceso de revisión interna para reducir la dependencia del exterior y reforzar proyectos más autosuficientes.
En el Kurdistán sirio, la lectura es aún más cruda. Ariadna ha estado en varias ocasiones y ha llegado a vivir allí durante dos años, a menudo sufriendo por su integridad física dadas las dificultades de acceso al país y la represión que se vive. Masmitjà fue para conocer el proyecto revolucionario que el pueblo kurdo estaba construyendo para defenderse de la represión turca y del gobierno sirio.
Describe una ofensiva continuada contra el proyecto de autonomía de Rojava, con ocupaciones militares, desplazamientos masivos de población y con la complicidad de Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN. Un ataque, denuncia, no sólo contra un pueblo, sino contra un modelo político basado en la democracia directa, la liberación de las mujeres y el ecologismo social. "Es un proyecto que da esperanza y, por eso mismo, quieren destruirlo", considera.
El mismo patrón identifica en Palestina. Tras dos años de genocidio televisado en Gaza y de unos ataques israelíes constantes también en Cisjordania, opina que los pactos que se están imponiendo no son procesos de paz, sino nuevas formas de colonización. "Cuando la alternativa es la masacre, los pueblos son obligados a ceder", resume, denunciando que los proyectos de reconstrucción se deciden desde fuera, sin soberanía palestina.
"Cuando la alternativa es la masacre, los pueblos son obligados a ceder"
Para Masmitjà, todas estas luchas están profundamente conectadas. En un mundo cada vez más globalizado, donde la extrema derecha y los poderes hegemónicos cooperan a escala internacional, defiende que la única respuesta posible es hacer red entre pueblos. "No es sólo responsabilidad, también es poder: el poder de generar dinámicas que no destruyan la vida, sino que la hagan crecer", concluye.
Ahora, mientras coordina la nueva misión humanitaria que se dirigirá a Gaza por mar y tierra en marzo, en una nueva versión de la Flotilla, coge un vuelo hacia el Kurdistán, que en el caso sirio está inmerso en un proceso de pérdida de autonomía. Porque lejos de quedarse en la comodidad de Catalunya, apuesta por arraigarse a la solidaridad entre los pueblos como una manera de formar parte del mundo. De ayudar y sostener. De no mirar hacia otro lado.


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