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Los golpistas recurren a la violencia en Honduras

Decenas de heridos y detenidos en las cargas policiales contra los opositores a Micheletti

JUAN CARLOS RIVERA TORRES

El Gobierno golpista de Roberto Micheletti ha ordenado al Ejército y la Policía no andarse con contemplaciones para aplacar las revueltas populares contra la asonada militar perpetrada hace 34 días. La represión contra los manifestantes que exigen la restitución de Manuel Zelaya en la presidencia de Honduras es implacable desde el jueves.

Fuerzas policiales y del Ejército atacaron ayer con gases lacrimógenos, porras, balas del calibre nueve milímetros y fusiles a centenares de hondureños que se encontraban concentrados en las salidas de Tegucigalpa, Comayagua y Santa Rosa de Copán.

En esta última localidad, situada a 300 kilómetros al oeste de Tegucigalpa, grupos de soldados hirieron a más de veinte personas que mantenían bloqueada la carretera que enlaza El Salvador y Guatemala.

Los militares se abalanzaron contra unos 500 manifestantes con gases lacrimógenos, "a quienes comenzaron a golpear de forma salvaje", relató a Público Alexander Arita, miembro del Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia de Honduras.

Los civiles trasladaron a los heridos al Hospital de Occidente y a clínicas privadas de la localidad. Fuentes opositoras aseguraron que en estos disturbios fueron detenidos más de cien partidarios de Zelaya, muchos de ellos heridos .

En Comayagua, ex capital de Honduras, un millar de personas acordonó la comisaría de Policía para exigir la liberación de 12 personas, entre ellos un periodista del canal de televisión de San Pedro Sula, acusadas "de sedición, robo y atentado".

En este mismo municipio, miembros del Frente Nacional de Resistencia Contra el Golpe de Estado, buscaron durante todo el día de ayer a un número indeterminado de personas que desaparecieron tras la carga militar del jueves.

"Tememos que en las montañas y maizales encontremos algunos compañeros muertos. Nunca había sucedido esto. No quisieron dispersarnos. Fue un ataque mortal", afirmó Eliseo Hernández.

Durante la huelga general decretada en Comayagua, una avioneta de propiedad privada se dedicó a lanzar gases lacrimógenos sobre 1.500 manifestantes que tenían bloqueada la carretera que conecta San Pedro Sula con Tegucigalpa.

En medio del humo, la asfixia y la confusión, unos 600 policías y militares emboscaron a los retenes opositores y comenzaron a dispararles y golpearles a pesar de que muchos de ellos se encontraban tendidos en el asfalto.

"Unos 46 compañeros resultaron heridos y muchos todavía están desaparecidos. Esto fue una cacería, no le podemos llamar de otra manera, porque nos dispararon y persiguieron", dijo Hernández.

En la tarde de ayer se encontraba hospitalizado en el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) Carlos H. Reyes, dirigente del Bloque Popular y candidato independiente a la Presidencia. Sufre una fractura doble en la muñeca derecha tras la paliza recibida por parte de uniformados.

También en los alrededores de la capital del país, la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad contra manifestantes fue desproporcionada. En el municipio de El Durazno, soldados y policías dispersaron a balazos a 3.000 seguidores de Zelaya, que habían bloqueado la salida de Tegucigalpa hacia San Pedro Sula,.

El jueves comenzaron las cargas de las fuerzas de seguridad. En Tegucigalpa las fuerzas militares lanzaron gas sobre la muchedumbre desde un helicóptero y luego acorralaron a la gente. "Hubo palizas y ráfagas de disparos. Hay mucha confusión respecto al número de heridos e, incluso, muertos", aseguró a Público una manifestante.

De acuerdo con informes del Frente de Resistencia, 78 personas fueron detenidas en El Durazno. El número de heridos por bala asciende a 16, uno de ellos de gravedad, el maestro de escuela Jorge Abraham Vallejo. Tras ser operado del cerebro donde tenía alojado un proyectil disparado por militares en Tegucigalpa, ha perdido la vida 24 horas después.

Médicos del centro denunciaron ayer que durante la operación, varios militares irrumpieron en el quirófano con las armas en la manos. Buscaban la bala que Vallejo tenía alojada en la cabeza.

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