La guerra en Irán pone en entredicho el rol de EEUU como 'sheriff' de los petroestados en Oriente Medio
Los ataques contra las refinerías de los Estados árabes confirman que la alianza con Washington, lejos de tener un efecto disuasorio, ha convertido los países productores de petróleo en un blanco más.

WASHINGTON D. C.-
Donald Trump prendió un incendio en Irán que se está extendiendo y amenaza con agotar las alianzas en la región. A punto de cumplirse la cuarta semana de guerra, las constantes represalias iraníes contra los países árabes confirman una nueva realidad: la alianza militar con EEUU, ya sea en forma de bases o acuerdos, no es garante de seguridad. La espiral de ataques cruzados contra enclaves energéticos críticos en el Golfo de los últimos días vuelve a refutar esta idea. La asociación con Washington, que debía tener un efecto disuasorio, ha terminado arrastrándolos a un conflicto que compromete su modelo económico.
No es la primera vez que los países árabes de la región se ven envueltos en el fuego cruzado entre Estados Unidos, Israel e Irán. El pasado verano, en el marco de la Guerra de los Doce Días, Teherán ya atacó la base estadounidense de Al Udeid (Catar) como respuesta a los bombardeos contra sus instalaciones nucleares. Acción de la que los ayatolás avisaron con antelación a través de los canales diplomáticos cataríes. Era el modo de que todas las partes implicadas pudieran volver a casa con un trofeo a presentar: Washington y Tel-Aviv decían que habían destruido por completo el programa nuclear iraniano, y Teherán podía mostrar a su público que había devuelto el golpe. Pero, como en tantos otros aspectos, esta guerra es distinta a pesar de implicar los mismos actores.
En su lucha por la supervivencia, el régimen de los ayatolás está llevando al resto de países del Golfo a una guerra provocada por su socio transatlántico: los Emiratos Árabes, Catar, Kuwait, Bahréin, Arabia Saudí y Omán han sido objetivos de los misiles y drones iraníes. El último episodio de este serial ha implicado graves daños en las refinerías de buena parte de estos países después de que el miércoles Israel bombardeara la parte del yacimiento de South Pars -el mayor del mundo-, que controla Irán. Este enclave, compartido entre Doha y Teherán, contiene el 20% de las reservas mundiales de gas.
Como venganza, Irán respondió con una oleada contra refinerías de Catar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Muchas de estas instalaciones son clave para el mercado global energético, como ocurre con la central de gas licuado de Ras Laffan (Catar). Ras Laffan produce cerca del 20% del suministro mundial. Según ha confirmado el consejero delegado de QatarEnergy, los iraníes han dejado fuera de servicio el 17% de la capacidad de exportación de gas natural licuado del país, y han puesto en peligro el suministro a Europa y Asia.
Solo el daño causado a esta planta, Catar calcula unas pérdidas anuales de 20.000 millones de dólares y prevé que las reparaciones dejarán fuera de servicio 12,8 millones de toneladas de producción de gas natural licuado al año, durante entre tres y cinco años.
Mientras tanto, la baza que ha tenido Trump para que Irán deje de atacar es amenazar con la destrucción total de South Pars. “En ese caso, Estados Unidos de América, con o sin la ayuda o el consentimiento de Israel, hará volar por los aires la totalidad del yacimiento de gas de South Pars con una fuerza y un poder que Irán nunca antes ha visto ni experimentado”, escribía el miércoles noche en Truth Social. Una respuesta así tendría aún un impacto mayor en el mercado energético. El jueves, después de las represalias iraníes, el barril de crudo ya se disparó hasta los 115 $.
El golpe a las refinerías es una escalada en la "guerra horizontal" que ha desplegado Irán en la región para añadir presión a Estados Unidos. Los primeros días de conflicto, Teherán se centró en atacar bases militares estadounidenses en la región y llevar la ofensiva a las puertas de la vida civil. Esta inseguridad pone en riesgo otras dos patas importantes de la economía de estos países: el turismo y la transformación en hubs logísticos. Buena parte del tráfico aéreo que viaja desde Europa a Asia hace escala en estos países.
Teherán también ha hecho volar drones en áreas civiles, llamando a la puerta de la población local e interrumpiendo la normalidad necesaria para hacer marchar la economía. La semana pasada, dos drones iraníes cayeron cerca del aeropuerto de Dubái, y Bahréin tuvo que evacuar varios aviones a causa de la operación militar. Miles de vuelos se han visto cancelados por la guerra.
La guerra provocada por Estados Unidos e Israel está poniendo en peligro el modelo económico que han desarrollado los petroestados en la región durante los últimos 20 años. Inicialmente, los ataques de Irán querían poner presión sobre los países árabes para que intercedieran en su favor y frenaran a Washington. Pero ahora parece que buscan desgastar aún más la alianza entre la administración Trump y sus socios en la región. La ampliación del espectro de ataque a las refinerías aún amenaza con tensar más la situación. Cuanto más se alargue la campaña militar, mayor riesgo es que el rechazo que estos países han estado expresando contra Irán se gire en contra de Estados Unidos.
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