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Haití, hora límite

Cuatro días después del terremoto la esperanza de encontrar más supervivientes son mínimas. En los hospitales, los heridos se retuercen de dolor por la falta de anestesia

JESÚS MORENO

La esperanza en Haití se pronuncia ya en pasado desde un punto de vista científico. Ya ha caído el último grano del reloj de arena de 72 horas que los expertos consideran cruciales para rescatar con vida a las personas que se encuentran bajo los escombros de los edificios que derrumbó el martes el devastador terremoto.

Aún así, los equipos de rescate trabajan a destajo buscando vidas bajo los cascotes y los amasijos de hierro y piedra que pueblan el país caribeño. Sin embargo crece la impaciencia y la frustración por la lentitud con la que llega la ayuda internacional: en pocas horas las estimaciones de fallecidos en el desastre han pasado de 50.000 a 140.000. El Gobierno haitiano advierte de que hay muchas posibilidades de que está cifra se eleve ya a 200.000.

El calor está acelerando la deshidratación de los cuerpos

No es el único nudo que se aprieta en el cuello de las víctimas y de los voluntarios: el calor asfixiante en Puerto Principe, la capital de Haití y una de las zonas más afectadas por el seísmo, está acelerando la deshidratación de los cuerpos y con ello, las probabilidades de hallar supervivientes.

Pero para salir de ésta en Haití no basta con lograr mantener la respiración bajo el peso de una viga o conseguir que el corazón lata bajo el polvo y los  escombros: Muchos de los 250.000 heridos que se hacinan en los hospitales están muriendo por la falta de medicamentos y comida.

"He visto morir a heridos que tenían que ser amputados, entre gritos desgarradores, sin poder hacer nada por no tener ni material de amputación ni sangre para transfusiones", relata desgarradoramente Genevieve Reynold Savain, propietaria de la clínica privada CDTI.

"Los heridos se retuercen de hambre y dolor: no tengo anestesia", dice el director del Hospital Central

"Se retuercen de hambre y dolor", cuenta Guy Laroche, quien dirige el Hospital General de Puerto Principe, un centro público que ahora mismo no puede ni contar los heridos que tiene a su cargo. Lo que sí ha contabilizado son los muertos que rebosan la morgue del centro: 2.000 cadáveres.

El Hospital General comienza a ser más un hotel de dolor que un centro sanitario: no tiene electricidad ni agua; las ambulancias están aparcadas porque no tienen gasolina para abastecerlas;no hay sangre para transfusiones, no hay alimentos. Se escuchan gritos por doquier: no queda anestesia con la que engañar al sufrimiento.

La falta de coordinación en el país es evidente. Lo sabe bien una brigada médica cubana que llegó al Hospital de La Paz para ayudar y tuvo que hacerse cargo de las instalaciones porque el sanatorio estaba huérfano de responsables, informa la agencia EFE.

La ayuda humanitaria que envía el mundo no llega. "La distribución es un problema, y es una gota en el océano. Lo sabemos y compartimos la impaciencia, pero hay limitaciones a la distribución por falta de camiones, combustible y el bloqueo de las carreteras", dijo el subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitario, John Holmes, en una conferencia de prensa.

El diplomático británico resaltó que son conscientes del "enojo y la frustración" de los sobrevivientes de la catástrofe, mientras que instituciones como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) solo han podido hacer llegar su ayuda a unas 8.000 personas, aunque espera auxiliar a un millón en las próximas dos semanas. El PMA envió hoy sólo 20 de las 86 toneladas de alimentos que tiene previstas para atender a los damnificados, unos tres millones, debido a los problemas en el aeropuerto de la capital haitiana.

 Con un Gobierno virtualmente suspendido y con varios de sus miembros desaparecidos, organizaciones humanitarias se preguntan por qué la ONU, que hoy pidió ayuda urgente por 560 millones de dólares para el país caribeño, no asume la coordinación de la asistencia.

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