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Histeria y cábalas en el funeral de Kim Jong-il

El cortejo, con Kim Jong-un a la cabeza, da pistas sobre el futuro del régimen

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La grandilocuencia, el culto a la personalidad y sobre todo la histeria colectiva protagonizaron el primer día del funeral del fallecido dictador norcoreano Kim Jong-il. La intensa nieve que cayó incesantemente sobre Pyongyang no impidió que miles de civiles y militares acudieran a ver el paso del cortejo fúnebre, cuyo recorrido por los lugares más emblemáticos de la capital duró más de tres horas.

La puesta en escena de la procesión fue cuidada hasta el último detalle. Fue el enésimo intento, desde que se anunció la muerte de Jong-il hace diez días, de la dinastía comunista por demostrar su poderío y la unión del pueblo con el régimen, pese a las paupérrimas condiciones de vida de sus ciudadanos.

El tío del sucesor se perfila como número dos de Corea del Norte

Abrió la comitiva una limusina con un gran retrato de unos tres metros de alto de un sonriente Jong-il, seguido de otro con una gran corona de flores en el techo que anticipaba la marcha del coche fúne-bre principal, escoltado por efectivos motorizados de las Fuerzas Armadas. Al comienzo del recorrido, un emocionado Kim Jong-un, el tercer hijo del fallecido líder y que le sucederá en el cargo, acompañó a pie el vehículo que portaba en el techo, sobre una cama de crisantemos blancos, el féretro negro de su padre envuelto en la bandera roja del Partido de los Trabajadores.

El protagonismo en el acto de Jong-un demuestra el deseo del sucesor cuya edad se estima entre 27 y 29 años de afianzar su futuro liderazgo y garantizarse apoyos. Por ello, las personas escogidas para acompañarle en la comitiva podrían desvelar el nuevo núcleo duro del régimen nuclear.

En el recorrido junto al coche, se situó detrás del hijo del fallecido su tío político Jang Song-thaek, vicepresidente de la Comisión de Defensa Nacional, y al que se considera que ejercerá un papel clave en el organigrama del régimen. Una mezcla de tutor regente y número dos del Gobierno. En el cortejo también figuraba Ri Yong-ho, un destacado dirigente del Ejército.

Escenas de dolor descarnado entre los asistentes a las exequias

Pese a las adversidades climáticas, a ambos lados de las calles donde circulaba lentamente el cortejo se congregaron miles de civiles y militares con llamativos gestos de dolor en una suerte de histeria colectiva, como ya sucedió tras conocerse la muerte, a los 69 años, del Querido Líder. Las imágenes de la televisión de Corea del Norte (KCTV) mostraron a personas lanzándose al suelo nevado, gritando sin cesar y moviendo enloquecidas sus cabezas ante los esfuerzos de la Policía por impedir que se avalanzaran sobre el coche.

"Mientras estaba aquí de duelo, me desmayé. Echo mucho de menos al líder Kim Jong-il", dijo llorando a KCTV una anciana. "Deseaba que fuera un sueño. ¿Cómo puede ser esto verdad? ¿Cómo puede suceder algo así en el mundo?", aseguró otra mujer, con gesto sincero.

Otros asistentes fueron incluso más poéticos: "La nieve no cesa de caer como lágrimas. ¿Cómo no iba a llorar el cielo cuando hemos perdido a nuestro general que era un gran hombre del cielo?", señaló un militar.

El funeral concluyó con rondas de disparos y una marcha del Ejército antes de que el cuerpo volviera al Palacio de Kumsusan, donde ha sido expuesto en los últimos días. Los homenajes continuarán hoy con tres minutos de silencio al mediodía y el sonido al unísono de las bocinas de trenes y barcos.

Se espera que el cadáver de Jong-il sea embalsamado como el de su padre, cuyo proceso costó unos 772.000 euros junto a los 618.000 en mantenimiento anual.

El hermetismo de Corea del Norte no se relajó este miércoles y ninguna delegación extranjera, salvo el embajador chino, acudió al funeral.

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