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Un Hollande acorralado por la impopularidad pide tiempo para que sus medidas ofrezcan resultados

Un 76% de los franceses desaprueba el primer año de Gobierno del presidente galo

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La impopularidad acorrala a François Hollande, que ha cumplido el primero de sus cinco años de mandato lejos del respaldo popular que le aupó al Elíseo frente al conservador Nicolas Sarkozy. Hasta un 76% de los franceses desaprueba el primer año de Gobierno del presidente galo, según un sondeo de la cadena i-Télé. La encuesta pone de manifiesto que sólo a un 15% de la población le parece "tirando a positivo" el balance de lo realizado por el gabenete del socialista.

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Acuciado entre esos pésimos datos, Hollande ha asegurado este lunes que se necesita tiempo para que comiencen a verse los resultados de las medidas emprendidas desde su llegada al Elíseo. En un discurso pronunciado ante los miembros del Ejecutivo durante un seminario gubernamental que coincide con el primer aniversario de su victoria electoral, Hollande dijo que es necesario "estar a la ofensiva", porque "un año es corto, pero cuatro años no es mucho". "Entiendo el escepticismo de los franceses. Desde hace años, muchos gobiernos les han pedido tantos sacrificios, sin resultados", indicó.

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Hollande expresó además su confianza en que en estos próximos doce meses de mandato se vean resultados "sobre el desempleo, el alojamiento, la escuela, pero también la vuelta al crecimiento, el control de los gastos y por lo tanto el nivel de las retenciones". Recordó que bajo su presidencia se han decantado por "cuatro opciones mayores" para el país: la seriedad presupuestaria, el pacto de competitividad, el control de las finanzas y la reforma del mercado de trabajo, y animó a los ministros a no bajar la guardia.

En esta segunda fase, aseguró, el Ejecutivo debe centrarse en primer lugar en la batalla por el empleo, que superó el pasado marzo la cifra simbólica de los cinco millones de demandantes de trabajo. "He fijado el objetivo de invertir la curva del paro para finales de año. Y lo repetiré tantas veces como sea necesario, porque es el objetivo, y debe alcanzarse", dijo Hollande, que añadió que otra de las prioridades son los jóvenes.

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En tercer lugar citó "la preparación del futuro", para lo que adelantó que el primer ministro, Jean-Marc Ayrault, presentará en las próximas semanas un plan de inversiones para los próximos diez años, que estará centrado en "lo digital, la transición energética, la sanidad, las grandes infraestructuras y, en términos generales, las nuevas tecnologías". "El Gobierno lo va a conseguir", resumió el presidente francés que sostuvo asimismo que el Ejecutivo debe concentrarse en esos ejes, mantener el diálogo con las fuerzas vivas del país, ser ejemplar y velar por la coherencia de su acción con el Parlamento, "porque el país necesita recuperar confianza en sí mismo".

A los niveles de impopularidad, se une indicadores económicos alarmantes, en los que por primera vez se ha superado la cifra de los cinco millones de demandantes de empleo en Francia, y manifestaciones en contra del Ejecutivo de Hollande tanto por parte de la derecha como de la izquierda.

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Ayer, la extrema izquierda mostró sus fuerza en una manifestación en París en la que pidió el final de la austeridad y un giro progresista a la política. Convocados por el ex candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierdas, 180.000 manifestantes se reunieron en la plaza de la Bastilla de la capital gala para "arrebatar el poder al mundo de las finanzas" y "proclamar la VI República".

Tras haber logrado que la Comisión Europea le conceda dos años suplementarios para conseguir el objetivo de déficit del 3%, que el Gobierno ha vendido como un triunfo de sus tesis frente a las de la austeridad impuesta por Berlín y Bruselas, Hollande ve como la izquierda le pide un giro más radical. "El periodo de pruebas se ha agotado y no salen las cuentas", le reprochó Mélenchon, que había dado su aval en la segunda vuelta pero que se ha mostrado muy crítico con la política del Ejecutivo.

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"El esfuerzo que se impone a los ciudadanos es innecesario y sádico", aseguró el político, convencido de que la deuda de los países de Europa y Estados Unidos "nunca será pagada". Respaldado por comunistas, algunos ecologistas y la mayor parte de los sindicatos, Mélenchon acusó a la "maldita troika" de acreedores internacionales y a la "vacía Comisión Europea" de llevar a cabo, junto con el mundo de las finanzas, un "infame complot contra el desgraciado pueblo griego, portugués y español".

En caso de que no se produzca el giro que demanda, Mélenchon auguró un nuevo tiempo político en el que el Frente de Izquierdas, que hasta ahora ha colaborado en las cámaras con los socialistas, "trabaje para crear una nueva mayoría parlamentaria". Desde el Partido Socialista y desde el Gobierno en respuesta atacaron con dureza a Mélenchon, a quien acusaron de "romper la unidad de la izquierda, lo que beneficia a la derecha", en palabras del ministro de Economía, Pierre Moscovici.

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El otro frente que Hollande tiene abierto en la calle es el de la derecha y la extrema derecha, que desde hace varios meses han convocado manifestaciones contra la legalización del matrimonio homosexual, cuya ley fue ratificada definitivamente el pasado día 23 gracias a la mayoría de izquierdas en las cámaras legislativas. La oposición conservadora interpuso un recurso ante el Consejo Constitucional, que está pendiente de ser revisado. 

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