Huir de la guerra (otra vez): el conflicto iniciado por EEUU e Israel ya ha provocado cerca de un millón de desplazados
La población residente en Líbano e Irán está protagonizando importantes desplazamientos internos para huir de la guerra. Los expertos consultados coinciden en que si no se pone fin a todos los focos de la guerra, esta podría ser la primera fase de una oleada migratoria de mayor alcance.

Madrid--Actualizado a
Ha pasado en incontables ocasiones a lo largo de la historia de la humanidad: allí donde ha habido violencia, las personas han huido para ponerse a salvo. Los marcos jurídicos internacionales del siglo XXI, diseñados para evitar las guerras, no han impedido que esta consecuencia continúe produciéndose. Hoy, cientos de miles de personas en Oriente Medio vuelven a migrar para escapar de las bombas de una guerra iniciada por los ataques de Washington y Tel Aviv contra Irán el pasado 28 de febrero. Un día después, la milicia libanesa y proiraní Hezbolá se sumaba a la agresión, arrastrando a Líbano al conflicto.
En lo que llevamos de mes de marzo, familias enteras han abandonado sus casas en Líbano, Irán o Israel con algunas pertenencias a cuestas y la documentación importante a salvo. En el mejor de los casos, van a casas de amigos o familiares que viven en zonas más seguras del país, mientras que otros se ven obligados a recurrir a albergues o centros de acogida temporales. De momento, los diferentes frentes de la guerra solo han generado desplazamientos internos, confirma a Público Paula Barrachina, portavoz de la Agencia de Refugiados de la ONU (ACNUR).
"La decisión de irse de un país no es fácil", apunta Eduard Soler Lecha, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y miembro del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). "Son muchos pasos los que hay que dar y todos empiezan con un desplazamiento interno", explica. Eso no significa que esta migración hacia terceros países no vaya a producirse, sino que "todavía es pronto" para saber cuándo y cómo será este fenómeno. En lo que coinciden los expertos consultados por este periódico es que si la guerra se alarga, no cabe duda de que esta migración al extranjero se producirá.
Líbano: 750.000 desplazados internos
Pese a ser el escenario secundario de la guerra de Israel y EEUU contra Irán, Líbano es el territorio que cuenta con un volumen más alto de desplazados internos en las primeras semanas del conflicto. El día 10 de marzo, las autoridades libanesas dieron la cifra de 700.000 personas. Un día después, la elevaban a 759.300, según ha confirmado a Público ACNUR. Esto supone, aproximadamente, el 7% de la población de un país que no llega a los 6 millones de habitantes —es decir, similar a la provincia de Barcelona—.
"La escalada ha sido muy rápida, si tenemos en cuenta que el conflicto comenzó hace prácticamente una semana", observa Paula Barrachina. Especialmente, si se compara con los desplazados generados por otros conflictos armados como el que tuvo lugar en 2023 y 2024, en el contexto del genocidio palestino. "Durante aquel conflicto los desplazados fueron muchos menos", explica Barrachina. El alto volumen de desplazados en Líbano se debe a la conjunción de elementos, como el tamaño de su territorio, la densidad de población en determinadas áreas o la memoria de otros enfrentamientos recientes, como las recurrentes incursiones israelíes en el sur del país o su ocupación entre 1982 y el año 2000.
Tampoco hay que olvidar que "Líbano ya tiene muchos refugiados", recuerda Barrachina. Según este argumento, parte de los desplazamientos al exterior de Líbano se explican por la vuelta a sus lugares de origen de estos refugiados. En 2025, Líbano daba asilo a 1,1 millones de personas, según los datos de 2025 de ACNUR. Entre ellos destacan los refugiados palestinos, que suman el medio millón, si bien solo residen en el país en torno a unos 250.000. Los más numerosos son los sirios, que llegaron a alcanzar los 1,5 millones. Los primeros llegaron al país en varias oleadas —principalmente 1948, 1967, 1970— y, en su mayoría, no han podido volver a sus hogares.

La situación es diferente para los sirios, quienes llegaron a Líbano durante la guerra civil que asoló su país entre 2011 y 2024. Actualmente, Siria se encuentra inmersa una transición protodemocrática tras 60 años de dictadura. Este hecho sumado a la vuelta de las bombas a Líbano es la razón por la que unos 84.000 sirios refugiados en este país han vuelto a Siria, según los datos aportados a ACNUR por las autoridades sirias. Además, también han cruzado la frontera con Líbano "más de 8.000 libaneses", declara Barrachina.
Israel: la sartén por el mango
Mientras las comunidades del sur de Líbano reciben órdenes de las Fuerzas de Defensa de Israel para abandonar sus hogares, los habitantes de las poblaciones israelíes más cercanas a la frontera, como Kiryat Shmona, se resisten a moverse. "Yo no me voy más", declaró recientemente uno de sus vecinos a RTVE. Hasta hace un año, las 20.000 personas que habitaban este núcleo habitacional fueron desplazadas por los enfrentamientos entre la milicia chií y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Ahora, aseguran al medio público, están convencidos como nunca antes de que la presente será la última batalla que Israel libre contra Hezbolá. La prensa israelí se ha hecho eco de desplazamientos puntuales en las grandes ciudades del país, aunque no ha trascendido una cifra oficial.
Por su parte, los palestinos de Cisjordania, atrapados en el laberinto de checkpoints trazados sobre su territorio histórico, no tienen la libertad para desplazarse hacia zonas más seguras, si bien es cierto que los ataques iraníes tienen como objetivo ciudades israelíes y no poblaciones palestinas. Quienes permanecen encerrados en la Franja de Gaza viven su propia versión de esta nueva guerra, que ha impedido las evacuaciones de enfermos y ha reducido la llegada de material sanitario y alimentos al enclave.
Irán: 100.000 desplazados internos
El 2 de marzo de 2026 las autoridades iraníes comunicaron a ACNUR la primera y última cifra de desplazados dentro del país que se tiene de momento. Los datos ofrecidos por el régimen de los ayatolás hablaban de 100.000 personas que habrían abandonado Teherán en los dos primeros días desde el inicio del conflicto. La capital iraní tenía, hasta comienzos de los ataques de EEUU e Israel, unos 8,4 millones de habitantes. Al igual que Líbano, Irán es un país receptor de migración, especialmente procedente de su vecino Afganistán. De acuerdo a ACNUR, de este país provienen la mayoría de los 1,65 millones de refugiados acogidos en el territorio persa. Estos son, también, los que tienen una situación más complicada.
"La mayoría de los afganos que llegaron a Irán eran musulmanes chiíes", detalla Eduard Soler Lecha, por lo que "es posible que no sean muy bien recibidos por los talibanes", pertenecientes a la rama suní del islam. A ello se suma la práctica inexistencia de derechos para las mujeres en Afganistán, así como los recortes de libertades para otras minorías de un país en el que la mayoría de la población vive en situación de escasez.
Todo ello expone a los afganos refugiados en Irán a "una doble vulnerabilidad". Aún así, en lo que va de año, ACNUR ya ha contabilizado el retorno de 110.000 afganos desde Irán, "con una media de 1.700 retornos diarios desde que estalló el conflicto en Oriente Medio", explica Paula Barrachina, quien teme que "esta situación se agravará en las próximas semanas". De momento, relata, "la situación en la frontera parece engañosamente tranquila, con cierto orden "pero en un clima de tensión y ansiedad".
Turquía: sin novedades en la frontera
En los últimos años, Turquía ha sido un foco habitual de tensión migratoria. Especialmente, desde que el pacto alcanzado entre Bruselas y Ankara hiciera de la península de Anatolia un estado-tapón para la migración proveniente de la guerra civil de Siria. Desde entonces, la frontera Turca se ha blindado, y el rechazo de los turcos a la migración se ha multiplicado, afirma Eduard Soler. De momento, explican desde ACNUR, no se observan grandes movimientos en la frontera que Turquía comparte con Irán.
En un día normal, "llegan a Turquía 1.300 personas a través de los tres puntos fronterizos", explica Barrachina. Esto es una cantidad mucho menor a las 4.000 o 5.000 que entraban en el país en los momentos más críticos del éxodo sirio. Por ahora, redunda la experta, la situación parece estar lejos de llegar a ese punto.
La fortaleza Europea
En una entrevista concedida a El País a principios de marzo, el ministro de Relaciones Exteriores y Cooperación, José Manuel Albares, declaró que la guerra en Oriente Medio "afecta mucho más a Europa que a su promotor". Hacía referencia no explícita a EEUU, cuyo territorio se encuentra a cientos de miles de kilómetros del país al que bombardea. Albares tocaba una fibra sensible para muchos gobiernos europeos: las políticas migratorias y de asilo.
Desde la emergencia migratoria de 2015 —fruto de la falta de gestión de las llegadas de sirios que huían de la guerra civil— la UE se ha blindado frente a las llegadas de extranjeros. En concreto, de aquellos que alcanzan Europa por vías irregulares. La paradoja es que en vez de crear vías más seguras, resta seguridad a las que existen orgánicamente.
La irregularidad de las llegadas ha sido el argumento esbozado desde las derechas hasta el centroizquierda del espectro político —con el Partido Socialdemócrata de Dinamarca como principal referencia—. Prueba de ello es el Pacto Migratorio de 2024, que apuntala la externalización de fronteras como la estrategia migratoria básica de la UE, además de abrir las puertas a las deportaciones a terceros países. Estos planes, ya vigentes en algunos puntos del continente, cumplen con su función de dificultar la migración de potenciales solicitantes de asilo y la hace más peligrosa.


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