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La Iglesia Anglicana rechaza ordenar obispo a las mujeres

El proceso no podrá volver a abrirse hasta por lo menos 2019. Las reacciones de las defensoras de la moción inquietan a buena parte del clero

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Tras más de seis horas de debate entre los 470 miembros que componen el Sínodo General, las mujeres seguirán sin poder ser ordenadas obispo en el seno de la Iglesia Anglicana. La votación se ha resuelto por 324 votos a favor (44 obispos, 148 clérigos y 132 seglares) 122 en contra (3 obispos, 45 clérigos y 74 seglares) y tan sólo dos abstenciones del lado de los obispos, lo que no proporciona la mayoría de dos tercios necesaria en cada una de las cámaras para establecer otro hito histórico hacia la igualdad en esta confesión. El proceso no podrá volver a abrirse hasta por lo menos el año 2019 y, hasta entonces, las reacciones de las defensoras de la moción inquietan a buena parte de la Iglesia.

El nuevo líder espiritual de la Iglesia de Inglaterra, Justin Welby, no podía haber tenido un estreno más tenso: veinte años después de que la Iglesia Anglicana aceptara que las mujeres pudieran ejercer el sacerdocio –asunto que aun hoy crea división entre sus fieles–, hoy tocaba decidir si ahora podrían ser o no ordenadas obispo. A fin de cuentas, un tercio de su clero ya está compuesto por mujeres, la máxima autoridad de la Iglesia es una mujer, la Reina Isabel II, y tanto el propio Welby como el arzobispo de Canterbury saliente, Rowan Williams, apoyan la nueva legislación.

Durante su esperada intervención, Welby ha sido consecuente y ha pedido el voto positivo del Sínodo General apelando terminar el trabajo empezado, 'siendo tan buenos como podamos'. Al hilo precisamente de ello, y asegurando que el voto en contra 'no aportaría nada positivo para nuestro cometido', Rowan Williams ha lanzado la pregunta de 'cuánto tiempo y energía queremos dedicar a esta cuestión durante la próxima década, y cuánto queremos que el nuevo arzobispo le dedique'.

El arzobispo saliente ha sido todavía más contundente, huyendo de las medias tintas, reclamando que se evitara a toda costa la abstención para, en caso de desacuerdo, votar directamente por el No, mensaje que parece haber calado a la luz de la escasa abstención.

De haber sido aprobada la moción, el texto habría tenido que pasar por el Parlamento –tanto por la Cámara de Lores como de Comunes– antes de que la Reina de Inglaterra lo sancionara y, posteriormente, el Sínodo aprobara un Código de Prácticas, de manera que no habría sido presumiblemente hasta 2014 cuando el terreno hubiera estado totalmente despejado para el ordenamiento.

Durante todo el día las intervenciones de los miembros se han ido sucediendo en un debate calificado por la canóniga de Salisbury, Jane Charman, como 'uno de los más introspectivos que puedo recordar'. De hecho, cuando se superaba ampliamente la barrera de las cinco horas y media de reunión y con 79 discursos a las espaldas, el arzobispo de York, John Sentamu, reclamaba que las intervenciones tuvieran una duración máxima de un minuto.

A pesar de que de las tres cámaras que componen el Sínodo General, tanto la de Obispos como la de Clérigos se mostraban inicialmente a favor del obispado femenino –siendo los Laicos o Seglares los más reacios–, las posturas enfrentadas se han prolongado durante todo el día sorprendiendo el casi medio centenar de votos en contra por parte de los clérigos en una cuestión que a lo largo de las más de cien intervenciones se ha evidenciado crucial para la Iglesia. De hecho, algunos de los obispos como el de Liverpool, James Jones, ha llegado a sugerir que 'no sólo está en juego el futuro de la Iglesia Anglicana, sino de la misma Inglaterra'. La reverendo Janet Appleby de Newcastle, unas de las principales impulsoras de la propuesta, ha pedido el voto afirmativo asegurando que 'decir 'No' hoy es decir que no somos capaces de utilizar la confianza y el respeto para resolver nuestras diferencias'.

En frente, otra mujer con una postura radicalmente opuesta, la canóniga de Chichester Rebecca Swyer, convencida de que 'no se trata de quién nos gusta o en quién confiamos, sino de la naturaleza de la Iglesia'. Durante el debate también ha habido lugar para el arrepentimiento y, así, el obispo de Salisbury, Nick Holtam, que ha asegurado que de haber votado en 1992 lo habría hecho en contra del sacerdocio femenino, reconocía hoy abiertamente que 'las mujeres sacerdote han sido todo un éxito y por ello, incluso si hoy tenemos dudas, debemos votar a favor'.

Si algo ha quedado demostrado en este proceso es que la oposición al obispado femenino ni venía únicamente del lado masculino ni tan siquiera de los estamentos religiosos, pues donde más oposición se ha producido ha sido en la casa de Laicos o Seglares. Un ejemplo de ello ha sido la campaña Proper Provision, compuesto por mujeres del grupo conservador de evangélicos Reform, con cerca de 1.500 clérigos y seglares.

Desde este colectivo, a mediados de año se publicó una declaración, suscrita por 2.200 anglicanas, en la que aseguraban que 'no todas las mujeres en la Iglesia de Inglaterra creen que tener mujeres obispos es una gran idea'. En su argumentario se encuentran afirmaciones como que 'Dios creó al hombre y la mujer iguales pero distintos y que esas diferencias se reflejan en los roles que Dios nos ha dado en el seno de la familia y de la casa de Dios, la Iglesia'. Reforzando su postura, Susie Leafe, miembro del Sínodo General e impulsora del manifiesto, indica que éste no parte de 'tradicionalistas intransigentes', pues muchas de las firmantes según ella proceden de 'parroquias que están creciendo, jóvenes y muy feministas'.

En frente de este movimiento se encuentra Watch (Women and The Church), una de las organizaciones que más presión ha ejercido para que llegara este día. Entre sus filas se encuentra Faith Claringbull, madre de dos hijas y sacerdote desde 1994, que asegura conservar muy vivos los recuerdos de aquel 11 de noviembre de 1992, cuando desde el Lambeth Palace fue aprobada la resolución por la que las mujeres podrían acceder al sacerdocio. Un hito histórico entonces, comparable al que podría haber tenido lugar hoy, y que reafirma a Claringbull en su creencia de que las mujeres 'no somos un problema, sino un regalo'.

La Iglesia Católica no permanece ajena a lo que hoy se ha decidido en Londres. En 2011 ya aprovechó la división producida en la Iglesia Anglicana cuando el proceso para la ordenación de mujeres obispo cobró más fuerza y desde Roma se creó la Ordenación Personal en Inglaterra y Gales. Desde entonces, más de 1.000 laicos anglo-católicos y 80 sacerdotes han abandonado la Iglesia Anglicana en favor de la Católica, fundamentalmente los anglo-católicos.

No sucede lo mismo con los evangélicos, entre los que no se ha producido esa fuga, si bien cada vez se muestran más próximos a la Conferencia del Futuro Anglicano Global (GAFCON), el movimiento creado en 2008 por arzobispos de Nigeria, Kenia, Tanzania y Australia; así como de retirar las contribuciones que desde sus parroquias dan a las diócesis.

Ahora, con la nueva legislación rechazada, las voces en el seno de la Iglesia Católica perderán argumentos para reclamar a la Santa Sede un papel más protagonista e igualitario de la mujer en su seno, a pesar de que dos tercios de los miembros de la Iglesia Católica son mujeres: cerca de una 61% de mujeres repartidas en las más diversas órdenes religiosas, frente al 39% de sacerdotes, obispos, diáconos y religiosos.