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El ingreso mínimo en Francia ha contenido la pobreza pero no la ha eliminado: ¿Qué puede aprender España?

La medida estrella de PSOE y UP resulta prácticamente un calco del RSA francés, aprobado en 2009. 

Un bar reabre en París tras el cierre por la pandemia. EFE/EPA/YOAN VALAT
Un bar reabre en París tras el cierre por la pandemia. EFE/EPA/YOAN VALAT

El ingreso mínimo vital acerca el sistema social español al resto de Europa. Más que una medida radical de un gobierno socialcomunista, como la presenta la ultraderecha, esta ayuda servirá para corregir el subdesarrollo del estado del bienestar. Hasta ahora, España era casi una excepción en la Europa Occidental por la falta de medidas en la lucha contra la extrema pobreza.

Al otro lado de los Pirineos, en cambio, Francia aparece como uno de los alumnos más aventajados en la protección de los más necesitados. Pese a sus imperfecciones, su modelo social cuenta con una larga tradición de ofrecer una renta mínima para garantizar el derecho a la existencia. Bajo el mandato del presidente socialista François Mitterrand, el gobierno francés ya adoptó en 1988 la renta mínima de inserción (RMI, por sus siglas en francés). Así fructificaba en una ley concreta el "derecho a obtener un medio conveniente de existencia", presente en la Constitución desde 1946.

Dos décadas después, el conservador Nicolas Sarkozy ampliaba esta medida instaurando el ingreso de solidaridad activa (RSA). Ahora en junio se cumplirán once años de la entrada en vigor de esta ayuda que parece casi un calco del ingreso mínimo español. Lo que convierte el ejemplo de Francia en un precedente a tener en cuenta sobre el impacto y los límites de la medida estrella de PSOE y Unidas Podemos.

Una red de protección

El RSA ofrece a las personas sin recursos una renta de entre 560 euros y más de 1.200 a una madre sola con dos hijos. Unas cifras ligeramente superiores al ingreso mínimo español, aunque el coste de vida resulta más caro en Francia. Es una ayuda accesible para todos los franceses, pero también los migrantes europeos y los extracomunitarios que residan desde hace cinco años en el país vecino. Más de 1,8 millones de hogares se benefician de ella, frente a los 850.000 que lo harán en España.

El RSA ofrece más de 1.200 a una madre sola con dos hijos

"Esta medida ofrece una red de protección a los más necesitados. Los niveles de pobreza franceses resultan inferiores a los de Alemania o Reino Unido", explica a Público Claire Hédon, presidenta de ATD Quart Monde, una asociación especializada en la lucha contra la marginalidad que en los ochenta impulsó de forma experimental la renta mínima de inserción en Rennes. Con un 13,3% de personas pobres, Francia es uno de los países de la Unión Europea con estos niveles más bajos, según datos de la Oficina europea de estadística (Eurostat). En cambio, España (con un 21,5%) tiene el nefasto privilegio de poseer la medalla de bronce en este ranking. ¿Una realidad que cambiará ahora con el ingreso mínimo?

El ejemplo francés muestra cómo una renta mínima ayuda a contener la inseguridad material, pero también refleja sus límites. En plena crisis de 2008, el conservador Sarkozy reformó esta medida para que también accedieran a ella los jóvenes de menos de 25 años. También pretendía facilitar que se adaptara a la recuperación progresiva del empleo, al permitir que se compatibilizara con un empleo temporal o precario. Pero once años después de la creación del RSA, su balance está lleno de claroscuros.

"No ha resuelto el problema de la pobreza en Francia"

"No ha resuelto el problema de la pobreza en Francia", lamenta la economista francesa Solène Morvant-Roux, profesora en la Universidad de Ginebra e integrante en el Consejo científico de la Fundación Zoein. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (Insee), los niveles de pobreza se situaban en el 13% en 2007 antes de la adopción del RSA y estos eran del 14% una década después. "No se puede atribuir al RSA toda la responsabilidad de este ligero aumento de la pobreza", defiende Morvant-Roux, experta en rentas básicas, quien subraya la impotencia de estas ayudas si al mismo tiempo se produce una precarización del mercado laboral y un recorte del gasto público y no se ven acompañadas por eficaces dispositivos de inserción profesional.

Otro aspecto polémico de estas rentas: su cantidad insuficiente. "Para ser realmente eficaz, debería aportar la mitad del ingreso mediano. Es decir, 900 euros para una persona sola en el caso de Francia", sostiene Hédon. Alcanzar esta cantidad supondría "un gasto suplementario de 7.000 millones para la administración", explica la presidenta de ATD Quart Monde. Un aumento considerable, "pero que no resulta nada del otro mundo teniendo en cuenta las cifras astronómicas que ahora se han puesto sobre la mesa para rescatar la economía", añade.

"La gente modesta quiere trabajar ya que esto supone un mayor reconocimiento social"

Desde los 780 euros para un adulto solo en Italia, 726 en Alemania, 560 en Francia, 460 en España o 300 en Portugal, estos subsidios varían en función de los Estados y a menudo reflejan las distintas velocidades de las economías europeas. Quizás con la excepción de Dinamarca, que da hasta 2.035 euros a menores de 30 años con hijos, la mayoría de los países comparten un aspecto esencial: sus respectivas rentas representan la mitad (o incluso menos) del salario mínimo. "El principal argumento de los gobiernos para no aumentar estas rentas es que no quieren desincentivar la búsqueda de empleo. Pero en realidad la gente modesta quiere trabajar ya que esto supone un mayor reconocimiento social", afirma Hédon.

"No son los inmigrantes los que más se benefician"

Pese al prejuicio de que los pobres se aprovechan del sistema, el caso del RSA muestra que muchas familias que podrían solicitar esta ayuda en realidad no lo hacen. "En torno al 40% de aquellos que cumplen con los requisitos no suelen pedirlas y estos porcentajes pueden ser mucho más elevados en distritos de la banlieue, como los barrios norte de Marsella", explica Morvant-Roux. Estos límites también se producen en España, donde solo entre un 13% y un 15% de los hogares más pobres reciben las rentas mínimas de las comunidades autónomas. ¿Un problema que se resolverá ahora con el ingreso mínimo?

Respecto a las condiciones, también resultan más exigentes en España que en Francia. Mientras que el ingreso mínimo tiene como requisito unos ingresos por unidad de consumo inferiores a 230 euros, en el caso de Francia no deben superar los 560 euros para una persona sola. Ambos países sí que comparten el permitir el acceso a este tipo de ayudas a la mayor parte de sus residentes, tanto los nacionales como los inmigrantes europeos o extraeuropeos. Lo que les diferencia respecto a otros países cuyas rentas mínimas tienen una connotación más nacionalista, por ejemplo, en Luxemburgo donde se exigen cinco años de residencia, siete años en Dinamarca o diez años en Italia.

Al contrario de lo que insinúan las malas lenguas racistas, "no son los migrantes los que más se benefician de estas ayudas". Sin embargo, la maraña administrativa, el conocimiento del idioma o los contratos de alquileres ilegales dificultan el acceso a estos subsidios, especialmente para la población de origen extranjero.

"Existe el riesgo de que el ingreso mínimo genere una gran frustración, muchas personas en una situación de pobreza se quedarán sin percibir este subsidio", asegura Hontanares Arranz, del colectivo ATD Cuarto Mundo en España, quien considera "insuficiente" la partida prevista para financiarla. La coalición progresista le destinará unos 3.000 millones anuales (0,2% del PIB), mientras que el RSA representa para Francia unos 11.000 millones (0,4% del PIB). Más que un punto de llegada, la medida estrella de PSOE y UP debería ser un primer paso hacia una política social más ambiciosa.

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