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Italia defiende los intereses que tenía con el régimen de Gadafi

El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Franco Frattini, puso a sonar ayer la cara B del disco sobre Libia

DANIEL DEL PINO

El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Franco Frattini, puso a sonar ayer la cara B del disco sobre Libia. Esa que habla de Muamar Gadafi como "un dictador sanguinario" y no como "un ejemplo democrático para la región". La circunstancia acompañaba porque acababa de pactar en Roma con el líder del Consejo Nacional de Transición libio, Mustafá Abdeljalil, mantener todos los acuerdos que en su momento se firmaron con el régimen "una vez que los rebeldes se hagan con el control de todo el territorio".

Al entrar en el conflicto libio, Italia temía por su abastecimiento de petróleo y gas. Pero también por el polémico tratado de amistad firmado entre el primer ministro, Silvio Berlusconi, y Gadafi en Bengasi en 2009 y por el que el régimen se comprometía a luchar contra la inmigración del norte de África a cambio de una inversión de 5.000 millones de euros en infraestructuras.

Según explicó Frattini, Italia entrará también de lleno en la reconstrucción de Libia, y espantó de un plumazo el temor a que el protagonismo de Nicolas Sarkozy en la intervención contra Gadafi debilitara la influencia italiana sobre Libia. Al menos consiguió estar al mismo nivel: "Ofreceremos nuestra cooperación y nuestra amistad a Italia, Francia y Qatar, en primer lugar", dijo Abdeljalil.

El Gobierno italiano, que no explicó qué pasará con las participaciones de la familia Gadafi en la economía italiana tras el conflicto (tiene acciones en varios bancos, empresas energéticas y hasta en el Juventus de Turín), se comprometió con el líder de los rebeldes a tratar a algunos de los heridos más graves en hospitales italianos y a enviar un equipo médico especializado a Misurata. Abdel-jalil se reunió con Berlusconi, el presidente del Senado, Renato Schifani, y hoy estará en París para ver a Sarkozy.

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