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El juez ordena el ingreso en prisión sin fianza de Assange

El editor de Wikileaks permanecerá encarcelado al menos hasta la primera vista de extradición el 14 de diciembre

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Una demanda de extradición con la intención de celebrar un interrogatorio en Suecia ha sido suficiente para que Julian Assange tenga que ingresar en prisión. El fundador de Wikileaks compareció ayer de forma voluntaria ante un juez, pero no obtuvo el resultado deseado por sus abogados.

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Assange pasó su primera noche en la vetusta prisión de Wandsworth, construida en 1851. Por sus celdas, pasaron Oscar Wilde en 1895, condenado por inmoralidad por la Inglaterra victoriana. De ella escapó en 1965 Ronnie Biggs, coautor del célebre robo del tren de Glasgow.

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El magistrado ordenó el ingreso en prisión de Assange por no tener un domicilio estable y continuado en Reino Unido. Permanecerá encarcelado hasta la primera vista del juicio de extradición, que se celebrará el 14 de diciembre.

Suecia lo reclama por cuatro presuntos delitos contra dos mujeres. En el caso de la primera mujer, por coacciones y dos cargos de abusos sexuales. En el de la segunda mujer, por un delito de violación al aprovecharse de que estaba dormida para tener relaciones sexuales sin preservativo.

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Los abogados de Assange negaron todas las acusaciones y sostuvieron que las relaciones sexuales que tuvo en su visita a Suecia en agosto fueron consentidas. La defensa alegó que es inocente y que ha estado dispuesto a prestar declaración en la embajada sueca en Londres sin que su petición haya recibido respuesta.

"Nos encontramos en la exótica situación de no poder examinar las pruebas que hay contra él", dijo el abogado Mark Stephens. A preguntas del juez, Assange se negó a ser extraditado. También se negó después a que le tomaran las huellas dactilares o a entregar una muestra para futuras pruebas de ADN.

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Varias personas, entre ellas el cineasta Ken Loach o el periodista John Pilger, asistieron a la vista con la intención de poner dinero para la fianza de Assange. En total, seis personas estaban dispuestas a pagar 20.000 libras cada uno, a las que la defensa iba a sumar otras 60.000 procedentes de un donante anónimo. No fue necesario. Ante una acusación de violación, no es extraño que el juez niegue la fianza, pero Assange no está procesado en Suecia y sólo se le reclama para un interrogatorio.

La argumentación del juez fue por otro lado. Al principio, preguntó a Assange por su domicilio y este dio sólo un apartado postal. Después, aceptó dar una dirección en el estado de Victoria, Australia.

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El juez Howard Riddle dijo que las alegaciones contra Assange son "graves" y que no tiene lazos personales sólidos con nadie en Reino Unido ni una dirección permanente. La representante sueca se había opuesto a la fianza. Sostuvo que Assange tiene "un estilo de vida nómada" y que no había garantías de que no intentaría escapar.

La defensa peleó para desmentir esa impresión. Aceptó algunas condiciones, como que Assange estuviera recluido en arresto domiciliario o que llevara algún sistema de control electrónico. Comunicó al juez que la vida del editor de Wikileaks podría correr peligro en una prisión, dada además la naturaleza de los delitos denunciados. Sin éxito.

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"Este caso no tiene que ver con Wikileaks", dijo el juez Riddle. Asimimismo, la fiscal sueca que lleva el caso, Marianne Ny, niega que haya presiones. "Quiero dejar claro que no he recibido ningún tipo de presión de carácter político o de otro tipo. Actúo como fiscal con motivo de unas sospechas de delito sexual cometido en Suecia en agosto. Los fiscales suecos son completamente independientes en su toma de decisiones", señaló ayer en un comunicado.

Sin embargo, las repercusiones del caso son evidentes. Un portavoz de la organización confirmó que nada iba a detener sus planes de continuar difundiendo miles de documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano.

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De momento, parece descartada la opción de poner en marcha lo que algunos han llamado la bomba termonuclear de Wikileaks. Miles de personas tienen en sus ordenadores un archivo con material desconocido que sólo se puede abrir con una contraseña indescifrable que Wikileaks entregará de forma automática si la presión de EEUU y otros les impide seguir haciendo su trabajo.

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