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Klaus, el provocador incomprendido

Un firme defensor del liberalismo a ultranza

GUILLEM SANS MORA

Desde todos los rincones de Europa llegan estos días ataques contra el presidente checo Václav Klaus, quien será la cara visible de la UE durante los próximos seis meses. Pero el ex economista no se amedrenta y devuelve cada golpe con actitud desafiante. Si le llaman "eurodisidente", él replica que es "eurorrealista" y califica de "euroingenuos" a los que "aprueban todo lo que llega de Bruselas de forma pasiva e indiscriminada".

Klaus, de 67 años, niega incluso que la presidencia checa vaya a influir en las decisiones comunitarias. "La República Checa no va a presidir la UE, esta la presiden los burócratas", espetó a varios delegados de la Unión hace unas semanas. El iconoclasta líder checo, que se considera un genio incomprendido, no está dispuesto a renunciar a la soberanía y rechaza la integración política que está en marcha en la Unión.

Timothy Garton Ash

El 19 de febrero, el veterano político hablará ante el Parlamento Europeo y el pleno le saludará con el himno checo, pero también tendrá que escuchar de pie el europeo, como prevé el protocolo. Habrá que fijarse en su gesto cuando suene la Novena de Beethoven.

Con su consabida arrogancia el historiador Timothy Garton Ash dijo de él que era "el hombre más grosero que he conocido", Klaus defiende que "no somos una colonia de la UE" para negarse a colocar la bandera azul junto a la checa en su residencia presidencial el 1 de enero.

El ex presidente español José María Aznar, que se refiere a él como "mi amigo Václav", presentó en Madrid hace dos meses su libro El planeta azul (no verde), en el que pone en entredicho la participación humana en el calentamiento global.

El presidente checo ha condenado públicamente el «homosexualismo militante»

Además de su amistad, ambos líderes tienen en común ser objeto de rumores extramatrimoniales que acaban en los periódicos. Klaus, a diferencia de Aznar, nunca los ha desmentido e incluso se sospecha que los rumores los ha plantado él.

Pero el líder checo no sólo es heterodoxo en su euroescepticismo y en la negación del cambio climático. En un momento en que la crisis financiera mundial cuestiona el sistema de arriba abajo, el reaganista y thatcherista Klaus sigue siendo adepto de la versión globalizada de la religión de "la mano invisible", la teoría de Adam Smith según la cual el mercado arregla las cosas él solito y no requiere intervención estatal.

"Capitalismo gangsteril"

Su predecesor en la presidencia checa, Václav Havel, ha calificado públicamente de "capitalismo gangsteril" sus ideas económicas. La rivalidad entre ellos tuvo su punto álgido en 2003 con artículos de Klaus que cuestionaban la importancia del papel de disidentes como Havel en la Revolución de Terciopelo que sacó al país del comunismo en 1989.

Nacido en 1941, Klaus se diplomó en Economía en 1963 y obtuvo varias becas comunistas para estudiar en Estados Unidos e Italia. Klaus entró en política el año de la revolución, primero como ministro de Finanzas, y desde 1992 como primer ministro. Sus políticas liberales propiciaron un lustro de prosperidad económica, pero en 1997 la economía checa empezó a enfriarse y Klaus fue obligado a dimitir por un escándalo financiero.

Su liberalismo alcanza abruptamente sus límites cuando nos acercamos a las políticas sociales. El presidente es un decidido enemigo del "homosexualismo militante". En su presidencia ha vetado más de 20 leyes, y lo intentó también con la de parejas de hecho. Pese a su resistencia, el Parlamento finalmente aprobó la ley en marzo de 2006, convirtiendo a la República Checa en el primer país del antiguo bloque oriental con una regulación para las parejas homosexuales.

Aunque el papel de Klaus al frente de la UE será reducido el peso de la presidencia recaerá en el primer ministro checo, Mirek Topolanek, sus provocaciones no ayudarán a la Unión a salir de la parálisis actual. Sólo queda esperar que tampoco pueda dinamitarla.

 

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